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Nada se Desperdicia


El filósofo alemán Friedrich Wilhelm Nietzsche una vez dijo: "Debes hacer de tu más profunda desesperación, tu esperanza más invencible"; y los bigotes que Nietzsche tenía, eran más grandes que los míos.  Incluso la más profunda desesperación se puede aprovechar para algo útil y positivo, y así; nada se desperdicia.

Estas acertadas palabras de tan profundo significado pueden tener incidencias positivas en nuestras vidas si las sabemos aplicar juiciosamente.  Estas enseñanzas se pueden esgrimir con desesperación en situaciones de un carácter filipendulous, lo que nos produce una horrible cacaesthesia; o con una calma campante en contextos y circunstancias menos querellantes, lo que nos traerá placer y fruición; por lo menos, lo es para mí y este último es mi caso.

A veces cuando la vida me embosca con sus gélidos hálitos de angustia y pesadumbre, en vez de hacerme un dócil y supeditado súbdito de sus histéricas habromanías, tomo cautiva la situación firmemente entre mis sentidos, y la transformo en un kalón; en un producto de belleza ideal perfecto en el sentido físico y moral, a través de la pluma.

Hago esto porque creo que cuando eres un artista o un escritor, ni una migaja de imaginación se pierde en el tejido de tu trabajo.  No soy un escritor, tampoco un artista, pero creo que las situaciones más dolorosas o más difíciles de la vida; siempre se pueden reciclar como material para un proyecto más elevado y provechoso que el callado dolor del alma.  Entonces podemos transformar lo agrio en algo dulce usando los poderes y las herramientas del artista en forma despierta, consciente y oportunista.  Esto suena un poco frío y calculador; pero no lo es, por el contrario.

No tengo muchas herramientas, pero tengo una afilada y puntiaguda pluma, la que no le teme a nada ni a nadie, que se ríe de la muerte, que no discrimina el color de la tinta, y que nunca se gasta con las sudorosas palabras que le hago escribir a borbotones llenas de una contumaz obstinación y una empalagosa y sobona persistencia.  Mi pluma es insolente, claro; pero siempre dice la verdad.  Y es así como torno lo ácido en algo mieloso; porque el arte cuando nace de lugares obscuros y difíciles, nos dá las herramientas para sentir aquellas emociones humanas más ocultas y más poderosas.  Con esto, portentosamente podemos transformar nuestras pesadumbres en algo fructífero y significante.  Rasco la tinta de mis depresiones desde el fondo del balde de mis pesares, las cargo en mi insolente pluma, y la imprimo con violentas palabras en mil aventuras insanas, y en mil sueños sensatos.  Uso hasta la última gota de una gota de tinta.  Nada se desperdicia.  Nada.

En uno de los archivos de mi pasado está estampada la muerte de mi abuelito Víctor.  Me acuerdo de él porque hace muy poco falleció la abuelita de un amigo mío, lo que lo puso súbitamente en una dolorosa y difícil situación.  La muerte cuesta mucho, a pesar de que es gratis.  Su abuelita vivía en Kioto, Japón, y el no podía ir a los funerales con la familia debido a constricciones económicas, así que tuvo que viajar solo.  Su padre y su madre habían muerto prematuramente en el terremoto Diexi en Agosto de 1933 en el Condado de Mao, en la provincia de Sichuán(1).  Este terremoto fué de una magnitud 7.5, y dejó un saldo de 9.000 muertos, y entre ellos, sus padres.

(1) La palabra Sichuan (Szechwan) es una abreviación de "Cchuānxiá sìlù"; lo que literalmente significa: "Los Cuatro Circuitos de los Ríos y Quebradas", los que se refieren a los cuatro circuitos fluviales de la Dinastía Song; una dinastía gobernante en China entre los años  960 y 1279 de la Era Común.

Entonces, sus abuelos lo adoptaron y lo criaron por un corto tiempo hasta que un tío se lo trajo a Estados Unidos.  No mucho después de la venida de mi amigo a USA, su abuelo falleció, y su abuela se fué a vivir a Japón con una hija, tía de mi amigo.  Mi amigo estuvo ausente asistiendo a los funerales por unas dos semanas, y a su regreso, me contó lo que había sucedido en su triste pero enriquecedor viaje.

Me contó que gracias a la cortesía de nuestras aerolíneas nacionales, a las que les importa más recoger dinero que prestar servicios y que están menos organizadas que una pichanga estudiantil; llegó atrasado a la ceremonia de la cremación de su abuela.  No estaba enojado, pero sí furioso.  A pesar de todo, no todo estaba perdido porque llegó a tiempo para la ceremonia de entierro en el mausoleo que la familia mantiene en el cementerio(2), y que ocurriría en la tarde del día siguiente.

(2) Nota del autor: en un "cementerio", las criptas, mausoleos, tumbas y marcadores están hechos normalmente de cemento, y quizá por eso estos lugares de entierro se llaman "cementerios"; pero si estos artilugios estuviesen hechos de madera, estos sitios entonces ¿se llamarían Maderoterios?  ¿Qué cosas, no?

Siguiendo con el relato de mi amigo, éste me contó que se hospedó en la casa de su tía durante su estadía en el Japón.  El quería quedarse en un hotel para tener más privacidad, pero ante la cariñosa y efusiva insistencia de su tía, decidió tomar alberge en su casa.  Las paredes y los tabíqueles de papel lo ponían nervioso e incómodo; por lo que procuraba ir al baño cuando la tía estaba durmiendo.  "Son sólo unos pocos días", se dijo a sí mismo, así que armándose de paciencia y silencio, se quedó a compartir la morada de su tía por esa semana necrológicamente obituaria.

Con gran exaltación me narraba lo que pasó en la mañana antes de la ceremonia que se realizaría en el terreno de los osarios y las cárcavas, y después de compartir con su tía el típico desayuno japonés que consiste en lo siguiente:

Arroz al vapor.  Un plato esencial.
Okayu (arroz con leche).
Sopa Miso.  Esta sopa contiene tofu, cebolla verde, algas wakame (algo así como el cochayuyo pero chiquito, aburaage (tofu súper frito), y otros elementos que podrían causar misteriosidades (combustión espontánea humana) repentinas.
Natto (soya fermentada),  Se coloca sobre el arroz cocido al vapor..
Nori (un alga seca).
Tamagoyaki.  Una tortilla enrollada que se sirve con rábano daikon rallado.
Pescado a la parrilla.  Normalmente salmón salado a la plancha, o jurel seco.
Tsukemono.  Normalmente ciruelas en conserva o ciruelas rojas secas.

Menos mal que yo no vivo en Japón...

Después de esta asiática y aventurera comida a la que los japoneses llaman "desayuno", su tía lo invitó a pasar al "living", para lo cual mi amigo se quedó sentado donde mismo mientras que su tía taconeando bulliciosamente sus getas(3), habría dos opacas "fusumas" (particiones verticales deslizantes) al lado oriental del cuarto, y reorganizaba dos más; cerraba una al poniente, y deslizaba otra al occidente.  Y Eureka!  Estaban en el "living!"

(3)  Para los de mente de perspicacia licenciosa, sicalíptica, lujuriosa y concupiscente, que quede muy claro de que las "Getas" son los zapatos japoneses femeninos

Detrás de uno de los tabiques que su tía deslizó, estaba un mueble que sobre su cubierta  había descansando una pequeña urna, una vasija mayólica que contenía las cenizas de la abuela recién cremada.  Al lado del receptáculo saúco había un par de "kuàizi" de bambú.  La palabra original del idioma Mandarín que le dió su nombre a estos palillos es: kuàizi o kuài'er; que significa "los objetos de bambú para comer rápidamente".

La tía esgrimió diestramente los palillos de bambú, le sacó cuidadosa y respetuosamente la tapa al contenedor mortuorio, y con mucha dexteridad y pulcridad, escarbó delicadamente entre las cenizas y recogió dulcemente tres o cuatro fragmentos de los huesos todavía sin quemar de la abuela.  Los puso uno a uno en otro contenedor de porcelana que tenía para la ocasión, y cuando concluyó haciendo esto, selló el contenedor celosamente, y se lo entregó a mi amigo con ambas manos diciéndole: "toma estos huesos, y llévatelos a casa.  A tu casa". 

Mi amigo estaba perplejo y no sabía qué decir ni cómo reaccionar.  La tía viéndolo visiblemente desconcertado y estupefacto; explicó:  "Esta es una tradición japonesa que se llama honewake", palabra que significa "dividiendo los huesos" -explicó la tía; y prosiguiendo dijo: "de esta forma, nada se pierde de nuestros antepasados, y todo se aprovecha para algo, nada se desperdicia."

La cara de mi amigo seguía en un hito emocional y perdida en concomitancia con su aliento, y haciendo de tripas corazón, le dió las gracias a la tía balbuceando unas palabras que sonaban a agradecimiento; y sin saber qué más hacer en ese momento.  Después de unos breves instantes cuando la perplejidad se fué y el aliento volvió, se dió cuenta de que no podía traer de vuelta a USA este macabro y sepulcral presente.  Aparte de eso, no sabría qué decir en las aduanas...  Pero sería aún más difícil y afrentador el no cumplir con estos íntimos deseos tan profundamente arraigados en la cultura e idiosincrasia de su tía nipona.

La ceremonia de la deposición de los restos de la abuela en el mausoleo de la familia en el cementerio, transcurrió sin perturbaciones y los asistentes volvieron silenciosamente a sus lugares por sus rutas de regreso.  El día estaba fresco pero con mucho sol.  Una suave brisa peinaba y las ramas de los cerezos del cementerio, y mecía sutilmente los pétalos de sus rosadas y delicadas flores.  Es una lástima que los japoneses no tengan Jubaea.  Todas las tumbas estaban en silencio.  La ceremonia fué corta y sucinta, no había tiempo para perder, palabras extra para gastar, ni lágrimas en demasía para derramar.  No había nada para el desperdicio...   El cementerio era pequeño y bien organizado con tranquilas residencias de sólo un piso bajo la superficie.

Al día siguiente y después de haberlo pensado mucho, y también después de haber hecho un llamado a casa para consultar con su esposa; mi amigo –que es un artista genial- elucubró una solución original y artística, pero sobre todo; equitativa para satisfacer a todos, y sin herir susceptibilidades.  Él estaba bastante acongojado por la situación, y a pesar de que él había vivido la mayor parte de su vida en un suelo extranjero, ciertas costumbres idiosincráticas todavía anidaban bajo su piel.  Decidió decirle a su tía de las dificultades y conflictos que se producirían al intentar traer las inacabadas cenizas de la abuela a USA, pero que tenía una idea para subsanar la situación.

Mi amigo es fotógrafo y también es un cineasta muy talentoso; así que decidió hacer una corta película la que incluiría los huesos, el espíritu de la costumbre, y la historia detrás de este film.  La idea era buena, pero debería convencer a la conciencia nipona de que esto era respetuoso y aceptable; y que nada importante o trascendental de este íntimo y esencial evento se desperdiciaría, o sería denigrante o fanfarrón.  Entonces, se puso a trabajar.

Lo primero que hizo fué reunir a todos los integrantes más cercanos a la familia y que eran los más apegados a su abuela.  Se reunieron en la amplia "ima" (sala de estar) de la "minka" (casa) de su tía.  Una vez que todos estaban acomodados, y las fusumas se habían acomodado propiamente para recibir a la comitiva, mi amigo explicó:

"Como todos ustedes saben, he vivido la mayor parte de mi vida en un país occidental el que lleva un sentido cotidiano muy diferente al que tenemos aquí.  También respetamos y  honramos a nuestros muertos y antepasados, pero en forma diferente.  Nosotros también tenemos ceremonias tan elaboradas como las japonesas, pero su significancia es diferente.  Por otro lado, me sería casi imposible llevarme los huesos de nuestra abuela sin correr el riesgo de que me los quitasen en alguna aduana.  Tengo que hacer escala en otro país, y eso contribuye a la dificultad; y por eso creo que sus huesos deberían quedarse aquí, en esta tierra que ella tanto amó y reverenció".

Mi amigo hizo una breve pausa aquí y observó cuidadosamente la reacción de los comensales.  Su tía tenía la cabeza doblada sobre su pecho como mirando al suelo, y estaba silente como la abuela.  Los demás asistentes le miraban sin pestañear con sus semi-cerrados, pero lúcidos ojos y con una actitud inmutable.  Sus caras parecían abandonadas de emociones, pero sus ceños delataban un curioso interés.  Mi amigo prosiguió:

"Por supuesto que quiero llevarme un trocito de nuestra abuela para compartir con mi familia, pero creo que podemos hacer algo más asequible y cercano para las costumbres y el entendimiento occidental.  Creo que así será más provechoso para nuestra familia y podré compartir y comunicar estos momentos y el recuerdo de nuestra abuela en forma más efectiva y perdurante.  Pues entonces lo que propongo es que hagamos una pequeña película para llevarme de vuelta a casa, donde podremos captar la ceremonia, los huesos de la abuela, y el genuino espíritu de esta milenaria tradición. Nada se dejará afuera; nada se desperdiciará".

Acto seguido y con gran ansiedad, se quedó esperando por una reacción del grupo.  Los nipones asistentes se miraron entre ellos rápida e intermitentemente, y después de un animado y bullicioso babeldom, la tía saliendo de su estado de "stupore mentis mummified" (estado de trance momificado) abrupta pero suavemente, le dijo a su ahijado: "Estamos de acuerdo!  Les encanta la idea de transmitir las costumbres de esta manera, pero lo que más les deleita es que van a estar en una película.  También quieren saber si se tienen que maquillar..."

Mi amigo exhaló un largo y profundo suspiro de alivio y consecución; largo como un día de Verano sin comida (podría haber dicho: más largo que flato de jirafa, pero no habría sido apropiado o muy respetuoso), y profundo como la congoja del pobre.  Les sonrió levemente a los invitados, y les dijo que les daría instrucciones esa tarde para que comenzaran la filmación al otro día.  Las visitas se pararon vivazmente y dejaron la minka entre animadas conversaciones y estridentes risas.  Mi amigo miró a su tía y le dijo: "Todo salió bién...", a lo que su tía respondió con un callado y suave asentir de cabeza acompañado por una dulce sonrisa.

Esa tarde mi amigo hizo una lista de cosas para hacer: escribió un guión, anotó instrucciones para los "actores", estableció el escenario apropiado, y cargó las baterías de su cámara VHS. 

Al día siguiente apenas despuntó el naciente sol del Imperio, los participantes comenzaron a llegar amontonadamente a la casa.  Los hombres vestían sus elegantes Montsukis adornados con el escudo de armas de su familia, un claro Mon (marca heráldica) en la solapa izquierda de sus Montsukis, un hermoso y adornado Sensu (abanico) en una de sus manos, un amplio Hakama (una vestimenta hasta la rodilla) sobre el Kimono, un elaborado Obi (cinturón o faja) o hecho de Kaku-obil (material duro) o hecho de Heko-obil (material dúctil), y para completar sus atavíos calzaban Tabis (calcetín japonés) y Getas, el calzado requerido para el Montsuki.  El verlos vestidos así evocaba los tiempos del Shogún (seii taishõgun), de los clanes Fujiwara y Hojo.

Las damas japonesas hicieron su flamante entrada en la minka ataviadas con blancos Nagajubans (bata bajo el Kimono) cubiertas con un exquisito, elegante y aristocrático Furisodé (el kimono formal) con sus amplios Tamotos (mangas anchas), y otras con Tomesodés (mangas normales), todas llevaban sus Obiages, obis, y obijimés, y por supuesto, sus menudos Tabis y Getas.  Había vestimentas desde Onna-bugeishas (Geisha guerrera), pasando por Geishas comunes, hasta Maikos (aprendiz de Geisha).  La elegancia y el despliegue de riqueza, donaire y exquisitez de los "actores" era digna de un Tennō (Emperador/Soberano Celestial).

Todos se reunieron en la pieza de las cenizas, y hablaron de la tradición de las cenizas, de la historia de la familia, de otros antepasados, de la vida de la abuela y de su muerte.  Hizo entrevistas con su tía y con otros familiares que con sus espectaculares vestimentas y la adherente interpretación filológica y verbal correspondientes, parecía un documental digno del National Geographic.  Una porción del film se dedicó a la ceremonia de la separación de los huesos de entre las cenizas, y la entrega de éstos a los descendientes.  El ambiente era solemne y ordenado, y los actores todos hicieron sus partes a la perfección.  También  se ejecutó la Ceremonia del Té para esta póstuma filmación de tan gran contenido idiosincrático y cultural.

A la ceremonia japonesa del té, también se le llama "La Manera del Té", y es una actividad cultural que involucra la preparación y presentación ceremonial de "Matcha", una clase de té verde en polvo.  En japonés, esta ceremonia se denomina "Chanoyu" o sadõ.  La manera en la que se lleva a cabo el funcionamiento de esta ceremonia se llama "Otemae".

Desde temprano, el Budismo Zen fué una influencia primordial en el desarrollo de esta ceremonia del té.  Estas reuniones ceremoniales del té se llaman "Chakai" o chaji y es una actividad sencilla de hospitalidad que incluye pastelillos, "Usucha" (té no cargado) y a veces, una sustento ligero.   Una ceremonia de té mucho más formal se llama "Chaji", que suele incluír una "Kaiseki" que es una cena tradicional de varios platos, seguida de pasteles, "Koicha" (té cargado) y Usucha.  Una Chaji puede durar hasta cuatro horas.

Comentario

Una vez en Washington, DC participé de un Chanoyu (no chanchullo) de éstos con mi esposa.  Ella me dijo que no comiera nada ese día porque en esta ceremonia del té se comía.  Bueno, no comí nada para el almuerzo y nos fuimos a esta ceremonia que se realizaba a las 3 de la tarde.  ¡Nunca más!  Eran pasadas las 7 de la tarde y ya no veía de hambre; la última comida del día fué una tostada casi transparente con mantequilla que me comí al desayuno;  y la Geisha no terminaba nunca con el asuntito del jodío té.  Aparte de que mi estómago creía que me habían cortado la cabeza, comencé a tener alucinaciones de hambre. 

Miraba una muralla y vislumbraba una típica "hora del té" chilena, con suculentos sánguches de pernil de chancha soltera, jamón Serrano de La Unión, queso chanco de Osorno, galletitas de agua destilada, mermelada de damascos peludos, lúcumas peladas, y el infaltable tazón de té Supremo (o Tres Montes) en bolsitas; o una infusión de "pata de vaca" sin azúcar para los giles con problemas al riñón.  Durante las Navidades, se agrega Pan de Pascua legítimo de Isla de Pascua.

Miraba el cielo raso, y veía un cortejo se sopaipillas pasadas, cuchuflís con chocolate, y unos "berlines" que orbitaban sonrientes la lámpara que colgaba famélica del techo.  No habían acabado de pasar las sopaipillas (pasadas), cuando una horda aterrorizada de empanadas de "Pino" cruzó en estampida el cielo raso.  ¡Me asusté!, no por la horda, sino que porque la seguía un botellón de Pisco Sour de La Serena...  traté de levantarme y alcanzar la botella, pero tenía los ojos blancos y no veía nada.  Mi mujer me miró de soslayo cuando me levanté de la silla y comencé a caminar a tropezones con los brazos en alto y balbuceando: "¡piscosagüer, piscosagüer!".  De un violento tirón de la camisa (lo que desafortunadamente incluyó una sección del elástico del calzoncillo) me volvió a sentar en la silla.  Como que desperté un poco...

Medio avergonzado me acomodé en la silla y fijé la vista en el piso, pero entonces y para mi infinito asombro y estupor, la alfombra debajo de mis zapatos se deslizó rápidamente a estribor desvelando súbitamente una jarra de mote con huesillos la que me hizo trepidar las glándulas salivales, y comencé a babear profusamente con la lengua medio evacuada.  Mi esposa me pasó un pañuelo por la boca, más bien me lo estampó con tremenda fuerza en la jeta lo que técnicamente calificó como un "cachuchazo"(4), acompañado con una sonrisa sulfúrica y una desafecta mirada que casi me descuartiza vivo.  La cosa estaba muy difícil, y la Geisha no tenía ninguna intención de apurarse.

(4)  En términos netamente populares Chilenos, "Cachuchazo" es el nivel más alto y el epítome del "charchazo", el que a su vez; es un bofetón (o cachetada) magistral con saña.  Es como que a uno le aplaudieran efusivamente la cara con paletas de ping-pong de fierro.  El siguiente nivel del cachuchazo es el "combo en l'hocico".

Mientras me sobaba suavemente las comisuras de mi delicada boca, disimuladamente me trataba de sacar la porción punzante del calzoncillo que se me había atrincherado en la zanja donde la espalda pierde su honorable nombre, producto inesperado del tirón de camisa que mi mujercita me había dado momentos antes.  Después de esto, no tuve más remedio que quedarme quieto y despierto.  Para poder conseguir realizar esta tarea, le pegué un tremendo "chirlito" al brazo de la silla de madera, y me aguanté.

Finalmente la ceremonia de preparación del té terminó y por fin pude tomar un té desabrido y sin azúcar...  no me quitó lo turnio.  La "comida" que siguió parecía que la había preparado la belonoide de "Twiggy" (que era más flaca que sombra de clavo), los pasteles parecían pasas a dieta, y el Kaiseki, casi-casi parecía comida.  ¡Nunca más!  Para la próxima invitación me llevo un sánguche en el bolsillo y un tazón de Pomaire lleno de ulpo!  ¡Y sí señor!, cuando tomaba tecito en Chile; me comía todo y nada se desperdiciaba.

¡No sé de dónde lo habrá sacado la parsimoniosa Geisha ésta el famoso tecito verde!  Me tomé apenas una tacita sin gracia, y me dió una colitis caballuna galopante, lo que me obligó a fruncir y a mantener bien apretadas las comisuras de mis podicem labia, y a moverme con la cautela del impala y el sigilo del leopardo por el resto de la noche.  ¡Joder!

De vuelta a los huesos

Este proceso de filmación ciertamente acercó a mi amigo a la familia, especialmente a los parientes que no había conocido sino hasta el encuentro en esta triste cónclave.  Cuando la filmación terminó, aunque sin editar, todos vieron la película juntos.  Las risas, la anticipación y el bullicio desapareció al comenzar la película, y todos la vieron con el más profundo respeto y veneración.  Todos concluyeron que este film sería muchísimo más apropiado que los huesos para llevarse a USA, y que serviría como un excelente embajador de sus costumbres.  Mi amigo prometió que apenas editara su película, les enviaría a todos una copia de ella.

De vuelta en USA, mi amigo comenzó a editar su película, y después de varios atentados editoriales, me dijo que había decidido no eliminar absolutamente nada del celuloide.  "No pude cortar nada de la película" me dijo, "todo calzaba bien y no había nada que desperdiciar", concluyó.  "De mi abuela nada se desperdició, y de esta película, nada se desperdiciará". 

Cuando vi su película, se me hizo un nudo en la garganta y no pude hablar sin miedo de que se me quebrantase la voz.  "Hasta en la muerte, nada se desperdicia", pensé.  Y sin ser un genio, mi artista amigo fué capaz de transmutar un negro episodio en una fuente de luz.  Lo único que tuvo como inspiración fué el más excelso despojo humano: la muerte.  Aprendí una valiosa lección de esto: Nada se debe desperdiciar. 

Yo no puedo hacer películas como mi amigo, pero intento escribir, y esto; no es muy diferente a la meditación.  Cuando escribo debo intimarme con mis historias, agasajarlas de sentido, de humor, de filosofía, tristeza y esperanza, ¡nada se debe desperdiciar! 

Cuando comencé a escribirles esta historia, mil ideas y mil pensamientos se arremolinaron en mi pluma y rebasaron mi tintero, y se diseminaron por mis blancos papiros, y se derramaron sobre el suelo, y no pude escribirlas todas aquí, por más que me esmeré en hacerlo.  Pero eso no importa porque cuando terminé de poner el último punto en el papel donde escribí esta historia, recogí prestamente todas las ideas y pensamientos que se habían fugado de mi mesa mientras escribía, y los puse de vuelta en mi tintero de sombras.  Cerré la tapa del tintero de sueños y los dejé encerrados ahí para usarlos en mi próximo relato, no porque éstas ideas y pensamientos fuesen geniales, sino porque así; nada se desperdicia.



El Loco

Sobre la Vida

Siempre hablo mucho de la vida porque creo que sé mucho de la vida. Por alguna exótica e inexplicable razón desviada, a veces pienso que sé mucho de la vida. Mientras más edad alcanzo, más aprendo de la vida, y es por esto que pienso que cada vez sé más de la vida. Y como buen y fiel discípulo de Sócrates, concedo sin reservas de que, solo sé que nada sé. También en una forma errada y desatinadamente divagante señalo que alcanzo más edad, lo digo equivocadamente porque yo no puedo alcanzar la edad, sino que es ella la que me persigue y me alcanza a mí, por más rápido que yo corra.

Cuando el Hombre pudo esgrimir su primer vestigio de tenue inteligencia, por allá y desde los albores de nuestra complicada y vieja historia; el Hombre se ha preguntado constantemente estas importantes cuestiones sobre los asuntos que más le intrigan: ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Por qué estoy aquí? ¿Para qué estoy aquí? y ¿Para dónde voy? Y ha mirado a lo infinito del cielo y en las profundidades de la tierra por respuestas; ha indagado profundamente en el pasado y mirado en lontananza hacia el futuro sin poder encontrar una respuesta que le satisfaga; así que si usted piensa que encontrará alguna respuesta gratificante sobre la propuesta de la vida en este escrito, usted debe estar mucho más loco que yo.

Muchas personas comienzan inadvertidamente sus vidas marcados con un rumbo erróneo impulsado por una deleznable ignorancia inducida. No es la culpa del ser humano el ser tonto, pero sí lo es el ser estúpido. Cuando uno es joven, hay ciertas pandillas que le llenan a uno la cabeza de humo y fantasías de niños basadas en encantamientos y sortilegios infundados; pero es nuestra obligación y responsabilidad moral y de Hombre el despejar esas nubes hechas de cortinas de ignorancia supernatural tapizadas de celajes y de fraude, y descubrir la verdad en la realidad.

Una pregunta implica una respuesta y por eso, coexistiendo con el interrogador, encontramos una clase de "Voluntarios" que nacen de la nada y que se han asignado a sí mismos el negocio de responder las interrogativas. Y como pago parcial por contestar a estas preguntas, el hombre que contesta vive e expensas del hombre que pregunta, y también obtiene títulos, honores, ornamentos con el valor de cuentas de colores, joyas, y otros banales obsequios. Además de esto, el "Voluntario" que contesta se ha declarado evidentemente exento de todo el trabajo útil e inteligente. Este "Voluntario" es nuestro teólogo.

Lo que no me explico es, ¿cómo es la gente actualmente cree que todas estas tonterías son verdades? ¿Cómo es posible que un ser humano capaz de obtener una carrera, capaz de manejar un automóvil, capaz de organizar una empresa, capaz de resolver problemas, capaz de comunicarse, leer y escribir; crea en la historieta de Adán y Eva? ¡Simplemente pasmoso! Quizá sea más sensato el aprender todas las muchas religiones para así escapar la intratable esclavitud de una. Lo peor es que a nuestros niños se les sigue lavando el cerebro con esta basura, y estos hombres "inteligentes" permiten voluntariamente estas aberraciones en contra de su descendencia. Quizá el vivir lo patológico sea un estilo de vida.

No voy a responderle aquí sobre propuesta de la vida, empero, le alborotaré el alma y le soliviantaré el espíritu en una forma sutil, insolente y peligrosa con la sola intención de que usted piense por sí mismo acerca de la respuesta sobre la vida, y no abandone su inteligencia ni su sentido común a las baladíes y vacías palabras berreadas por el prelado de la ignorancia. Usted tiene un cerebro y espero que lo use en su honesto beneficio porque la mayoría del conocimiento verdadero del Hombre viene de sus preguntas sin contestar, porque le obliga a seguir buscando por las ausentes respuestas, y durante esta jornada, deducir el conocimiento real. En términos clericales, acuérdese de que el Hombre no comenzó a crecer como tal, sino hasta que fué expulsado del "Edén"; y esto, porque la acción resuelve lo que la teoría no puede. Teología y religión creen que preparan al Hombre para morir; ciencia lo prepara para vivir.

El alcanzar las respuestas no reside en escalar las apiladas montañas de Aloidae en las faldas del Monte Olimpo, ni la Torre de Babel en las planicies de Shinar, ni la Pirámide de Cholula en Puebla, ni visitar a Setebos en la Patagonia; ni tampoco necesitamos otros mil cuatrocientos años de Obscurantismo impulsado por la religión y la teología bloqueando la ciencia y el progreso; sino que lo que necesitamos es descubrir y discernir la lógica y el sentido común camuflada por la fantasía. Al creyente de lo teológico no se le puede preguntar en frente del teólogo si cree en teología. ¿Por que se dirá usted? La mejor respuesta es quizá otra pregunta. Cuando se le pregunta a un esclavo en frente de su dueño si quiere ser libre, ¿cuánto vale su respuesta?

El intelectualismo no cree en fantasmas, entonces es desafortunado el que a los niños víctimas del creacionismo religioso se les infecte con falsedades cuando la realidad y la verdad son tan hermosas y claras. La realidad y la verdad tienen un poder todavía más mágico que el ignorante concepto del creacionismo místico, que a la postre, no es más que un barato producto intelectualmente ciego y hecho de inanes fetiches y coloridos talismanes mentales. Seiscientos años antes de Cristo, el griego pre-Socrático y profesor de Pitágoras, Anaximander (610 - 546 AC); enseñó que la vida animal se engendraba desde la tierra a través de la influencia de la humedad y la temperatura, y que esa "vida" generada en esta forma con tiempo y gradualmente, evolucionaba hacia diferentes y más altas formas de vida. Esto incluía al Hombre. Pero entonces las religiones arbitrariamente inventaron y les calificaron de "pecados" para poder combatir estas creencias que iban en contra del creacionismo ciego, y pasaron leyes para suprimir a estos pensantes y sus ideas, y penalidades para eliminar a sus defensores, todo en el "nombre de los dioses". Anaxágoras (500 - 428 AC), el gran maestro de Pericles, hizo declaraciones similares a las de Anaximander, con los mismos resultados. De acuerdo a la ciencia moderna, Anaximander estaba muy cerca del camino de la verdad.

Los hombres que han beneficiado más al mundo a través de la ciencia; casi sin excepción, han sido menospreciados por el linaje frailesco. Ciencia es la búsqueda de la verdad, pero teología es un mecanismo para adjudicarse poder a través de la explotación de la ignorancia. Por eso es que Charles Darwin fué el terror de los dioses establecidos y la Peste Bubónica para el clérigo, quienes ambos; huyen en pánico de esta arma infernal: "El Origen de las Especies". Otro enemigo público de la religión es Friedrich Nietzsche porque le quitó sin misticismos los tapujos a dios. Un simple aparato que destronó a los dioses fué la luz eléctrica, la cual le quitó sin suntuosidad el monopolio de la luz a dios. Se establece entonces de que la religión necesita a gente crédula para poder vender lo absurdo, y que la ciencia requiere de gente escéptica que lo cuestione todo.

En Psiquiatría y como se le define claramente y sin evasividad en el manual "Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM)", la biblia de la Psiquiatría; a la apócrifa e ilusoria creencia de "algo" que no se basa en la realidad o que no existe, se le denomina Desorden Delusional, un gravámen considerado una severa y perniciosa "enfermedad mental". De acuerdo a esto, la mayoría de la sociedad entonces sufre de esta enfermedad basada en que creen en lo "divino". ¿Qué hace que ésta pestífera enfermedad mental sea aceptable y la inconexa excepción aceptada por los inarticulados e incongruentes preceptos propugnados por los súbditos de las religiones? Confórmese usted mismo con su respuesta.

Pero, ¿qué sé yo acerca de la vida? Antes de contestarme esta filosófica e intoxicante pregunta, quiero repasar y repetirme algunos de los gélidos conceptos nacidos y vociferados en las vastas estepas de las locuras de mis cortos pensamientos gnoseológicos. Estos intermitentes pensamientos que afloran del fondo de mi vida en estentóreas y desordenadas erupciones, como una manada de caballos maniáticos queriendo escaparse del nuclearmente glacial e impávido invierno que les apresa en las descuidadas garras mi alma.

Siempre he pensado y sentido de que cuando estoy muy ocupado, la vida se me escapa más aprisa y en formidables y ruidosos hervores; pero si no lo estoy, siento que estoy desperdiciando miserablemente importantes pedazos mi vida. Es un problema de dos caras, pero que ninguna de ellas se dá abiertamente. Si la vida es corta, mi vida, creo que la verdadera ciencia del vivir es una materia difusa, y el arte de vivir es largo, pesado, y se hace más impreciso cada mañana. Una moneda no sabe si tiene dos caras, porque ninguna de las dos puede ver la otra. Hay que tomar cada cosa en la vida como que es simple y únicamente para nosotros, por más común que éstas sean. Las mismas cosas les pasan a todos, pero con diferentes y variados resultados. ¿Un ejemplo? Adán, Guillermo Tell, e Isaac Newton tuvieron un encuentro personal con la famosa manzana, pero los resultados de estos encuentros todavía no pueden encontrar un parecido entre ellos.

Pienso que mi vida será larga solamente si la sé aprovechar; el tiempo que tengo disponible no es nada de corto; lo que sucede es que pierdo mucho de él en fatuas diligencias sin valor, en luengos rasgones de tiempo sin cronómetro, en improductivas actividades que no puedo reciclar. Creo que el tiempo que actualmente logro vivir apropiadamente es solo una porción pequeña del pañol de años que mi vida lleva de reserva en su estanque, porque el resto de lo que hago no es vida, sino espacio vacío y tiempo traspapelado.

¿Cuántas veces un efímero instante de licenciosa libertad me ha dejado pagando el alto importe de una eternidad frecuente y perpetua? Esto fué como querer medir mi vida con la Cadena de Gunter. Aprendí apurado y quizá a tiempo, de que es siempre una mala idea y una muy tardía e ineficiente acción el querer comenzar la vida cuando ésta se nos quiere acabar, y trata de escapársenos porfiadamente despidiéndose entre súbitos y carnavalescos ataques al corazón y otros atropellos propios y adecuados de la edad. La vida es muy peligrosa ya que muy pocos la sobreviven, pero hay que construírla con fogosidad y exaltación en cada minuto, porque nada sublime y bello se construye sin pasión y constancia.

Cada cual empuja atropelladamente su vida trabajando febrilmente con el anhelante deseo de lo venidero, y con la vaga e indefinida visión de lo futuro; pero con la gabela del hastío de sus presentes. Yo también hago eso. Muy a menudo. Me ayuda a que el hastío y la saturación del presente sepan un poco menos amargos. Pero tengo que olvidarme de esto, porque los hastíos de hoy, serán los malos recuerdos de mi mañana que pasará muy presuroso porque el presente es infinitamente efímero ya que el presente está contenido solo una vez, y en un solo instante de tiempo.

Si no se puede evitar el fenecer; entonces nunca jamás hay que morir, sino que hay dejar la vida rezagada lejos allá atrás para poder irnos inquietos y presurosos en busca de nuestro próximo destino, uno pintado con más vivos colores. Esto es ejercer control. Nadie conscientemente fija sus ojos en la muerte ni intencionalmente asienta la mira en la fatalidad; todos alargamos nuestras esperanzas más allá de la inevitable eutanasia que algún día nos alcanzará a mansalva, y por eso ansiosamente visualizamos nuestras vidas en la posterioridad infinita.

Algún día moriremos definitivamente y esto no es un milagro, porque aquel que cree en milagros es un estulto enemigo de la ciencia, y esto; porque la verdad reside en la prueba y en los hechos, y no en la imaginación. No debemos simplemente morir, sino que debemos enseñarnos a morir, debemos enseñarnos a traspasar la muerte. Después de todo, ninguna etapa de la vida es tan difícil cuando finalmente la aceptamos.

A veces mi alma vive inviernos nuclearmente fríos durante los cuales yo no sé si me compadezco de mí mismo, de mi frágil e ignorante naturaleza, o me compadezco más de lo que mi vida se empecina en ignorar. Quizá me compadezca más profundamente de lo que finjo ignorar en mi ignaro oscurantismo de la vívida vida. Pero esto siempre es de corta vida porque el dinámico fogón que llevo dentro se encarga rápidamente de incinerar estos vagos y reluctantes pensamientos, que no son nada más que desechos olvidados de aquellos inviernos indivisiblemente fríos que someten mi alma elemental.

Muchas son las cosas que ignoro, muchas son aquellas que remedan mi básica ignorancia, pero mucho más abundantes aún son aquellas que escojo ignorar. Esto siempre será un lastre inevitable y un costoso gravámen que no me dejará elevarme más allá de los límites del vuelo de Ícaro; alas o no. Trabajo duro cada día en este asunto tratando de deshacerme de este odioso contrapeso de mi felicidad. Recomiendo que usted haga lo mismo.

No me deleito en los vicios y las malas costumbres, y nunca los uso como excusa y argumento para alcanzar mi felicidad. Tampoco me abandono al ocio, porque ocioso es el que conoce y practica el ocio. La única forma de acariciar el ocio en forma responsable se llama: vacación; pero la vacación es fugaz y breve como la idea de dios, y pasa por nuestras vidas; vertiginosa, antes de que la notemos. El ocio es venenoso porque me quita el dominio del tiempo. El ocio disfrazado es letal. Hay muchos que se enredan en el ocio disfrazado, ese que se ocupa fatigosamente en el estudio de símbolos y ficciones inútiles, y que no forja nada. No pierdo mi tiempo pensando si fué primero la gallina, o el huevo; si fué primero el simio, o el hombre pues ya estoy aquí; y eso es lo que cuenta. Las otras cosas no ayudan a la consciencia. Nunca me olvido de que el ocio más letal, es el ocio del alma.

La risa es otro importante factor al cual se le debe administrar con mucha prudencia. La risa -en esencia- es una respuesta involuntaria biológica causada por nuestra naturaleza como respuesta inmediata a un determinado y específico estímulo. Se le ha catalogado como una reacción inconsciente, como un balbuceo lúdico, como un instinto incontrolado, contagioso y exuberante que raramente se produce en soledad. Esto es importante porque si usted se está riendo solo, ya sabe lo que pensarán los demás de usted, y probablemente estén en lo correcto. ¿Sabía usted de que nosotros no podemos reírnos antes de los cuatro meses de vida? Sonreímos sí, pero no nos reímos. La risa también es considerada por los neurobiólogos expertos en la materia como una forma de comunicación social innata entre los simios. En otras palabras, la risa puede ser peligrosa si no es administrada con recato. Yo tengo mucho cuidado con la risa, especialmente por el hecho de que la risa abunda en la boca de los tontos. La sonrisa me gusta también porque es el representante diplomático de la risa.

Pero hay cosas tan incongruentes e inconexas de la existencia y objetividad humanas que no acabo cabalmente de comprender por más que trato de racionalizarlas. Éstas son incongruencias de la falsa lógica y del vendido existencialismo del ser humano. Por ejemplo, la bancarrota es como la catarsis de la confesión: no importa cuán malamente usted se haya comportado y manejado económicamente, o cuán profundamente usted se haya hundido en el pecado. La solución es muy simple, declara bancarrota o se confiesa; ¡y ya!, terminado y remediado el problema. Ahora, feliz puede comenzar otra vez a hacer lo mismo. Quizá usted no pueda declarar bancarrota otra vez, pero le aseguro de que encontrará prontamente un cura dispuesto a absolver todos sus yerros y excesos humanos; sin importar ni la cuantía ni la profundidad de éstos, sin ningún costo real para usted.

La felicidad extrema es también nociva porque ella me hace correr el peligro de investirme de una gran ceguera humana con respecto al entendimiento de mi propia felicidad. Saber esto es de más provecho que averiguar cuántos de los inmateriales ángeles caben sentados en la cabeza de un alfiler hecho en China. Me desocupo ágilmente de mis mundanas actividades para gozar de una quietud que me permita admitir y adquirir la sabiduría que es válida, aunque ésta sea inmaterial y no ocupe lugar. Esto me permite vivir porque aprovecha mi tiempo y me adueña de mis edades pasadas que no fueron construídas con esfuerzos ajenos, ni erigidas en dominios forasteros. Desde este lejano y solitario punto, puedo vislumbrar claramente los angostos y mezquinos límites de la imbecilidad humana.

No cruzo todos los umbrales de las puertas que se me abren, no franqueo todas las aduanas que me invitan a entrar, ni me detengo a descansar en los abundantes zaguanes que ofrecen un postizo descanso. Tampoco huyo por puertas falsas secretas ni me cubro disimulado con las sombras de la artera noche, porque no es más decente ni moral el engañar que el despedirse. No hay ganancia en disfrazar un bostezo con la boca cerrada.

Soy lo que soy, y no seré de ninguna otra manera. No pude elegir ni a mi madre ni a mi padre, ni a mis hermanos ni al resto de la familia; no porque hubiese querido hacerlo, sino porque; como usted, no tuve la opción. Lo que puedo escoger libremente es la ruta por la que caminaré hasta la meta más ulterior de todas, porque me es lícito vivir a mi albedrío; con o sin responsabilidad. Estas decisiones, arbitrajes y trayectorias que tome me abrirán el camino a la eternidad -si acaso ésta existe- depositándome en una altura desde la cual, no mortal podrá derribarme. Éste es el único medio que conozco para alejar de mí esa mortalidad que me alcanzará el día de una noche en la cúspide de una clara montaña… o en el oscuro fondo del negro abismo de mi alma. Y si a la postre debo morir, no lo haré en el lecho del oscurantismo humano.

Peleo a diario con mi envidia porque sé que mi envidia siempre establece su irreverente morada en lo ajeno, camina en círculos y no me lleva a ninguna parte. Mi envidia envenena y mata mi tiempo presente, y quiere disponer egoísta y dictatoriamente de mi enclenque futuro. Esto irremediablemente me llenaría de congojo, contristaría mi ser, y me acortaría grandemente la vida, y casi inmediatamente después, me acercaría peligrosamente a las filudas garras de mi propia muerte espiritual inducida. Mi envidia me obligaría a olvidarme del buen pasado y descuidaría irresponsablemente mi presente; por eso es que peleo a diario y sin descanso con mi envidia. Pero si no la combato a la envidia, yo sería más imprudente que la imprudencia misma, además, Júpiter no estará a mi disposición para duplicar las horas de mis días cuando lo necesite. Siempre reconozco mis errores antes de que otros los exageren sin justicia.

Debo aprender a vivir honestamente conmigo mismo y recibir con indiferencia los honores y las afrentas del vulgo; porque de otra manera, no podré apreciar nunca lo que es el afecto -bueno o malo- sin desentonada desenvoltura. Las afrentas son como las sombras, apenas una tenue luz las ilumina, desaparecen; y los honores son como la oración, tiene validez sólo para aquel que la recita; y las dos, afrentas y honores, no son más longevos que un eco sin eco. Dentro de cada uno nosotros viven dos bestias salvajes y opuestas, utilitarias y reales. Una es buena y dócil, la otra es cruel y mala; y ambas viven en constante y permanente lucha la una, para destruír a la otra. Al final, ¿qué bestia ganará esta lucha y destruirá a la otra? … la que nosotros decidamos alimentar.

Otro deporte social consuetudinario muy practicado y del que debo de cuidarme mucho, es el insulto. El insulto es un arma gratuita y barata para inferirle ultraje y humillación a otro ser humano. El insulto tiene varias categorías: vulgares, ramplonas, inciviles, desvergonzados, insensibles, y los hay de muchos otros abolengos surtidos que son usados consecuentemente con el nivel de civilidad del individuo que los profiere. Para mí, a pesar de que es una práctica rara en mi personalidad porque prefiero la honestidad en este mercado, sin duda el insulto civilizado es el más apropiado, y para ser conducente en esto, hay que obtener una maestría en el arte de insultar, porque el insulto apropiado, es sin duda un arte.

Dicen que el mejor insulto es el silencio -o ignorar la existencia de su interlocutor- en un magnífico, civilizado y sagaz esfuerzo de minimizar la estatura humana del blanco de su agravio. Pero si no usa el silencio, debe asegurarse de que sus palabras sobrepasen generosamente todo y cualquier valor que devenga un sólido y bien dirigido silencio.

Por ejemplo, si alguien me insultase diciendo -"Tú eres el peor escritor que existe"- no me sentiría insultado en lo más mínimo porque este epitafio común es sólo materia de opinión; y las personas son siempre más importantes y valiosas que las opiniones. Por lo demás, yo nunca me he considerado un "escritor". Pero si alguien me expone -"Usted nunca ha sido conocido por usar una palabra que pueda mandar al lector al diccionario"- eso sería un lamentable vilipendio que perforaría mi integridad moral, civil y sentimental. Después de esto, y si me siento obligado a responder con algo diferente al silencio, solo diría: "Veo que usted todavía está forcejeando con el concepto de caminar erecto, por lo tanto, su ludibrio no me afecta." - sea esto último cierto o nó. Considere el arma del silencio.

Vivo con valentía aunque muchas veces tengo que fingirla, la finjo a menudo porque me rehúso a perder mis días en espera de la seguridad de la quieta noche; y después, quemar mis largas noches con el palpitante temor de vivir el próximo día. La valentía se adquiere y se utiliza a discreción. Para crecer como un ser humano cabal y justo, debo renunciar temporalmente a la seguridad, y desplegar mi valentía como un escudo en frente de las odiosas circunstancias que me invaden, porque el arte de vencer lo he destilado gota a gota del amargo bilis de mis derrotas, y todas mis victorias las he fecundado cuando por fin me atreví a iniciar la batalla, aunque mi lucha haya sido sostenida por mis temores y alimentada por mis dilatados pánicos. Por eso es que vivo con valentía aunque muchas veces tenga que fingirla y así no dejarle espacio al miedo, porque en las horas de desesperanza es cuando puedo medir con exactitud el calibre de mi humanidad y de mi ser.

Para mí nunca ha sido una pequeña ni una rápida proeza evitar el odio. El odio es como el estómago de un cerdo que no admite razón, no discrimina, ni se mitiga con poco, y siempre busca más; y a veces, sin hambre. El odio es una pintoresca y conveniente invención de las religiones que condenan que yo odie a mi prójimo, pero me azuzan incansablemente a odiar a lo demoníaco. Si esto no es doble estándar, debe ser triple.

Creo que la receta de la poción del odio que me tiñó la vida, se cocinó de las podridas estirpes hechas de los empobrecidos escrotos espirituales de abogados deshonestos, políticos falsarios, frailes desorientados, y su insaciable canibalismo ético y moral. Difícil es subyugar mi odio. Es como tratar de calmar al pueblo hambriento con ruegos de paciencia y condescendientes sonrisas sin mostrar los dientes. Por eso es que vivo con valentía, aunque muchas veces tenga que fingirla.

Mientras que por mis venas la sangre caliente se empecine en correr libre, caminaré vigorosamente las veredas de la vida, trataré de ejercer la virtud evitando los baches, voy a trajinar curioso el cultivo del amor, intentaré olvidarme despierto de los insanos deleites, también procuraré perfeccionar hasta los límites en que humanamente yo pueda empujar las artes de vivir muriendo y morir viviendo; y así, quizá logre conquistar un espléndido y emancipado descanso.

Si no hago esto concienzudamente y con un ánimo desmedido, entonces no podré nunca ocuparme de lo mío; dormitaré sueños ajenos, caminaré con pasos intrusos, comeré con el hambre y las ganas de otros; y hasta el amar y el odiar que son acciones tan libres y propias mías, serán irremediablemente ajenas, y habré entonces trabajado arduamente toda mi vida, solo por la insignificante recompensa de un escueto epitafio en mi tumba. Un lánguido epitafio que nunca podrá aferrarse a las memorias de los hombres porque no seré famoso, sino que con suerte; meramente notorio.

Entonces, ¿qué es la vida? Esta ha sido siempre una pregunta difícil para mí, pero más difícil y elusiva ha sido su desconocida respuesta. La vida, contrario a la muerte, no es ajena. La vida me vapulea y me obliga, me destila los días y me acumula las sensaciones, me agota la paciencia y me despierta los sentidos, me disturba los sueños y me riega abundantemente las esperanzas solo para fustigármelas más tarde con una sequía emocional que me recuerde la fragilidad de mi vida. Esto es la vida. ¿Ésto es la vida? ¿Cómo saberlo? Tiene que serlo, y mucho más aún, porque si nó lo es, entonces, ¿qué valor tendría la vida si no es por el irreversible valor de la muerte? La muerte es la supresión de la vida y de la consciencia, pero esto no lo sé a ciencia cierta porque todavía no he experimentado mi propia muerte, a pesar de que la muerte me ha seguido de cerca muy empecinada, y colgada de mi nuca desde que nací.

Algunos por ahí dicen que La Vida es Sueño… pero quizá se refieran solamente a concepto de la libertad con respecto al destino… al final, creo que la vida es simplemente el vivir porque este es el único modo de descubrir y aprender la vida. La vida no es una cosa, sino que un complicado proceso, y tampoco es una filosofía absoluta ni una teología difusa. La vida, mi vida; soy yo, y lo que yo hago y anhelo, es lo que soy para los demás, es lo que los demás son para mí, son mis metas alcanzadas, las fallidas, y aquellas que aún sueño con alcanzar. La educación que obtenemos en la vida; por alta que ésta sea, es meramente preparatoria ya que el examen final lo imparte la vida y no la Universidad. Un diploma Universitario, aunque muchas veces necesario, nunca ha sido prueba de excelencia de carácter.

Nada parece estar mejor adaptada en contra de la verdad, que esta perspectiva monística de nuestras religiones que nos dan una arbitraria representación estándar e inapropiada acerca de nuestra naturaleza, y que ciertamente no necesitamos para encontrar la solución de los extensos misterios que nos rodean.

No sólo oscurece y disimula públicamente el lugar verdadero del hombre en la naturaleza, pero además predica frecuentemente de una enmarañada ilusión sobre la importancia suprema del hombre; y la arrogancia privilegiada y absurda con la cual él se establece por sobre el universo ilimitable, y se auto-exalta a la posición de su elemento más valioso.

Lo más cómico de todo es que esta ridícula presunción ilimitada del hombre vanidoso y falso, lo ha engatusado neciamente en el proceso de la fabricación de su retrato como "la imagen de Dios". Si esto es cierto; este "dios" no posee mucha imaginación y el parecerse tanto a nosotros, no puede ser una adulación para él. En un desesperado atentado tratando de reivindicar su frágil y efímera personalidad, el hombre vanidoso manipula egoístamente el irreflexivo y ligero concepto de "Vida Eterna"; y se imagina ilusamente que él posee el bajo su potestad, un ilimitado "Poder de Voluntad".

La locura imperial ridícula de Calígula es un ejemplo de la forma característica de la presunción del hombre arrogante de creerse algo que merece "divinidad". Calígula ahora estará muerto; pero el Papa y su pandilla teológica siguen haciendo lo mismo. Organizan una complicada sátira, eligen a uno de su equipo, y con gran fanfarria, publicidad y humo blanco vociferan a los cuatro vientos con esa esgrimida "humildad" que dicen tener, y le anuncian como el "Representante de Dios". ¿Desde cuando Divinidad y Vanidad son sinónimas? A mí me parece más bien una estratagema de "Catch-As-Catch-Can Divino". El primero, Calígula; sigue estando muerto.

Solamente cuando hayamos abandonado esta ilusión insostenible y hayamos tomado una perspectiva cosmológica correcta, honesta, sin envidia, sin tapujos y con lógica; podremos esperar alcanzar las soluciones del Enigma de la Vida.

Mi vida la hacen los pedazos de las vidas de los demás, la construyen mis sueños y los desperdicios de los sueños de mis prójimos, el valor de mi vida viene de aquellas cosas que no tienen valor, porque a pesar de que esas cosas sean derogadas de algún valor, le prodigan un valioso contexto residente a mi vida, le dan una perspectiva nueva, le dan un valor comparativo y único; y ese valor lo tengo que construír yo mismo, yo solo, a punta de vivir, porque es mi vida y su valor será acrecentado eternamente solo cuando se contraponga con la muerte en su duelo final; en un fugaz y perecedero duelo sin contienda.

Quizá el propósito de la vida sea tener una vida llena de propósitos, quizá las respuestas de la vida sean sus preguntas, quizá la vida sea una improvisación perpetua, quizá la explicación de la vida seamos nosotros mismos, quizá el milagro no es caminar sobre el agua ni volar, sino que caminar la vida y sus duros pasos, quizá la cosecha de la vida debiera ser intangible, quizá después de todo no somos una pieza extra en el Universo, quizá es porque nunca podremos zambullirnos dos veces en el mismo río, o la vida es quizá porque hay reyes coronados con laureles y reyes coronados con espinas… quizá. Lo cierto es que para poder vivir plenamente, hay que tener una estrategia existencial.

Una estrategia existencial -según yo pienso (si, a veces yo pienso)- sería una mejor opción y también un camino más indicado que el de una filosofía de vida. Esto, porque creo que una estrategia existencial es un plan más apropiado para vivir en una forma más ordenada, fructífera, y con menos dolores de cabeza. Para poder lograr estos objetivos, parte de mi táctica primordial es el mantenerme lozano y sereno cuando otros se tornen furiosos y pierdan la calma.

Es importante para mí el mantener un control autoritario, casi en el borde de lo dictatorial sobre mis emociones, y no perder el control ni el dominio de ellas bajo ninguna circunstancia, por más impeledora y dura que ésta sea. No es materia de no manifestar mi molestia o descontento, sino que es una civilizada forma de hacerlo con consciente mesura, para así después no tener que lamentar y arrepentirte de una acción cometida en un momento de descontrol por falta de disciplina.

Nunca me olvido ni ignoro conscientemente de que una disputa tiene siempre y por lo menos tres puntos de vista: el de mi interlocutor, el mío, y el de un tercero, el cual dablemente será más objetivo porque no forma parte del problema. Creo que el acceder consciente y voluntariamente a ser más tolerante procurando razonar honestamente los argumentos de los demás teniendo en cuenta su perspectiva, acrecentaré ante éstos el valor de mi propio punto de vista, y elevaré mi veracidad sin crear enemigos; porque una relación es más importante que un argumento.

Siempre procuro buscar con un denuedo inusitado el lado positivo y agradable de las cosas y de las situaciones; por complicadas, injustas, o dolorosas que éstas puedan ser. Esto me engendra una disciplina lógica, útil y provechosa que siempre me ha ayudado a resolver y franquear con menos dificultades, arduos -y a veces aparentemente imposibles- momentos y situaciones, y con esto; trocar estas agobiantes contrariedades en positivas oportunidades. Un líder legítimo y efectivo es capaz de reconocer errores, hacer enmiendas, y aceptar responsabilidad.

Y así, solamente porque lo cierto en la vida apenas son instantes, yo sigo viviendo frenéticamente mi vida enmarañado en sueños verdaderos, porque la vida es un carnaval, porque la vida es una cosa muy rara, y porque la mayoría de las personas simplemente no viven, sino que solo existen.

Hago esto porque ninguna de las cuatro estaciones es eterna, porque ningún elemento domina a los otros permanentemente, porque hay días cortos y asoleados y hay días largos y sumidos en las sombras, porque hay situaciones fáciles y otras imposibles, porque hay que vivir y no sobrevivir, porque la vida es un torrente de sensaciones transparentes, porque hay momentos dulces como aquel beso que me diste y porque hay momentos amargos como la bilis con que saturaste mi herida, porque la vida no tiene paciencia para largas esperas, porque la luz y la obscuridad corren a la misma velocidad; pero más que nada y más que todo, porque la vida está ahí, esperando sumisa a que yo la tome y la abrace ceñidamente en un coito celestial y eterno; porque yo y solo yo, es la única e insólita posibilidad que mi vida tiene.

Pero para yo poder ser una viable y cierta posibilidad para mi vida, yo tengo que poseer Imaginación y Lealtad; porque un Hombre sin Imaginación es un mueble, y un hombre sin Lealtad es nada. Los grandes Hombres no son aquellos que saben más, sino que aquellos que obtienen resultados hirsutos y efectivos. Los grandes Hombres creen que la Iniciativa, son la Imaginación y la Originalidad en movimiento.

Entonces, ¿qué es la vida? me preguntas niña… A veces; sólo a veces, pienso que mi vida fuíste tú mujer milenaria, que me robaste el alma y me linchaste el espíritu, el cual aún se aferra espantosamente asustado a mi trémula vida firmemente asido a la ponzoñosa y traidora bayoneta de tu desdén con el que le abriste un costado, abierta herida por la cual se escapa mi existencia a borbotones en tumultuosos ríos pintados con los pálidos matices de un dulce y desesperado escarlata.

Y así como lo hizo Violeta del Carmen Parra Sandoval; aquella etnomusicóloga que parió con tanto dolor la Nueva Canción Chilena en un turbulento día de violentas, ciegas y rojas semanas. En el día de la noche que precederá mi muerte quisiera darle gracias a la vida por lo que ella me habrá regalado hasta ese efímero y concluyente momento.

Para aquellas simplísimas y moldeables mentes de escaso raciocinio y pobrísimas en intelecto, las que siempre leen más allá de lo que está escrito y que viven imaginándose inconsecuentes y absurdos argumentos donde no los existen; debo decir en forma patronizante (porque es a lo único que sus débiles clarividencias reaccionan y obedecen) que la alusión a esta Mujer Poeta no contiene ni intenta contener ningún mensaje político de ninguna especie ni color, ni pretende proveer forraje para las enfermas imaginaciones huecas de los clarividentes de la nada, y está infinitamente lejos de insinuar una corriente de pensamiento manchado, propio de esta calaña de juramentados de la ignorancia y la envidia, que no representan más que un severo lastre social e intelectual.

Si usted me conoce mejor, sabrá que odio la política y su enjambre de títeres demenciales y francmasones de la inmoralidad; más de lo que odio a la ignorancia y la incivilización de sus centinelas, porque yo soy culpable de ambas; y esto, con absolutamente todo el sentimiento y mortal poder de mi humana existencia.

Llegado el momento oportuno, le agradeceré a mi vida por varias cosas, por cosas buenas y por aquellas pocas cosas no tan buenas, por haber tenido tantos recuerdos y también agradeceré por aquellas ansiedades que me desvelaron tantas noches en los vacíos ecos de mi alma. Agradeceré por ejemplo por saberte cerca de mi corazón, agradeceré porque hubo momentos en que me sentí desfallecer, agradeceré porque en ocasiones envidié la prístina alegría de los niños, agradeceré porque a veces pensé que yo era necesario…

Agradeceré por los hermosos amaneceres que regalaron mis ojos tan humanos, y también por aquellos sombríos atardeceres que me entristecieron; agradeceré porque siempre hay un inquieto lucero perdido en el generoso rebozo de las titilantes estrellas; agradeceré por el inmenso e infinito amor imperecedero de mi joven y dulce madre porque el amor de una madre no es vicario, sino que es el más poderoso y resistente que existe, y agradeceré por estar tan cerca del ser humano, en especial de tí. Le agradeceré porque cada mañana en que despierto tengo la opción de elegir el estar de buen humor o de mal humor; y porque siempre elijo el buen humor.

Agradeceré porque una virgen mariposa un día agonizó de amor en los marchitos pétalos de una rosa triste, agradeceré por la alegría de mis triunfos, agradeceré por mis inmortales e indestructibles sueños sin talón. Agradeceré por mis amantes amigos que me hicieron una mejor persona, y por mis escasos y rábidos enemigos que pusieron una sincera perspectiva en los muchos días de mi díscola vida; porque nuestros enemigos a veces son tan necesarios en nuestras vidas como nuestros amigos lo son, pero sin olvidarme de quiénes son el verdadero tesoro; agradeceré porque nunca perdí la fé en el ser humano, y agradeceré por todas aquellas ocasiones en que dudé y tropecé tan estrepitosamente.

Agradeceré por aquellos que a veces se acordaron de mí; agradeceré por el fruto que tu regazo acunó un día para mí, agradeceré por tu eterna sonrisa, agradeceré por los ricos pobres que nunca serán unos pobres ricos, agradeceré porque un día pude abrazar a mi abuelo infinito, y porque pude hablarle a mi hermano con una sonrisa sincera y permanente, y también agradeceré por muchas cosas más, y agradeceré por mi agradecimiento, y por un poquito más.

Un día, como aquella flor de un pálido Violeta, quisiera poder darle gracias a la vida por lo que me dió hasta ese efímero pero letal momento en que exhalaré contra mi voluntad ese último y desesperado suspiro mío, suspiro que quemará raudo la última brizna legible de la energía de mi ser, y que se marchará para siempre desde mi pecho henchido de los sueños que se han quedado irremediablemente atrapados en mi espíritu solo porque no tuve el suficiente tiempo para dejarles escapar. …Pero, ¿qué sé yo acerca de la vida? ¿Qué sé yo?