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Anestesia

El nacimiento y desarrollo de la anestesia quirúrgica es una historia muy poco conocida, por lo que podríamos decir que es una historia desmayada e “inconsciente”. 

 La palabra "anestesia" o “anaestaesia”, fué acuñada por el médico, jurista, poeta, inventor, pionero y anatomista Oliver Wendell Holmes Sr. (Agosto 29, 1809 – Octubre 7, 1894).  Wendell, en el año 1846 usando las palabras Griegas ἀν, an, "sin"; y αἴσθησις, aisthēsis, "sensación", acuñó el término o vocablo “anestesia” con el que se refiere a la inhibición de la sensación.  Éste, es un estado de pérdida de sensación o conciencia controlada y temporal que se induce con fines galenos.  Puede incluír parte o la totalidad de la analgesia (alivio o prevención del dolor), parálisis (relajación muscular), amnesia (pérdida de memoria) e inconsciencia; pero sin hipnoética*.
 

Historia

Aunque esto sigue bajo debate y con discrepancias, investigadores siguen conjeturando que los Sumerios, quienes son la civilización más antigua conocida en el mundo en la región histórica del sur de Mesopotamia, reinando durante la Edad Calcolítica y la Edad del Bronce Temprano; inventaron o idearon el concepto de la anestesia de hoy.  Otras civilizaciones contemporáneas a los Sumerios quienes fueron el Antiguo Egipto, el Norte Chico (una sociedad compleja de la era precolombina que incluía hasta treinta grandes centros de población en lo que hoy es la región del Norte Chico de la costa norte-central del Perú), la Antigua Grecia, la Antigua China y el Valle del Indo. 
 
Se teoriza que los Sumerios  cultivaron y cosecharon la Amapolia Opio o adormidera (Papaver Somniferum) en la Baja Mesopotamia ya en el año 3.400 antes de la Era Común.  La evidencia más antigua sobre la Amapolia Opio es una cita encontrada anotada en escritura cuneiforme en una pequeña tableta de arcilla blanca, hacia el término del tercer milenio antes de la Era Común.
 
Esta tablilla de greda blanca fué desenterrada en el año 1954 durante las excavaciones en Nippur, una ciudad Sumeria; y actualmente se conserva en el Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Pennsylvania.  En este mismo año Bill Haley y sus Cometas graba "Rock Around Clock".
 
El mensaje de la tablilla fué descifrado por Samuel Noah Kramer y Martin Leve, y se considera la farmacopea más antigua que existe.  Algunas tabletas sumerias de esta época contienen el membrete de un ideograma inscrito en ellas: "hul gil", el que es traducido como "planta de alegría", por lo que algunos autores creen que estos monosílabos se refieren al opio.
 

Opium (Opio)

Unas palabras acerca del opio.  Estoy seguro de que ha oído acerca del opio, pero como me he enterado, la gran mayoría de aquellos a quienes les sonsaqué alguna información acerca de esta plantita, no pudieron darme una idea clara de lo que entendían por opio, y me dieron una ligera e inconsistente opinión la que orbitaba sueltamente alrededor de esta geófita*.
  
Nota: Para el récord, el nombre científico del opio (o lágrimas de amapola) es: Lachryma papaveris; y no es ni más ni menos que látex seco purulado de las cápsulas de semillas de la adormidera Papaver Somniferum. 
 
Aproximadamente un 12% de la amalgama de la estructura química del opio es el alcaloide analgésico llamado morfina, el que se procesa químicamente para elaborar heroína y otros peligrosos opioides sintéticos para uso medicinal y para el tráfico ilegal de drogas, las que periclitarán* su vida si se pone adicto a ellas. 
Tres tipos de Anestesia:

En hospitales se usa una gran variedad de tipologías en anestesia dependiendo del procedimiento médico que se realizará.  Revisaremos tres tipos generales de anestesia, las que son de uso más común en nuestros días basado en los procedimientos más comunes en hospitales.  Hay otras metodologías de anestesia más específicas usadas en  procedimientos más definidos, como por ejemplo la anestesia local que le provee su dentista.
 
Anestesia General: suprime la actividad del sistema nervioso central y como resultado, provee la pérdida total del conocimiento y la falta total de sensación, y esto se obtiene usando drogas inyectadas o inhaladas.
 
La Sedación: suprime el funcionamiento del sistema nervioso central en un rango picallún*, suficiente cantidad para privar al paciente de ansiedad y de la producción de recuerdos o memorias a largo plazo, pero sin provocar la pérdida del conocimiento.
 
Anestesia Regional y Local: este tipo de anestesia está diseñada para obstruír o bloquear el traspaso activo de impulsos electro-nerviosos en una región determinada del cuerpo del individuo siendo tratado. Basado en necesidades específicas, este tipo de anestesia se puede utilizar independientemente donde el paciente se mantiene plenamente consciente; o en combinación con anestesia general o sedación. 
 
Alternativamente, la anestesia Epidural y Espinal se puede aplicar en un área del sistema nervioso central, anulando todas las sensaciones transmitidas por los nervios fuera del área del bloqueo.
 
Nota:
Hay otro tipo de anestesia mental extremadamente poco conocida, pero muy efectiva: Anastasia.  Anastasia es una gorda gigantesca que tiene puños que parecen boyas marinas, y cuando le propina un puñetazo, lo deja completamente aturdido al punto que usted no siente nada ni le quedan memorias de ninguna especie.  La duración de este estado de inconsciencia  es completamente desconocida tal como el estado de su mandíbula después de su aplicación.  Puede durar segundos u horas, incluso días; esto dependiendo de cuán furiosa estaba Anastasia al momento de proveerle su poderosa medicina.
 

Efectos Secundarios o Colaterales

Hay varios efectos laterales de la anestesia, algunos más serios que otros; pero éstos delineados más adelante son los más comunes:

Delirio Post-operativo

Confusión temporal y pérdida de memoria, aunque esto es más común en los ancianos como usted.  Esto se llama Postoperative Delirium.  Confusión para recuperar la conciencia completamente después de cirugía con anestesia general es común, pero en particular en los pacientes mayores, la confusión puede aflorar y esfumarse varias veces durante alrededor de una semana.  El paciente puede sentirse extraviado y tener problemas para recordar o concentrarse.  Esto puede decaer aún más si el paciente permanece en el hospital durante varios días después del procedimiento, especialmente mientras esté en la sala de cuidados intensivos, y esto es quizá porque se encuentra en un lugar irreconocible para el sujeto.

Mareo o vértigo

El paciente pueda que se sienta mareado cuando se ponga de pié por primera vez posteriormente a la convalecencia inicial después de la operación.  El beber mucho líquido se recomienda para ayudarlo a sentirse mejor.
Dolores musculares
Los medicamentos utilizados para relajar los músculos y minimizar el dolor del paciente después de la operación, a veces producen dolores musculares.  También, el hecho de que el paciente esté por un largo tiempo en una misma posición en la mesa quirúrgica del quirófano puede causar dolores posteriores durante el período de recuperación.

Dificultad para orinar

Si el paciente recibió anestesia en alguna parte desde la cintura hacia abajo, al principio puede ser difícil el orinar después del procedimiento.  Esto no es porque usted no pueda encontrar su herramienta o que ésta no funcione; es simplemente porque los efectos de la anestesia aún no han desaparecido completamente.
Hematomas o dolor.

La aparición de hematomas o sangrado subcutáneo puede ocurrir donde se inyectó la anestesia a través de una hipodérmica intravenosa.  Esto naturalmente producirá dolor en la parte afectada.

Picazón

Este es un efecto secundario común de los narcóticos, un tipo de medicamento para el dolor que a veces se usa con anestesia general.
Náuseas y vómitos.

Este efecto postoperatorio secundario es también muy común, y puede ocurrir dentro de las primeras horas o días después de la cirugía.  Estos efectos podrían ser gatillados por una serie de factores tales como la medicina usada, movimiento, y el tipo de cirugía.

Tiritones o sensación de frío

Esto le ocurre a alrededor de la mitad de los pacientes a quienes se les inyecta anestesia.  Esto ocurre a medida de que el paciente comienza a recuperar la conciencia después de la cirugía, y puede que esté interrelacionado con la temperatura del cuerpo.

Dolor de garganta

El tubo que se ha insertado en la garganta para ayudar al paciente a mantener su respiración mientras está inconsciente y bajo el escalpelo, puede dejarlo adolorido de la garganta después de ser extraído.

Otras complicaciones

Existen otras complicaciones post operativas más serias derivadas del suministro de anestesia pero éstas raramente ocurren.  Estas incluyen:
 
Neumotórax: cuando se inyecta anestesia cerca de los pulmones, la aguja puede pinchar y perforar accidentalmente al pulmón.  Esto podría desencadenar el colapso del pulmón dañado, y requerir la inmediata inserción de un tubo torácico para continuar con la función normal de inflar el pulmón.
 
Daño a los nervios: aunque esto es bastante raro y poco usual, puede que haya un daño a los nervios, y esto puede causar dolor temporal o generar dolor permanente.
 
En general, hoy en día y con los avances en este campo, la aplicación de anestesia es muy segura y estable, y las complicaciones son rarísimas.  Hay muchos contextos en los que la provisión anestesia debe de ser alterada para atender circunstancias especiales debido al procedimiento a seguir.  Estas pueden ser cirugía cardíaca, anestesiología cardiotorácica o neurocirugía como pacientes de anestesia pediátrica, anestesia geriátrica, bariátrica u obstétrica, pero no hay nada tétrico acerca de esto.  Otras circunstancias especiales incluyen trauma, atención pre-hospitalaria, cirugía robótica o ambientes extremos.
 
 
Nota:
Escribí este artículo mientras estaba sitiado y en cuarentena por el ¡%$#*&sumadre! Coronavirus.  Mientras estaba trabajando por teléfono, una persona me preguntó si me importunaba la cuarentena.  Le respondí que la cuarentena no me fastidiaba, pero lo que me realmente importunaba ¡era la cuarentona que vive al lado la que no me deja tranquilo!
 

Experiencia personal

La única experiencia que recuerdo estando bajo el hechizo de la anestesia, fué post-operatoria.  Esta experiencia actualmente fué después de que los efectos de la anestesia amainaron completamente.  Cuando estuve completamente consciente ¡tuve un epítome!
 
Me dí cuenta de lo siguiente: Cuando a una mujer la abusan en contra de su voluntad, esto se denomina ¡violación!, pero cuando abusan a un hombre en contra de su voluntad, a esto simplemente le llaman ¡colonoscopía!  Si esto no es discriminación conceptual, no sé lo que es.  ¿Qué cosas, no?
 

Asuntos médico-legales y éticas

La doctrina del consentimiento informado es un concepto muy importante en el proceso de la atención médica.  Esto, a veces presenta dificultades y desafíos en el entorno de la atención crítica, donde los pacientes pueden tener una capacidad disminuída, o no capacidad alguna para proporcionar su propio consentimiento informado.  Entonces, debe de haber alguien designado por el paciente para tomar decisiones por él. 
 
El consentimiento informado es el permiso que un paciente otorga para que se le administre anestesia, o tratamiento; cuando está en completo uso de sus facultades mentales y emocionales, por lo que es capaz de entender lo que está permitiendo, incluído el pleno entendimiento de los posibles riesgos, beneficios y las potenciales consecuencias del procedimiento para el que está dando autorización, y por consiguiente, le dá permiso al galeno para proceder.
 
Los elementos que constituyen el instrumento de consentimiento informado incluyen la divulgación adecuada de información, la capacidad cognitiva de los individuos para tomar decisiones en el momento de otorgar consentimiento, y la naturaleza voluntaria de tales decisiones.  En la actualidad no existen procedimientos universalmente aceptados con respecto a la evaluación de la capacidad del paciente, especialmente para aquellos pacientes en estado crítico.  El dictamen de estas evaluaciones sigue siendo un principio subjetivo. 
 
Cuando el equipo médico determina que el paciente no posee la capacidad mental, intelectual o emocional de tomar decisiones para dar su consentimiento, existen varios mecanismos mediante los cuales su potestad aún se puede respetar, incluído el seguimiento de existentes directivas anticipadas, o la autoridad moral de los familiares, y en algunos casos; de amigos para tomar decisiones por parte del paciente, ya sea en base al estándar de substitución, o el estándar de interés superior del paciente.  
 

¿Cuáles son los principios básicos del consentimiento informado?

El consentimiento informado es un proceso en el que un proveedor de atención médica educa a un paciente sobre los riesgos, los beneficios y las alternativas de un procedimiento o intervención a darse.  El paciente debe estar mentalmente competente para tomar una decisión voluntaria sobre si  desea someterse a dicho procedimiento.  El consentimiento informado es una obligación ética y legal de los médicos en los EE. UU., y se origina en el derecho del paciente a dirigir lo que le sucede a su cuerpo.
 
El consentimiento informado es implícito en proporcionar anuencia, y es una evaluación de la comprensión del paciente, que le ofrece una recomendación real y la documentación detallada del proceso. La Comisión Conjunta requiere documentación de todos los elementos del consentimiento informado "en un formulario, notas de progreso o en otra parte del registro".  
 
Los siguientes son los elementos requeridos para la documentación de la discusión del consentimiento informado: (1) la naturaleza del procedimiento, (2) los riesgos y beneficios del procedimiento, (3) alternativas razonables, (4) riesgos y beneficios de las alternativas, y (5) evaluación de la comprensión del paciente de los elementos 1 a 4.
 
Es obligación del proveedor dejar en claro que el paciente está participando en el proceso de toma de decisiones y evitar que el paciente se sienta obligado a estar de acuerdo con la recomendación del proveedor.  El proveedor debe hacer una sugerencia y proporcionar su razonamiento para dicha recomendación.
 

Las etapas de la anestesia

La clasificación de Arthur Ernest Guedel en 1937, describe cuatro etapas de la anestesia como la clasificación “Guedel”.  Arthur Ernest Guedel fué un anestesiólogo estadounidense. Fué acreditado por sus investigaciones sobre la absorción y distribución de los anestésicos inhalatorios, tanto así como por la definición de las distintas etapas de la anestesia general. Por esta razón, el patrón de cánulas de Guedel trasiega su nombre.
 
A pesar de agentes anestésicos más modernos y eficaces y de técnicas más nuevas de suministro, las que han conducido a un inicio más rápido de sedación y a una recuperación más expedita de la anestesia; sus etapas principales permanecen casi sin cambios.
 

Etapa 1

La etapa 1, también conocida como la inducción; es el período entre la administración de los agentes de inducción y la pérdida de la conciencia.  Durante esta etapa, el paciente pasa de la analgesia sin amnesia a la analgesia con amnesia.  Los pacientes pueden mantener una conversación legible durante estos momentos.
 

Etapa 2

También conocida como la fase de excitación, es el período después de la pérdida de la conciencia y está marcado por actividad emocional y delirante.  Durante esta etapa, el ritmo de respiración y los latidos del corazón del paciente, puede llegar a ser irregulares.  Además, el paciente puede experimentar movimientos involuntarios e incontrolados, vómitos, paro de respiración, y dilatación de las pupilas.  Es una reacción parecida a cuando uno conoce por primera vez, repentinamente y sin previo aviso a la suegra.
 
La combinación de movimientos espásticos, vómitos, latidos y respiración irregular puede comprometer las vías respiratorias del paciente, pero los fármacos de acción rápida se utilizan para minimizar el tiempo en esta etapa, y alcanzar la etapa 3 tan rápido como sea posible.
 

Etapa 3

La etapa 3 es también conocida como anestesia quirúrgica.  Los músculos esqueletales se relajan, cesan los vómitos, la respiración se relaja, y los movimientos oculares se ponen  lentos, y luego se detienen.  El paciente está ahora completamente inconsciente (como cualquier político) y listo para la cirugía.
 
Nota:
Los cirujanos piensan que el paciente más fácil de operar es el político: el político no tiene estómago, no tiene bolas, no tiene corazón, no tiene espina dorsal; y su culo y su cerebro son intercambiables.
 

Etapa 4

Esta etapa también se conoce como: sobredosis.  Se produce cuando la inoculación de un anestésico es demasiada con respecto a la cantidad de estimulación quirúrgica, entonces el paciente experimenta una depresión grave en el tronco cerebral medular, dando como resultado un cese de la respiración, y el potencial colapso cardiovascular.  Esta etapa es letal sin el apoyo cardiovascular y respiratorio.
 

En fin...

Pero a la postre, si usted es una persona confundida; tiene mala memoria; le cuesta orinar; le dan náuseas y vómitos seguidos; siempre está con frío; le falta el aire cuando está nervioso, o le duele la garganta; tiene dolores y afecciones surtidas, tiene un dolor de cabeza por todo el cuerpo,  o se aterra cuando vé a su suegra, usted es entonces un desastre humano emocional y sin duda es hipocondríaco al cubo, por lo cual usted no tiene que preocuparse por efectos asociados con la anestesia ya que le parecerán una condición diaria natural de menor aspecto. 
 
Otro efecto lateral de la anestesia, es que después de recibir la cuenta del hospital, la billetera le va a quedar comatosa y jadeante por un largo tiempo, y en esto, la anestesia no podrá ayudar.
 
Ahora, si usted le teme a estos efectos secundarios o colaterales de la anestesia y no quiere arriesgarse a ellos, entonces converse con Anastasia.
 
 

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Et sub Glossarium Glossarium – (Cum amore legentibus)


Geófito – Planta que crece en la tierra
Hipnoético – De, como o perteneciente al pensamiento lógico inconsciente
Periclitar – Poner en peligro, poner a riesgo
Picallún - Moneda de cinco centavos u otra moneda de poco valor
 
____________________________
 
Post scriptum et quorumdam suggestionibus pro futurum: Si hay algún tema sobre el cual usted quisiera leer mis traumáticas y ligeramente psicopatísticas opiniones, por favor sugiéralo a: rguajardo@rguajardo.us.
 
Caveat: Mis opiniones personales pueden resultarle ácidas, demasiado honestas, corrosivas, irreverentes, insultantes, altamente irónicas, acerbas, licenciosas, mordaces y de una causticidad filosófica sin límites conocidos por el ser humano, y quizá no le apetezcan o acomoden intelectualmente; pero es lo que habrá disponible basado en su pedido.  Gracias. 
 
 
 
El Loco

El Parque Bestial Urbano

No sé si usted se ha habrá dado cuenta de que las ciudades en que vivimos; todas ellas, no son nada menos que un patético Parque Bestial Urbano lleno de animales dispares de todas clases y géneros. No me refiero al urbano "parque zoológico" porque en los parques zoológicos solo viven animales civilizados. El Parque Bestial Urbano es como la apócrifa e ilusoria Arca de Noé de una imaginación con sobredosis de esteroides y una cadena de problemas adenoideos endémicos, pero real. Hay una cantidad inverosímil de animales que existen y conviven en estas sociedades cosmopolitas desequilibradas concienzudamente por la pintoresca y egoísta repartición de la riqueza tangible, pero equilibrada por el carácter y naturaleza de sus salvajes y extraños habitantes.

Cuando emito el vocablo "riqueza" no me refiero como "ricos" a aquellas personas con más dinero y valores materiales que otros, a los cuales tan injustamente se les maltrata constantemente moral y socialmente por los depravados espiritualistas desviados, socialmente ciegos y flojos que siempre quieren algo por nada, y envidian y hablan mal de los que tienen más que ellos basados en un recelo completamente desalineado emocionalmente, malintencionado intelectualmente, y estimulado por una ideología moral practicante tan equivocada y tan desmedida como su incontinencia mental misma, barbárica y sin igual. Pero a la postre, este estereotipo de pensamiento es un producto típico de amebas mentales.

Cuando nombro "riqueza", me refiero a esos seres humanos que dejaron la calidad de animales cosmopolitas invertebrados socialmente acopiando una riqueza moral sólida, un haz de principios macizos y consistentes, un respeto por la ley y el orden, una educada observancia por sus congéneres, un desarrollo personal concreto del principio civilizado, y han amasado ideales prácticos, considerados e incluyentes. También, estos valiosos vertebrados han sido capaces de desarrollar y respetar una responsabilidad social e individual, una honestidad universal, una lealtad incondicional, un sentido responsable del estado de derecho; y ciertamente contribuyen a la cultura humana: un largo trecho desde los baladíes hombres con la gangrena moral de Jericó. En otras palabras, estos seres humanos "ricos" aglutinan consciente y voluntariamente los principios y los pilares básicos de la civilización moderna.

Pero al igual que un zoológico común y corriente, un Parque Bestial Urbano tiene animales. Animales de todas clases y aromas. Muchos animales. Entonces es menester nombrar algunos de ellos aquí para que podamos diferenciar sus géneros y sus distintivas idiosincrasias. Como les pasa a todos, a mí no me gustan todos los animales. Hay algunos que me gustan, otros que detesto, hay otros que me son indiferentes, hay otros que adoro, hay otros que me encabronan, hay otros que simplemente venero, y hay otros que espero se extingan lo antes posible. Todo depende de cómo nos identifiquemos con ellos.

¿Ha notado usted que las viejitas delicadas y las abuelitas tiernas siempre tienen perritos pequeños y cautivadores? ¡Es porque son como ellas! Este es el principio básico de la transferencia emocional y el paralelismo de identidad. Estas viejitas se hacen acompañar de estos perritos sumamente mansos, adorables, débiles como ellas y que requieren máximos cuidados, y que demandan mucho amor y cariño; ni más ni menos como las atenciones que las ancianitas mismas requieren.

Y claro, hay también aquellos que se creen Tarzán de Huerto sin regadío y tienen un Dobermann, o un Pastor Alemán, o un Bulldog con cara de maldito para expresar sus machismos aparentes y la vaga creencia de que tienen genitales extra. Y claro, ellos también los aman y los cuidan con el mismo cariño que lo hacen las viejitas, con la diferencia que cuando las viejitas se hartan del jodío perro porque se defecó o meó en la alfombra: les gritan: - ¡No vuelvas a hacer eso Lulú! ¡No te lo voy a permitir más!, y acto seguido recogen a Lulú con un apuro fingido y la ponen cariñosamente en el sillón mientras miran a Lulú seriamente con sus arrugados labios fruncidos haciéndole un puchero de reproche bien intencionado.

En cambio los dueños hormonales de los perrazos más grandes cuando éstos hacen lo mismo y los sacan de quicio, les gritan como desaforados: - ¡Sale perro culiao! ¡¿Por qué mierda no te v'ai a cagar afuera?!, ¡¿Cómo chuchas se te ocurre hacer esto?! -como si el perro les fuese a contestar-, y acto seguido y refunfuñando en voz alta incoherencias de un vocablo ininteligible emitidos por sus prepucios vocales, le pegan una tremenda patada al pobre perro por donde le caiga mientras que el despistado perro trata de esconderse donde pueda. Realmente no sé del origen de qué secreción glandular han salido estos mequetrefes.

Así como es bien sabido de que los dueños de animales, cualquiera que éstos sean, se comienzan a identificar con sus mascotas y hasta parecerse a ellas según dicen algunos, hay otros animales que se congregan dentro de las regiones cosmopolitas en jaurías, manadas y rebaños de su misma naturaleza horizontal, y que también son muy, pero muy parecidos entre ellos a través de sus cardinales esencias y recuas primitivas, las que comparten en casi todos sus rasgos existenciales.

Voy a nombrar a algunos de estos animales que constituyen estas piaras de peculiaridad cosmopolita. Antes de hacerlo, comprenda que cualquier parecido con su propia realidad o con la de su vecino es una mera coincidencia, y ésta indeliberada coincidencia quizá sea más real de lo que usted crea, quiera observar, o quiera aceptar, porque le guste o nó; usted probablemente también vive en uno de estos Parques Bestiales Urbanos. Empecemos por los animales que me gustan:

Me gustan los gatos. Los gatos son magníficos, pero un poco hinchapelotas porque son muy independientes y territoriales. A pesar de que los gatos son animales muy adaptables y "domésticos", y en contra de la inexperta creencia popular, su expectativa de vida está reducida en un ambiente hostil. Todo gato, de cualquier tamaño u origen, lleva inherente en sus genes los instintos básicos de su estado salvaje, y se acerca a los humanos por una actitud más de conveniencia y comodidad que de ingentes lazos de sentimientos de afecto. Si usted cree que el gato lo ama, ¡usted está loco! Esto no descarta la posibilidad de que algunas mascotas felinas lleguen a tener fuertes lazos afectivos con sus seres humanos elegidos. En fin, el gato hace lo que quiere, cuando quiere y donde quiere. No le pide permiso a nadie y no depende de su dueño para vivir en plenitud y comodidad, y cuando le dá la gana, para la cola y se marcha sin más trámite para el lado que sea que esté encarando. Los gatos son civilizados.

Ahora un animal que adoro. Adoro a los perros. Chicos y grandes, cualquier perro porque no necesito identificarme mucho con ellos. Todos los perros son cariñosos, leales, alegres, juguetones, y son una extraordinaria compañía. La mayoría de las veces son mejores que las personas. No importa cómo les tratemos, cuánto les gritemos y hasta cómo los castiguemos, ellos están siempre contentos de vernos, y nos reciben cada vez que llegamos a casa como si hubiésemos estado afuera de viaje por un largo tiempo. Apenas nos ven, saltan, mueven la cola con un frenesí que casi se les despega del culito, nos lengüetean y nos babean a más no poder, ¡y hay algunos que hasta se mean de felicidad! Dígame usted: ¿Cuantos amigos suyos hacen esto por usted? Los perros son entusiastas y devotos de sus amos. Cuando golpean su puerta, su perro sale disparado ladrando como si la visita fuera para él; y lo hace con el mismo ánimo cada vez que alguien golpea la puerta, sin importarle que la visita no sea nunca para él. Los perros son civilizados.

Aquí hay un animal que detesto. El Perezoso, mejor conocido como: empleado público. El Perezoso al igual que su congénere humano público ambos son folívoros, flojos y negligentes; y lo único que hacen durante todas sus vidas es comer, dormir y cagar. Hay excepciones por supuesto, pero yo no tengo la suerte de conocer a alguna todavía. A diferencia de sus semejantes cosmopolitas, los Perezosos de la selva misteriosa no se convierten milagrosamente en el correcaminos a las cinco de la tarde cuando hay que dejar la oficina. Lo milagroso de esto es que al otro día, apenas entran a la oficina, se transforman en Perezosos otra vez. ¡Vaya milagro de la naturaleza urbana! Esta actitud adquirida es producto neto de la carencia total de profilaxis sicológica que ha degenerado en profundas caries mentales. El depredador más grande y peligroso de este animalejo es el trabajo responsable. Los Perezosos no son civilizados.

Bueno, éste es un animal que me es bastante indiferente: el Pidulle(1). Este Enterobio Vermicularis es el vago cosmopolita, al cual sin poner mucho esfuerzo en buscar, usted puede encontrarlo sentado ociosamente en los bancos de las plazas hablando por su celular, vagando sin destino durante sus peregrinaciones en los Mall, durmiendo con la boca abierta en el maltratado pasto de los parques, fumándose la vida en las esquinas con sus inservibles amigos sin personalidad, y sentados en los cafés pretendiendo bizantinamente el estar haciendo negocios importantes con sus laptops acompañados de una pretérita tacita de café que les dura cuatro horas.

(1) Pidulle (Oxiuriasis): pequeñas lombrices que habitan y se revuelcan en la mierda ubicada en la parte final del intestino, más exactamente, en el ciego (ojetillo) intestinal grueso. Es un parásito Nematodo de los más pequeños, pero joden tanto como los políticos de calvicie intelectual.


También y muy a menudo se le encuentra apandillado en comité en los corredores de nuestras bufonas instituciones fiscales. Pero por cierto los Pidulles no nos son tan indiferentes después de todo ya que nos mantienen ocupados en actividades poco decorosas y socialmente sin gusto, como por ejemplo la de rascarse febrilmente los labios anales con el dedo pulgar mientras esbozamos una mueca semi-macabra de satisfacción y consuelo. Estos Pidulles sociales piensan que una docena de huevos frescos es caviar de gallina. No señor, los Pidulles no son civilizados.

Las tres alimañas que siguen en esta lista de sabandijas cosmopolitas sí que me encabronan y son las que me producen el eco seco y desabrido de las arcadas de mi espíritu. La primera, es la sanguijuela, o "político" como es mejor conocida por todos. No hay mucho que explicar acerca de estos quiltros sociales ya que todo el mundo sabe que son la desgracia personificada de la humanidad civilizada. Los políticos sin embargo, tienen una gracia muy singular que les diferencia particularmente del resto de los autóctonos del Parque Bestial Urbano cosmopolita: ¡se parecen a más de un animal! Por ejemplo, también se identifican muy cercanamente a través de una relación netamente de parentesco familiar, con los zorros y las ratas. Otra cosa que nunca me he podido explicar es ¿por qué a una mujer pública la llaman prostituta, pero a un hombre público le llaman "político"? ¿Qué cosas, no?

Las sanguijuelas políticas se diferencian de los científicos en que éstos últimos se esfuerzan por hacer posible lo imposible, mientras que los políticos se esfuerzan por hacer imposible lo posible. Por eso es que la política es la prostitución de la mente y del bienestar social, y la profundidad de sus ideas raramente va más allá de la superficie de sus grasientos y malolientes cueros cabelludos que más que cueros cabelludos, parecen escrotos prestados. He aprendido mucho basado en una enormidad de ejemplos contemporáneos e históricos de que los cabecillas políticos son un tropel desbandado de farsantes canallas, fuleros cobardes, mentirosos impostores y cuentistas traidores; casi todos incapaces de acaudillar a un pueblo inteligente, patriota y valeroso. Las sanguijuelas no son civilizadas. Esto lo digo con mucho respeto y cariño por las incomprendidas sanguijuelas reales. La diferencia fundamental entre una sanguijuela y un político, es que el político es el animal de la lengua larga y de las ideas cortas.

La segunda alimaña no merece mi abominación completa como el resto de las otras falacias humanas, pero estos vómitos morales me producen desagradables náuseas y sí me repugnan superlativamente. Ésta alimaña especial es el áspid clerical, el falso clítoris religioso; los curas. Más que repulsión, los curas me producen una despiadada lástima horriblemente amplia y espaciosa, más colosal que la que siento por la honesta e infortunada serpiente bíblica, que la pobre por decir la verdad y nada más que la verdad, fué sentenciada injusta e impúdicamente al averno por los siglos de los siglos. Amén. Suerte tuvo el procreador de que no existía el "FaceBook" en ese entonces. Los curas a la sazón, aparte de ser pedófilos y degenerados infantofilios, son una triste y resentida expresión intelectual de segunda clase. El áspid no es civilizado.

La tercera y la más sucia alimaña que yo más detesto, es el abogado deshonesto -- ¡verso!--. Y sí, aunque a usted le parezca tremendamente inverosímil e inexplicable, se sabe de la existencia de algunos abogados completamente honestos, los que están clasificados dentro del bestiario urbano como "Hombres de Ley". Nunca ha habido un parecido más grande y extraordinario entre una bestia inicua y un "humano". Es casi como si uno fuese el otro. El abogado deshonesto y la hiena son gemelos morales e intelectuales de una equivalencia y simetría genética portentosa. Ya vé usted, su dios personal comete grandes errores, y muy a menudo. Al abogado deshonesto se le puede clasificar como el modelo estándar de una bazofia tautóloga de alto precio, y a la pobre e inconsciente hiena (y deshonesta también por naturaleza hereditaria) como una tautologista prebenda; al final del día, ambas vanas existencias están construídas en inuendos absolutos que no justifican sus putrefactas existencias; ni siquiera en un perfil filosófico de cualquier analecta, por escuálida de que éste sea.

Los abogados deshonestos --estas formas de vida que penosamente sobrevivieron la Abiogénesis y que nunca pasaron una prueba Litmus-- son incuestionablemente los especímenes que yo más detesto con todas las fuerzas de mi existencia. Son el anticristo de todos los válidos principios morales y espirituales que gravitan sobre los seres humanos civilizados, tal como lo expresa y concede claramente y por escrito el Apóstol Juan acerca de estos libidinosos apóstatas sindicalistas (www.biblia.com). Uno de los grandes y más profundos valores morales de nuestra sociedad civilizada, es la superioridad personal y ejemplar a través de un probo respeto y obediencia de las reglas y cánones explícitos de comportamiento. Estos valores no son parte del arsenal de moralidad de estos confusos matones emocionales y promiscuos piratas urbanos: los abogados deshonestos, éstos que con su voraz apetito, vicio y desenfreno por la injusticia social, han parido la corrupción sin ningún dolor. No es raro encontrar grafiti en las murallas en los lugares que los abogados deshonestos frecuentan proclamando: ¡Muera el Roto Quezada!

Las enseñanzas morales enfatizan y acentúan la auto-cultivación personal del ser humano, la emulación del modelo de una moral ejemplarizadora, y la maestría del logro de un juicio experto, práctico, respetuoso y autoritativo; y no del mondo y lirondo conocimiento oportunista de las reglas. En otras palabras, éstas son las éticas de la virtud; y no la consumada antípoda adquiridas conscientemente por el abogado deshonesto. El depredador más peligroso para estas especies es la Ética Moral porque es una expresión demasiado grande para la comprensión y asimilación de esta piara. Las hienas no son civilizadas, y los abogados son escolásticos certificados de la deshonestidad y los catedráticos dómines del libertinaje moral. ¡Qué almorrana social más incómoda y embarazosa! Bueno, suficiente acerca del consorcio de estos antropófagos de la ética que convierten los principios morales en la más monstruosa Necrópolis de la Decencia.

Más sobre el Parque Bestial Urbano
Ahora, si usted se considera un participante activo de la "Carrera de Ratas", por favor reconsidere su digna y valiosa posición como ser humano. No se mezcle ni se deje arrastrar por el bodrio cosmopolita que flota en sus obscuros y empantanados océanos de sargazo intelectual. Acuérdese que camarón de se duerme, se lo culean los sapos. Dedíquese concentrada y honestamente a mejorarse a sí mismo como un digno ser humano en cada fibra de su naturaleza, conságrese a civilizarse concienzudamente, y aunque me quiera creer o nó, con esto logrará brindarse la felicidad permanente y recuperará el intrínseco e innato valor humano real que ya tantos han (o hemos) perdido.

Destínese a salir a la calle y a redescubrir que quizá usted no pertenece en su Parque Bestial Urbano local, y que usted es una clase diferente de "animal", y también descubra que el encontrarse a sí mismo no es tan difícil; lo que sí, toma cojones y valentía el alcanzarlo. Engalánese con una lustrosa armadura de valores morales, adornada con aquellas virtudes humanas suyas las que nunca ha perdido, y dedíquese a ser usted, un ciudadano moral y civilizado, un ser humano cabal, industrioso y productivo. Y hasta es posible de que encuentre a otros gladiadores tal como usted, decididamente involucrados en la misma ardua pero enaltecedora faena.

Esto será de un gran beneficio para su familia, para la sociedad en que habita, para la raza humana en conjunto, y por supuesto; para usted quien es el más importante integrante del Parque Bestial Urbano en que habita, porque en los Parques Bestiales Urbanos no se vive; sino que se habita. Tenga cuidado de todas maneras porque el ser civilizado no es un antídoto o una vacuna efectiva contra abogados deshonestos u otras basuritas y tumorcillos sociales de este tipo.

Yo le considero a usted como uno de mis lectores muy invisibles y tremendamente anónimos, le respeto incondicionalmente aunque no le conozca; y le dedico mis quizá perturbadores e insolentes pero realistas y muy honestos escritos, con un cariño único y una púdica pleitesía porque el que dá la cara en la calle a todos es usted, tal como lo hago yo. La cara que los demás observan en nosotros es simplemente la que reflejamos.

Ahora, ¿cara de qué tiene usted? ¿De civilita, de hiena, de perro, de gato, o de almorrana? Cara de raja no puede tener porque la raja no es un animal. Pues no sé qué cara tiene usted, ni tampoco sé cuál es el rostro que los otros le ven a usted, o el que usted les exhibe públicamente a la luz del día. De cualquier manera, todos los días usted se pone un rostro para salir a la calle y enfrentar la sociedad cotidiana, aunque sea una cara de huevón, o una cara de inocente y cándido bufón, o quizá su cara real. ¿Quién lo sabe? Cuando yo le vea, le diré platónica y diplomáticamente lo que pienso.

La cara es nuestra carta pública de presentación la cual leen e interpretan a diario nuestros prójimos conocidos y desconocidos, visibles e invisibles, honrados o abogados, sinceros o políticos, morales o curas. No cualquiera puede descifrar los escondidos jeroglíficos escritos en su talante, la mayoría solo pueden leer esas legibles marcas con que usted se adorna la cara a diario, y que sus lectores saben leerlas e interpretarlas con un gran nivel de destreza y clarividencia. Su cara es su fachada, es el traje moral que usted exhibe en su exuberante desfile diario por las barbáricas calles y los brumosos pasadizos de su ciudad --o Parque Bestial Urbano--, o como usted quiera llamarla.

Como la ropa, la cara se ensucia, y por más bien vestido que aparezca en sociedad, si su ropa está sucia y manchada, a veces es mejor circular en pelotas. ¿Cuántas de las caras que usted vé a diario, a su parecer; están sucias, o manchadas, o en ambos estados? Quizá no vea tantos rostros sucios como caras de hienas, de áspides o de sanguijuelas, o quizá caras de loros parlantes como la de mi cotorrienta suegra andando por las calles. Párese a mirar esos rostros más detenidamente la próxima vez que salga a la calle, pero asegúrese que su rostro esté limpio, o por lo menos; calato (2). ¿Ha notado que cuando usted mira a su prójimo en forma directa y abiertamente a los ojos, éste (o ésta) se pone tremendamente incómodo y al vuelo, desvía su mirada de la suya? ¡Pues claro, a través de los francos ojos se puede leer fácilmente lo que hay detrás de la máscara!

(2) Calato viene del vocablo Quechua: q'ala, que significa "desnudo" o "sin ropa". Esta palabra ha sido adoptada como parte del Castellano de diversas regiones de Sudamérica, especialmente en Chile. Los chilenos son extraordinarios. Es la única raza a la cual "se le para el hoyo".

En su ciudad debe haber millones, o cientos de miles, o por lo menos una cachada sumamente grande de gentes que exhiben sus rostros y se los leen mutua y recíprocamente, y los rostros de esta comparsa desorganizada quizá comunican más de lo que piensan. Para el que sabe leerlos, estos rostros enmascarados manifiestan su moralidad, su existencia misma. Cabe decir que la mayoría de la gente simplemente no sabe leer rostros. Usted habrá escuchado más de una vez a un congénere decir: "Este gallo tiene cara de gil". En realidad es la pura cara de gil porque es todo lo que usted puede ver, y además es su opinión personal. De todas formas, ¿sabe usted lo que es un gil? ¿Bajo la autoridad de quién? Humm, esto me huele a estreñimiento cerebral…

Para poder desenredar con certeza y veracidad los intrínsecos significados y mensajes empotrados en las lingüísticas manifestaciones y filologías de las caras de los demás, uno tiene que tener una moral límpida y un carácter desarrollado, o por lo menos, exhibir un porcentaje decente de civilidad; y no ser "cara de palo" como la mayoría de los demás.

¿Soy yo civilizado? ¡Por supuesto que nó señor! ¡Que vá! De acuerdo al gráfico Coa(3) chileno, yo soy un "pobre y triste huevón". Como a mí aún me queda mucha naturaleza de bestia ignominiosa y como estoy medio atorado entre las incivilidades urbanas y los seres civilizados, y sigo siento una triste mutación entre animalejo y humano; sigo trabajando arduamente y sin descanso por una mejoría cívica y espiritual personal para poder un glorioso día, engrosar merecidamente las filas de los "civilitas" evolucionados. A pesar de esto, todavía puedo leer la cara de una traidora y sucia hiena, oler la pestilencia de las inmundas sanguijuelas, y escuchar el siseo engañador y tramposo de los traidores áspides desde un largo kilómetro de distancia, aunque esté nublado y lloviendo.

(3) El Coa es el lenguaje oficial de la delincuencia chilena. Normalmente cualquier lenguaje mal usado degenera en una jerga o en un argot, fenómenos que representan un incivilizado parásito lingüístico. El Coa es peor que esto. La palabra coa tiene su origen en la palabra española "coba", que significa embuste o adulación falsa, y se dice que está originada en el caló español, el lenguaje de los gitanos. Como sea que sea el cuento, los chilenos se las arreglaron para transformar la palabrita hasta que llegó a ser "Coa". En Castellano podríamos expresar nuestra admiración diciendo: "¡Esto es increíble!"; en Coa chileno esto se diría: "¡Estos güeones la cagaron, po!".

Para bien o para mal, yo vivo en un Parque Bestial Urbano bastante grande y que está saturado de estos dañinos y deletéreos cernícalos, pero esto no es lo peor ni lo que me preocupe más. Lo más alarmante y perturbador para mí es que estos gorgojos no solo andan todos sueltos y dispersos por el Parque Bestial Urbano, ¡sino que estas sabandijas son capaces de reproducirse! Esto último, es la más casta expresión fonética hablada de la fórmula del terror más atroz, notorio, comprimido y agobiante que he conocido en toda mi expuesta vida.

Si usted piensa que por el carácter de lo que yo escribo soy una persona discriminante, segregadora y leonina, usted está inmerso en un estado sumamente, intensamente, hondamente, supremamente y tristemente despistado, pero aún así usted tiene algo de razón; porque a pesar de lo que enuncio abiertamente, yo no estoy completamente civilizado aún. Y quizá como usted, yo soy simplemente una persona de gustos y preferencias cuasi-civilizadas sumamente refinadas, y mis sentimientos discriminativos no están dirigidos a la raza o a la razón, sino que sus raíces perduran en el sueño de la civilidad. ¿Qué cosas, no?

Lo único que le pido encarecidamente a usted mi querido lector, es que en su ardua jornada hacia la liberadora civilidad, sacúdase ese comportamiento de boya que flota gandulezcamente en el amplio mar de la inconsciencia, y por favor haga un esfuerzo supremo y costoso, y no se deje arrastrar inmerecidamente por la miopía social, la hipoacusia moral ni la cofosis intelectual. No se encierre en las letrinas nomotéticas infestadas del S.I.D.A. legal, de la sífilis política y del coma religioso que nos traen consuetudinariamente los rapaces buitres del sentido común.

Mire al futuro con un espíritu totalmente exento de ametropía en su conciencia de Hombre, porque usted, ante todo es un Hombre. Deshágase de ese cultivado nihilismo intelectual hereditario que se le cuelga porfiadamente como una rémora hambrienta de cada pensamiento, de cada pálpito de su vida, y de cada hebra de su existencia. Cuando logre cabalmente este espíritu libre; si es usted una dama, se sentirá y danzará como las Doncellas Polovetsianas; y si usted es un caballero, se sentirá y obrará como El Cid Campeador. ¡Buena suerte en su jornada! ¡Oh!, casi se me olvidaba: ¡por favor hágalo con extreme urgencia!

El Loco.

El Buque Manicero

Me acerqué recelosamente al barco que me ignoraba con una displicencia casi insultante, y pedí un tanto indeciso una bolsita de maní confitado. Vacilante estaba porque el maní confitado que este tío vendía parecía estar enfermo. Tenía un color pálido como el de las sucias caras de los huérfanos, y estaba apilado como las pobres almas judías hacinadas en Auschwitz; perdidos en un rimero de otras golosinas extranjeras que no pertenecían a la tripulación del barco.

- ¿Cuánto por el maní confitado? - pregunté en inglés.

-- Cuatro dólares -- respondió el vendedor sin mirarme y con un letal aliento que competía con los fétidos desagües legales neoyorkinos.

- ¿Cuatro dólares? - inquirí con voz sorprendida y un poco molesto por la sinvergüencería.

-- Si no le gusta, puede ir a comprar a otro lado -- me respondió agrio el bruto comisionista.

- Déme una bolsita, por favor - le pedí también en inglés y cortésmente, aunque sabía que estaba perdiendo miserablemente mi tiempo.

El almacenista me hizo una seña despreocupada con la cabeza la que llevaba cubierta con un sucio especie de sombrajo que parecía un gorro hecho en Gomorra, mientras que arqueaba sus cejas en dirección de la pila de bolsas de maní que se amontonaban sin concierto en la cubierta del barco sin capitán. Tomé una bolsita de "maní confitado", y le pagué el importe al mercader que cogió el dinero despreocupadamente de mi mano, y sin darme las más mínimas gracias. Me alejé rápidamente de esa mísera y egoísta comarca de lo incógnito, cargando una profunda desilusión que se balanceaba peligrosamente sobre mi espíritu…

Desde mi niñez
El Barquito Manicero es la embarcación más portentosa y resistente que he conocido en mi larga y azarosa vida. Ya hubiese querido el Glorioso Comandante, el Capitán Agustín Arturo Prat Chacón(1) quién entró clandestinamente a la Escuela Naval cuando tenía apenas 10 años de vida, el haber tenido una falúa de tan invencible estatura. El Buque Manicero ha sobrevivido guerras, debacles económicos, severas tormentas de mierda política, agria pobreza, indecente intolerancia, ácidos prejuicios, viciosa y fétida discriminación general, furúnculos especulativos y otras variadas y punzantes pestes sociales y almorranas intelectuales que le han mirado con menosprecio. A pesar de esto, jamás se ha hundido ni rendido, y jamás de los jamases ha arriado su digna banderita chilena que ondea siempre orgullosa cerca de la chimenea, un poquito torcida a estribor.

(1) Agustín Arturo Prat Chacón es el más ilustre, distinguido y el más notable héroe naval chileno. Prat fué un Oficial de la Gloriosa Marina de Chile nacido el 3 de Abril de 1848 en una localidad cerca de Ninhue, Chile, y murió heroicamente el 21 de Mayo de 1879 durante el Combate Naval de Iquique defendiendo su amada patria. Fué ultimado poco después de haber abordado temerariamente, primero y antes que sus cosacos navales, el monitor acorazado peruano Huáscar, después que éste embistiera letalmente la nave bajo su comando, la Gloriosa fragata Esmeralda.

El tolerante Buque Manicero es originario de las tierras de Chile y del Estado de Arauco, una fértil provincia rubricada, en la región antártica famosa, el buque manicero ha sido un faro de dulzuras gastronómicas, por remotos habitantes consumidas, y por otras naciones respetado por fuerte, principal y pintoresco; el "Maní Confitado"(2), los "Cuchuflís"(3) y el "Mote con Huesillos"(4) que produce son tan granados, tan soberbios, gallardos y sabrosos, que no han sido por Rey jamás rechazados, ni por extranjero dominio sobrepasados.

(2) El Arachis hypogaea confitado, conocido popularmente como "maní confitado" es un producto elaborado a base de maní, mezclado con azúcar y agua, al cual se le añaden unas gotitas de colorante, dejándose hervir a punto de caramelo. Sabe mejor cuando se prepara a bordo de un barquito manicero.

(3) El cuchuflí es un dulce seráfico chileno de masa esponjosa, relleno con manjar virtuoso (dulce de leche), y tiene forma fálica tubular. Es primo del barquillo y su proceso de llenado es similar al del churro. En Argentina se le conoce como cubanito, pero los cubanos no entienden de qué cojones hablan los argentinos.

(4) Cualquier Latino que no conoce el Mote con Huesillos, no sabe nada. Si quiere aprender sobre este brebaje celestial, vaya y busque (Google para los siúticos) por: Néctar de Dioses, Bebida de Zeus, Sexo Líquido, u Orgasmo Culinario; ¡y aprenda!.


El robusto Buque Manicero ha derrotado todos los cataclismos mercantiles que le han afectado y acosado, ha sobrevivido todos los vendavales de ciega inopia, y ha sorteado con gran esfuerzo todos los laberintos sociales y políticos para convertirse en el más significante emblema de un valor implacable, y en una de las simples pero más preciosas particularidades chilenas de más prestigio y originalidad que el Homo Chilensis haya concebido hasta hoy.

En aquellos viejos veranos en que pasaba un tiempo vacacionando en la casa de mis abuelos paternos, me acuerdo claramente que cuando aún era un desgarbado carajito de pantalones cortos y patas flacas, mi abuelito Víctor me llevaba todos los Domingos sagradamente a la Plaza Victoria en Valparaíso, en donde alimentábamos a las palomas de la República de Chile arrojándoles las duras y desabridas migas de pan que habíamos juntado durante la semana, tal como lo hacían los políticos con los pobres y sentenciados mineros del Norte.

Después de que se nos habían acabado las migajas, nos montábamos en las estatuas de los leones de cemento negro que adornaban una entrada de la plaza, luego íbamos a mirar los peces de la pileta central donde me quedaba atónito observando un enorme pez de piedra que lanzaba un arqueado chorro de agua por la boca y que nunca acababa, y el rechoncho querubín que meaba en la pileta sin jamás interrumpirse. Finalmente, mi abuelito me llevaba al "Quisisana" o al "Bogarín" a comernos unos "sanguches" (sandwishes para los siúticos) de jamón con queso y lechuga milanesa en pan de molde sin orilla y con mayo, y un rico jugo de frutillas donde las alegres pepitas de éstas todavía nadaban mareadas en rojos y coléricos circuitos. Acto seguido, me llevaba al "Petit Paris" donde las viejas siúticas compraban los Domingos en la mañana para que la gente creyera de que ellas eran "refinadas", y me compraba un pastelito de crema y chocolate. Le verdad es que estos boliches estaban bastante bien, pero lo que me gustaba más, no era esto.

Lo que realmente esperaba con la joven ansiedad de mis verdes años que se aferraban histéricamente a mis pantalones cortos de cotelé café oscuro, era cuando cruzábamos la calzada desde la Plaza Victoria hacia la Plaza Simón Bolívar (a la que mi hermano, mi hermanita y yo, conocíamos como "La Plaza de Tierra"), frente a la Catedral de Valparaíso a la que los terremotos no habían terminado de descojonar completamente todavía, y en donde las viejas beatas entraban como vacas al matadero.

Y allí en la Plaza de Tierra estaba el siempre alegre Don Lolo con su buque manicero que despedía un aromático humo blanco por su quimérica chimenea, y con su variedad de golosinas y exquisitas gollerías que llenaban las bodegas de su impecable buque, y que hacían palpitar nuestros corazones mientras que se nos hacía agua la boca. En la proa del buque manicero, y en un mástil de madera en forma de "T", Don Lolo tenía su socio comercial y compañía personal: un hermoso loro de vivos y chillones colores y con una lengua sumamente suelta al que había bautizado "Matías", igual que el loro de Condorito(5).

(5) Condorito es el personaje antropomórfico principal de una folklórica historieta cómica chilena creada por el dibujante chileno René Ríos, conocido mejor como "Pepo". Condorito normalmente viste una camiseta roja apretada, pantalones negros parchados que no le llegan a los talones, y ojotas (sandalias hechas de neumáticos viejos). Condorito es pícaro y despreocupado, y se pasa los días divirtiéndose, pidiendo dinero prestado, cortejando chicas hermosas, y haciendo trabajos esporádicos que le dan apenas lo justo para vivir.

¡Que festín! Maní confitado para empezar, cocadas en segundo lugar, el infaltable cuchuflí forrado en chocolate, y para apagar la sed y empujar estas finuras, ¡un gran vaso de mote con huesillos!. Ya tenía el ombligo plano de tanto comer, pero me acababa hasta el último mote que flotaba en el vaso, hasta el último huesillo, y cuchareaba hasta la última gota del dulce jugo de aquellos arrugados y legendarios duraznos secos. No me podía lamer los bigotes porque aún no los tenía, pero por cierto me lengüeteaba los labios y la barbilla hasta donde mi lengua podía alcanzar, y después me limpiaba la boca con la manga de mi camisa, la que al limpiar mi boca, ocasionalmente arrastraba uno que otro moco peregrino que me colgaba despreocupadamente de la nariz.

Don Lolo atracaba su buque manicero en la plaza Brasil porque los "pacos" no lo dejaban instalarse en la Plaza Victoria ya que había una "Orden Municipal" que lo prohibía. Nunca supe cuál fué la famosa "orden municipal" o el por qué de ella , pero me imagino que habría sido una sectaria, segregante, artera y discriminadora maniobra de algún sucio político nacido solo para joder. Estos engendros siguen hoy destruyendo la sacra ciudad de Valparaíso a pesar de que el resto del planeta y su inquilina sociedad la ha declarado oficialmente "Patrimonio de la Humanidad". ¡Por ventura! ¡Ojalá que haya algún valiente porteño que se anime a notificarles de esto a esa alucinada tarambana de politicuchos incultos e incontinentes! Cabe mencionar aquí que le doy mi respaldo completo a las bacterias, porque ésta es la única "cultura" que estos libertinos de mestizaje intelectual tienen.

Pero esto no le molestaba para nada a Don Lolo, porque él era muy civilizado, él respetaba a todos, él honraba y veneraba a los Carabineros, y él no era parte ni descendencia de esa maloliente y bazófica raza de pestilentes ratas a la que conocemos hoy como abogados y políticos. Don Lolo los perdonaba a todos con sus afables maneras y siempre tenía una honesta sonrisa para sus clientes, le comprasen sus mercancías, o no; y nunca le echaba la foca a nadie. En otras palabras, a Don Lolo le daban una profunda y arraigada lástima los circuncidados emocionales con hernias morales y hemorroides mentales(6).

(6) Es ineludible, oportuno y necesario aclarar aquí (otra vez) que en el caso de los abogados, hay que diferenciar nuclearmente en este género entre los "Hombres de Ley", quienes son los que cosechan abundantemente merecido respeto; y el resto de los "abogados" que no valen su peso en feca, ¡ni con descuento!. En cuanto a los políticos, a todos laberintos mentales se les abstiene de cualquier honesta genuflexión.

A veces durante la semana veía a Don Lolo en las empinadas y adoquinadas calles del Cerro Alegre empujando afanosamente su barquito manicero cuesta arriba bajo el vehemente sol del Pacífico, mientras sudaba y se arremangaba los pantalones unas tres o cuatro veces por cuadra porque el cinturón que llevaba era solo para adorno, tratando de llevar sus esenciales delicias a clientes más "elevados". No sé que habrá sido del buen Don Lolo, pero aprendí un montón de civilidad y hombría de él.

Casi al final de la jornada dominguera, mi abuelito Víctor me hacía sentarme en uno de esos verdes y sólidos bancos de la Plaza Victoria con sus costados exquisitamente adornados con sueños de fierro forjado, y en medio de las precámbricas palmeras y de las grises y conversadoras palomas, me hacía lustrarme los zapatos con uno de los numerosos "lustrabotas" que tenían establecido su cepillante dominio en el lado noroeste de la plaza, mientras que él me narraba pacientemente prodigiosas historias de exploradores y aventureros. A lo lejos y cruzando la calle, podía distinguir el humeante buque manicero de Don Lolo trabajando a todo vapor.

Una vez Don Lolo me contó que ese barquito manicero había sido de su abuela y que cuando era pequeño, dormía en él y pretendía ser el Capitán de "La Esmeralda"(7). Y que las chuecas y destartaladas ruedas del barquito eran del destruído triciclo de reparto de su abuelo el que murió trágicamente cuando un camión pasó una luz roja en el momento en que él cruzaba la última intersección antes de llegar a casa...

(7) El Buque Escuela "Esmeralda" de la Gloriosa e Invicta Marina de Chile, conocida también como "La Dama Blanca", es una embarcación de 3.673 toneladas, con un calado de 7 metros, y una eslora de 113 metros; impulsada por un velamen de 29 unidades con un total de 2.870 metros cuadrados, comandada por una dotación de 22 Oficiales, 110 Oficiales de Instrucción, 142 Gentes de Mar, 52 Marineros, y un enorme polvorín hecho de los corazones más grandes y más heroicos que la raza humana haya conocido jamás. Vea Armada de Chile | Historia de la Esmeralda: http://www.esmeralda.cl/prontus_armada/site/artic/20091229/pags/20091229162751.html

Cuando la abuelita de Don Lolo no pudo empujar más aquel barquito que ahora le pesaba más que un transatlántico, lo heredó su mamá que había enviudado cuando Don Lolo era apenas cinco, pero cuando Don Lolo llegó a ser un "lolo" y cumplió los dieciséis; terminó el colegio y se hizo cargo del negocio de la familia, y así su madre pudo dedicarse a otra actividad para ayudar a mantener al resto de la familia. Y así como el buque manicero de Don Lolo, había una armada completa de buques maniceros patrullando las calles del nervioso Valparaíso y perfumando sus deleitosas calles barridas por el viento, con el ensoñador aroma de su etéreo maní confitado.

A veces cuando viajo intermitentemente a Valparaíso, rastreo las calles con atenta mirada en busca de "El Pirata Coqui", que era el nombre del alegre buquecito de Don Lolo, pero no le he visto otra vez. Siempre he estado esperanzado de encontrar a su hijo o quizá a un nieto o nieta comandando ese heroico navío que aún navega vencedor en el mar de mis recuerdos, y que ha sobrevivido tantas generaciones de la familia y tantas degeneraciones de la sociedad que le ha abrazado, escupido en la cara, sonreído, y mirado de reojo.

¿Cuántas otras historias de gloriosos buques maniceros tapizan las calles chilenas? No lo sé, pero aún se ven esporádicamente sus gloriosos Capitanes maniobrando pertinazmente los obscuros estrechos y los insolentes fiordos de la sociedad que les ama, pero que les mantiene eternamente anclados en una negra y escuálida pobreza.

Sus fútiles esfuerzos me recuerdan y me pintan un tétrico parecido entre las lóbregas migajas que les arrojábamos a las palomas, y los sangrantes esfuerzos de los buques maniceros tratando de atrapar con su vendimia, las residuales migajas de vida que la sociedad les arroja, y que les sustentarán por el día siguiente…

Pero el Buque Manicero es más que todo esto, es más que Don Lolo, es más que la mera vendimia, es mucho más que un símbolo de originalidad; es acerca de la ingenuidad del pobre chileno y del chileno pobre y de la inquebrantable resistencia de sus naturalezas invencibles.

Los buques maniceros y los "Don Lolos" han ido desapareciendo triste y paulatinamente de los mares de negro asfalto y lustrosos adoquines de Valparaíso, y ya casi no se les ve navegando por las estrechas callejas ni por sus humildemente empingorotados cerros. Se están extinguiendo angustiosamente y no hay nada que yo pueda hacer al respecto… todavía… El día que desaparezcan será un día muy triste para la humanidad. Valparaíso sin sus buques maniceros va a ser como un general sin soldados, como una mariposa sin colores, como una flor sin pétalos; lucirá macilento como un triste hombre sin sueños… Estos adorables buquecitos se están convirtiendo paulatinamente en pequeños "Caleuches"(8). Tristemente he llegado a la conclusión de que las delicadas existencias de estas románticas navecitas son más frágiles que el himen.

(8) El Caleuche es una nave mítica fantasma de la mitología Chilote y del folklore local de la isla de Chiloé, en Chile. Según cuenta la leyenda, el Caleuche es una nave fantasma de gran calado que navega las aguas alrededor de Chiloé durante las noches. Piloteada por marineros ahogados y por tres figuras mitológicas Chilotas: dos hermanas, Pincoya y Sirena; y su hermano Pincoy.

El Organillero
Pero aunque lo parezca, no todo es tan trágico ni sin solución en esta vida. Hay otros "gremios" también menoscabados, e incluso más afectados que el de los buques maniceros. Dentro de esta categoría de "gremios en peligro de extinción" se encuentran como por ejemplo, los Organilleros. Los Organilleros son otro ilustre ejemplo de la picardía y el ingenio del "Homo Paupérrimus Chilensis". También perseguidos por los estultos políticos de subyacente juicio monocelular.

A unos metros del buque manicero de Don Lolo, siempre se hallaba un organillero con un mono "Tití" al que mantenía con una pretina amarrada al cuello, y el otro extremo amarrado al soporte del organillo. El monicaco éste llevaba una chaqueta roja con botones dorados que se parecía a la chaqueta de Parada del Capitán de Bomberos de la 4a de Viña; y un sombrerito turco también rojo, con un pompón desordenado que le colgaba inquietamente desde el tope.

¡Para qué decir de la cantidad de maní que le vendía a los niños para que le alimentaran el famoso mono! Recuerdo que el mono era medio hediondo, tenía una cola larguísima (como aquellas en los tiempos de la "Unidad Popular") y si no le dabas el maní rápidamente, te lo arrebataba de las manos y se volvía a subir rápidamente con un par de saltos al crujiente organillo con perfecta agilidad cuadrumana para comérselo tranquilo. Creo que el mono hubiese sido capaz de comer más maní si no fuese porque se lo pasaba rascando el hoyo. El Organillero también me confió que los "verdes"(9) no lo dejaban instalarse en la Plaza Victoria porque el mono se cagaba en los bancos de la plaza.

(9) Los términos más comunes como "verdes" y "pacos" son usados despectiva e insolentemente para referirse a los distinguidos miembros del glorioso Cuerpo de Carabineros de Chile, que sin él, el país sería desesperanzadamente una casa de putas revuelta y sin concierto, y sin Orden ni Patria. Vea: http://www.carabineros.cl/

Cuando terminaba su turno, el Organillero metía al mono en una pequeña jaula hecha de madera y con una puerta de malla metálica que parecía una miniatura de la casa de "Viernes", el criado de Robinson Crusoe, y acto seguido, se marchaba dejando atrás un cementerio de cáscaras de maní en el suelo, y se escabullía furtivamente por las alegres calles de Valparaíso por donde se iba a encaramar a saltitos a alguno de esos cerros porteños hasta el otro día; con su organillo colgando en un hombro, y el mono sentado en el otro.

El Chinchinero
Otro héroe colonial de mi Valparaíso del alma era el "Chinchinero", u "hombre orquesta" como le llaman los con la lengua muy gorda o que no pueden pronunciar la palabrita correctamente por la falta de dientes; o sencillamente porque no tienen la más peregrina idea de lo que es una orquesta. ¡El gallo con el bombo a cuestas y los platillos en la espalda se llama Chinchinero! ¿OK?

En aquellos memorables Domingos de antaño en que la sana ociosidad se manifestaba en todas las plazas de Chile, el Chinchinero bailoteaba en las plazas y calles haciendo gala de su agilidad y equilibrio, mientras que se daba más vueltas que un mojón en el agua, entretanto que hacía sonar los platillos de bronce que coronaban el bombo con un cordelito atado al taco del zapato del pié derecho, y le daba huascasos sin piedad al menos traído tambor con un palillo de bombo firmemente asido en la mano derecha.

Mientras ejecutaba estos ardides y maniobras sincrónicamente, le añadía a la música los sonidos de una harmónica desafinada que llevaba instalada en un armatoste que le colgaba en el pecho cerca de la boca, al mismo tiempo que zarandeaba febrilmente unas
maracas hondureñas con la mano izquierda… !y hasta cantaba! … y la NASA todavía no puede encontrar a alguien que sea capaz de maniobrar y salabardear más de tres cosas al mismo tiempo sin equivocarse…

¡Cosa más grande! El Chinchinero se adueñaba de la calle. Había que mantenerse a distancia para que el bombo no lo aturdiera a uno si lo pillaba al alcance de uno de esos giros de molinete acelerado. ¡Para que decir del zapateo! Mientras bailaba, ejecutaba unos tejemanejes con los pies con una precisión que dejaban a Fred Astaire marcando ocupado. Siempre me llamó la atención de que llevaban un curioso sombrerito que parecía que lo habían heredado de un muerto más chico, o quizá yo no me habría percatado nunca de que todos los Chinchineros quizá eran cabezones… ¿Qué cosas, no?

En todo caso, el Chinchinero era parte integral de las actividades domingueras de aquellos largos días de Verano de mi soñadora niñez. Apenas el Chinchinero terminaba su perspicaz acto circense/musical/malabarista/equilibrista, yo me acercaba a su sombrerito que ahora le pedía propina al improvisado público, y depositaba ansiosamente mis 5 Escudos para contribuír con este arte tan circumbirúndico (si usted es chileno, no necesita explicación alguna para esta notoria y singular facundia verbal).

El Afilador
Otro "Perdido en Acción" es el "El afilador". Quizá este título le cause nerviosidad por su claro significado alelo a ciertas actividades sexuales, pero no se preocupe de ello porque éste "afilador" no era nada de eso, sino que era un flamante "Afilador de Cuchillos" que portaba una rueda de piedra de esmeril a pedales, la que sentaba verticalmente en un bastimento de madera con una sola rueda.

Recuerdo que mi abuela juntaba laboriosamente en un cajoncillo de madera todos los cuchillos de la casa que habían perdido su filo, y que necesitaban ser afilados nuevamente. Ella nunca se perdía el llamado de los Sábados por la mañana que vociferaba: "¡Cuchiiiillllooos!, ¡afilo cuchiiiillllooos!, ¡afilo lo que sea patronciiitttaaaa!". El Afilador se detenía en ciertas esquinas estratégicas, y después de unos instantes, las clientas comenzaban a descolgarse desde las multicolores casas porteñas con sombreros de fonolita acarreando sus colecciones de cuchillos y tijeras romas para que El Afilador les diera nueva vida.

Por la forma en que algunas usuarias miraban al afilador y en la coqueta forma en que le hablaban, no me extrañaba que El Afilador afilara más que simples cuchillos. ¿Quizá de ahí se deriva su reputación? ¿Qué cosas, no?

El caso es que a mí me encantaba ver como El Afilador pedaleaba su piedra esmeril y maestramente deslizaba las hojas de los romos cuchillos para atrás, y para adelante acompasadamente, mientras miraba a sus clientas con una sonrisa pícara mientras que hacía saltar sus cejas rápidamente tres o cuatro veces, a lo que éstas respondían con amplias sonrisas y coqueteos. Algunas viejas (también con cuchillos romos) miraban este animado coloquio con un muy serio desapruebo hecho patente en sus graves y arrugados talantes.

Durante la pulimenta, el esmeril que parecía hecho de pedernal escupía diligentemente una lluvia de chispas rojas, naranjas y amarillas que caían al suelo y rebotaban como saltamontes en celo, y se desparramaban avivadamente como mis ansias de vivir, y el infernal ruido que hacía esa rueda de piedra al morder el metal, llenaba la calle y saturaba mi imaginación con los mismos sonidos que emanaban de los relatos fabulosos que mi abuelito Víctor me narraba cada noche de Verano, lloviera, o no.

Con el tiempo, aquellas fogosas chispas y ese metálico y abrasivo sonido del esmeril se fueron disolviendo entre los días y las semanas, y ya no oigo ni los llamados, ni el incesante sonido de la rueda, ni veo ya más las vivas chispas que me regalaron su magnífico espectáculo de luces inocentes.

El Botellero
El último protagonista de que me acuerdo que deambulaba por ese gran teatro de las calles y de las plazas, era El Botellero. El Botellero estaba más inclinado hacia el comercio que hacia la expendeduría del show y la entretención. Éste poseía un carromato de dos ruedas gigantescas que a veces lo tiraba un caballo o un burro, o que lo tiraba el mismo Botellero desde su amplio agarradero. También gritaba a pulmón abierto su llamado de la selva: "Boteeeellllaaaas, diaaaarioooos, cartoooones comproooo!" y repetía el sonsonete con su voz rancia de aguardiente hasta que alguien le salía al paso acarreando alguna de estas desmerecidas mercancías.

Nunca entendí el por qué de que éste señor compraba diarios viejos. ¡Las noticias ya estaban añejísimas! Ya existía el "papel confort" en esos tiempos, y no había uso para este tipo de documentos en los inodoros de la República. ¿Sería que se los vendía a las persona más "lentas" para que se pusieran al día? Nunca lo supe, pero como dice el adagio, "cada loco con su tema".

Deus Absconditus
Hay otros dioses escondidos (deus absconditus) de los cuales no tengo historias o apólogos para compartir con ustedes, o para relatarles tradiciones o cuentos acerca de estos otros personajes que también son partes calificadas del paño tan heterogéneo que enrama e hila nuestra sociedad tapizada del "Homo Paupérrimus Chilensis".

A estos personajes se les denomina "vendedores ambulantes". Lo único que tienen de "ambulante" son sus clientes. Ellos normalmente estaban estacionarios atendiendo a sus negocios. Nosotros éramos los "ambulantes" que pasábamos despreocupadamente alrededor de sus sacrificadas e injustas vidas. Si no tengo otra opción de que llamarlos "vendedores ambulantes" porque la sociedad lo dicta así, pues entonces los nombro aquí oficialmente y públicamente ante mundo y todos sus habitantes planetarios inteligentes como "Deus Viatoris Absconditus" - Dioses Viajeros Ocultos.

Me acuerdo de "El Viejo del Saco" con que nuestras madres y abuelitas solían asustarnos para que nos portáramos bien, del "Canilla" que se preocupaba de que usted tuviera su periódico el momento en que lo necesitaba, me acuerdo del "Algodonero" que producía esas enmeladas nubes de colores ensartadas en largos palitos de bambú para alimentarles el alma a los niños, me acuerdo del "Churrero" infaltable en cada soleada playa de la Larga República que encara el Mar Pacífico, me acuerdo de "Heladero" con su carrito lleno de polares delicias que nos ayudaba a combatir los secos calores que hervían en nuestra piel. También me acuerdo de otros, pero no me quiero acordar de ellos ahora.

Me acuerdo de todos ellos, pero no me acuerdo ni una vez en que la sociedad chilena haya sacado la cara por ellos… Ellos estuvieron (y siguen estando) por nosotros para cuando les necesitemos, …pero no me acuerdo ni una vez en que la sociedad chilena haya sacado la cara por ellos… No, no me acuerdo ni de una sola vez…

Espejismos
El último buque manicero que ví fué en la ciudad de Nueva York en los Estados Unidos… Hace un tiempo ya, pero me llamó poderosamente la atención de cómo ésta Flota Naval Sobre Ruedas había expandido sus horizontes de Terras Navales hasta lugares tan lejanos y remotos, navegando tímida y humildemente para traer sus delicias a paladares nuevos y extranjeros.

Lo descubrí solitario entre el fétido vapor que emanaba de las cloacas neoyorkinas mezclado con la matinal neblina de río Hudson que cubría las gastadas veredas de mayólicas baldosas del "Rockefeller Center". Me pareció estar viendo un espejismo como aquellos que vieron los asustados enemigos de los "Cazadores del Desierto" durante sus fantasmagóricas cargas en la Campaña del Norte en el polvoriento y sangriento año de 1881.

Con disimulo pero con la naturalidad con que mi vida me enseñó a defenderme, me aproximé al buque manicero abriéndome paso a codazos - el estilo propio de esta ciudad- entre la caterva neoyorkina que me bloqueaba el paso. El barco, arrimado contra una muralla sucia y húmeda escupía humo negro por una chimenea sin personalidad.

Me acerqué recelosamente al barco que me ignoraba con una displicencia casi insultante, y pedí un tanto indeciso una bolsita de maní confitado. Vacilante estaba porque el maní confitado que este tío vendía parecía estar enfermo. Tenía un color pálido como el de las sucias caras de los huérfanos, y estaba apilado como las pobres almas judías hacinadas en Auschwitz; perdidos en un rimero de otras golosinas extranjeras que no pertenecían a la tripulación del barco.

- ¿Cuánto por el maní confitado? - pregunté en inglés.

-- Cuatro dólares -- respondió el vendedor sin mirarme y con un letal aliento que competía con los fétidos desagües legales neoyorkinos.

- ¿Cuatro dólares? - inquirí con voz sorprendida y un poco molesto por la sinvergüencería.

-- Si no le gusta, puede ir a comprar a otro lado -- me respondió agrio el bruto comisionista.

- Déme una bolsita, por favor - le pedí también en inglés y cortésmente, aunque sabía que estaba perdiendo miserablemente mi tiempo.

El almacenista me hizo una seña despreocupada con la cabeza la que llevaba cubierta con un sucio especie de sombrajo que parecía un gorro hecho en Gomorra, mientras que arqueaba sus cejas en dirección de la pila de bolsas de maní que se amontonaban sin concierto en la cubierta del barco sin capitán. Tomé una bolsita de "maní confitado", y le pagué el importe al mercader que cogió el dinero despreocupadamente de mi mano, y sin darme las más mínimas gracias. Me alejé rápidamente de esa mísera y egoísta comarca de lo incógnito, cargando una profunda desilusión que se balanceaba peligrosamente sobre mi espíritu…

No pude saber de qué nacionalidad era el vendedor. Su incógnita estirpe se enmascaraba con los visos del ruido, de la neblina, del humo, y de las macilentas memorias que llegaban atrasadas a mi mente. El buque manicero no llevaba los vívidos colores de las banderas de mi puericia… Ni tampoco tenía nombre el barquito éste. Si lo hubiese tenido, estoy seguro que hubiese sido "Caleuche". Me alejé despacito del buque manicero mirando hacia atrás soslayadamente y con grandes sospechas.

Abrí desapaciblemente y sin ganas el estulto paquetito que contenía el "maní confitado", agarré unos tres o cuatro quizá, y empecé a comer desabridamente… Ya no sabían a niñez ni a Valparaíso, ni a Don Lolo ni al Organillero, ni al Chinchinero y ni a los inmortales Relatos Fabulosos de mi bien amado abuelito Víctor; ni tampoco tenían la amplia sonrisa del "Lustrabotas" de la Plaza Victoria, ni evocaban el preocupado canto de las palomas de La Plaza de Tierra. No señor, no señor; estos engendros de maní confitado no sabían a nada de esto…

Ya tarde esa fría noche, me encaramé en mi automóvil y me volví presuroso entre el odioso tráfico de la carretera interestatal 95 a mi hogar en Arlington, Virginia. Durante el aburrido viaje sin eventos repasé en mi cabeza los recientes acontecimientos de mi viaje a esa sodómica ciudad saturada de gentes cuyas existencias están indulgentemente constituídas de pasiones erróneas, intransigencias inmorales, y de lúbricos y ligeros principios que rigen sus disipadas existencias. Me hablaba en voz alta a mí mismo mientras manejaba de vuelta preguntándome de cómo las cosa habían cambiado desde el ayer tan cercano y palpable en mi corazón, pero tan lejano e inmanente en la realidad.

Necesito explicar y aclarar aquí de que el hecho de que usted se hable a sí mismo en voz alta no es ningún signo de estar loco (exceptuando la presente compañía por supuesto). El ambiguo y perplejo hecho de contestarse a sí mismo en voz alta durante este coloquio monológalo, a pesar de que es un nivel más arriba de hablar consigo mismo; tampoco constituye de por sí un serio argumento para acreditar locura. El estado de locura se acrisola y se convierte en un embarazoso e irremediable problema cuando uno ¡comienza a interrumpirse a sí mismo! ¿Yo? Yo todavía no me he interrumpido a mí mismo. Creo…

Después de casi un tanque completo de gasolina y un montón requetegrande de millas, llegué de madrugada y muy cansado a mi albergue y fortaleza familiar. Tenía muchas ganas de irme a dormir y descansar de tan agobiadora jornada, pero decidí en cambio tomarme el tiempo de escribir con gran esfuerzo y en el más profundo silencio este desconsolado panfleto, porque sabía que éstas últimas protervas memorias no sobrevivirían largo en los apasionados e infernales fogones de mi alma inmortal y sempiterna.

¿Qué cosas, no?

El Loco.