Hay una enorme cantidad de tradición, carácter popular, relatos fabulosos, pintorescos cuentos e intrigantes contubernios que rodean mitológicos lugares engendrados en las más enredadas y quiméricas fibras del folklore chileno. Lo cierto es que hay muchos lugares como éste que se entreveran entre la historia, la apología y la realidad de la vida cotidiana del Homo Chorus Porteñus(1), y comparten las profusas memorias de cuanto caminante haya pisado las cariñosas riberas del espléndido y apasionado Puerto de Valparaíso.
(1) Latín para "Choro del Puerto" de acuerdo al zahorí Rodrigus Inasnum Rabidus.
Revisitaremos las distintas crónicas acerca de estos legendarios lugares en más detalle y de acuerdo a pormenores y referencias obtenidas directamente de aquellos valientes y suertudos ciudadanos, que tuvieron la dicha y ventura de haber sido parte activa de su brumosa pero célebre historia. Estas - quizá profanas- memorias para algunos sean un poco crudas, pero son reales y son un tegumento tejido para siempre en la amplia e inagotable capa de sueños del Puerto.
El Muy Ilustre Puerto de Valparaíso le hace honor a su nombre portugués: Valle del Paraíso. ¿Como no?, si ha generado lugares y retazos paradisíacos como La Vieja de las Cazuelas, La Pensión Soto, La Pensión Angulo, La Otra Vieja de las Cazuelas, La Tía María, y la Pensión Soto-Lillo por nombrar algunos de los más afamados y conocidos lugares por sus clientes públicos, clandestinos, y variados miembros de las sociedades más diversas y heterogéneas que la sociedad chilena ha podido generar. Estos lugares vieron desfilar de incógnito una colección sin final, que entre sus nutridas filas contaba con los más encumbrados políticos chilenos, pasando desde Presidentes hasta "Pacos" de civil.
Encomendemos nuestras memoria a recordar estos extáticos y legendarios lugares con la abundante nostalgia que nos provee generosamente la edad, y con las muchas hojas del compendio del pasado de nuestras vidas. Revisemos estos lugares sin criticarlos, sin juzgarlos, simplemente por el regocijo del inmanente y placentero recuerdo; y por el simple hedonismo del que estos andurriales nos trajeron alguna vez en aquellas delirantes décadas de nuestras atolondradas y explosivas juventudes. Estos vetustos lugares no son únicos en naturaleza, sino que son una cadena extra-oficial de dueños independientes que usan la rememorada reputación de estos asentamientos para ganarse la vida, con la generosa y bien pagada bendición de sus abundantes y espontáneos parroquianos.
Como sana pero clara advertencia, declaro que este escrito no contiene ninguna palabra que usted no conozca o no haya escuchado antes, o no haya usado antes en forma consuetudinaria y tradicionalmente chilena. Si por alguna inentendible e inaudita razón usted encuentra alguna palabra dudosa, algún vocablo que considere ofensivo, o alguna veraz expresión que razone descomedida -a cual usted dirá cándidamente que "no conoce"- váyase rapidito, directa e inmediatamente al doctor porque no es probable, sino seguro de que usted es cartucho.
La Vieja de las Cazuelas
La versión popular que se atiene a las buenas costumbres y que puede mantenerse pública, es que "La Vieja de las Cazuelas" es un rimbombante y campanudo restaurante ubicado en la calle Colo-Colo 1217, en el Barrio O'Higgins de Valparaíso. El nombre que oficialmente lo identifica es Restaurante Los Deportistas; pero es conocido por la caterva por su otro pegajoso nombre. Es como cuando le cambiaron el nombre a Pudahuel...
Irrefutablemente, este mágico restaurante es el mejor conocido en el planeta por la superior calidad en la preparación de sus carnes. No sé qué carajos le hacen a los trozos de vaca muerta con sus recetas nigrománticas y sobrenaturales obtenidas del misterioso Libro de Merlín, pero el sabor de sus "asados de detective", perdón "asado de tira", de lomo vetado, lomo liso y del otro, el bife de chorizo, filetes, el bistec a lo pobre, la carne mechada o la lengua nogada son de antología Nerudezca, y también tienen una variedad de otras delicadeces de lujuria simplemente libidinosa. Estas magníficas manducatorias son; para describirlas con justicia en una sola y magnífica palabra: ¡orgásmicas!
Coma lo que coma en "la Vieja de las Cazuelas", usted no será jamás defraudado. ¡Ah!, y el tamaño de los bifes, ¡grandes y gruesos tal como le gustan a su tía Josefa! ¡Ni hablar del Pisco Sour! (Pijco Zagüer para los flaites). Cada vez que bebo un pisco sour de éstos, se me para... liza el corazón, se me alborota el espíritu, y me olvido automática y súbitamente de mi suegra. Tienen otro trago, al cual se le debería referir como "la bebida celestial"; pero que se llama Piña Culiada en el menú. La verdad es que nunca probé esta pócima. La esmerada atención de sus dedicados camareros es excelente y cariñosa, y el ambiente es alardeantemente mejor que el del "Quitapenas".
Si quiere comer como un dios, no pierda su tiempo cansándose de recorrer los restaurantes de la región. Váyase directamente a La Vieja de las Cazuelas porque éste lugar es el excelso milagro gastronómico chileno, con sus frutas y ensaladas cosechadas directamente del paraíso, éste es un lugar digno de La Última Cena, la que si hubiese ocurrido allí, los apóstoles se habrían reconciliado con el género humano. En La Vieja de las Cazuelas no se practica la filosofía absurda, cínica y embrutecedora de "es lo que hay, pos!".
Según cuentan las crónicas Porteñas, hace unos 50 años más o menos, había una cancha de fútbol cerca del restaurante en donde, después de la práctica, los cansados, hambrientos y sedientos jugadores y deportistas se congregaban religiosamente a ejercer el rito pabulezco de consumir aquellas vivificantes, calladitas y humeantes cazuelas de entonces. Esto todavía sigue perpetuándose con hospitalidad táctica, y con el abundante y copioso cariño de Don Renato Navarro, hijo de la dueña, cocinera y Diosa Indiscutida de las Cazuelas; la bendita Doña Ida Delgado, que con sus ubicuos y gastronómicos 80 años y sus bienaventuradas y consagradas manos, ha forjado una portentosa e indisoluble parte de la gloriosa historia del eminente Puerto de Valparaíso.
La Pensión Soto
Según se ha oído de fidedignas fuentes provenientes del Correo de Las Brujas y de "El Clarín", la muy distinguida y de muy alta prosapia Doña Celia Soto, patrona y poseedora del consorcio que recita dicho nombre en donde les brindaba a sus gozosos y leales pensionados -y a otros visitantes pasajeros-, las soporíferas delicias y las divinas y considerablemente necesarias complacencias humanas de Casa, Comida, y Poto. (No necesariamente en este estricto orden).
Los originales e ineluctables servicios de esta memorable pensión la convirtieron en la casa de huifa mas famosa de la historia, destacándola como la esfera más visitada del planeta de sur; más atendida que los museos, que los hoteles de cinco estrellas, y que las misas; exangües entidades que no han podido nunca competir con la indefectible bohemia de la inmortal y vitalicia Pensión Soto.
Un mal día, la muy distinguida y de muy alta prosapia Doña Celia Soto, recibió una fulminante e inesperada noticia que cambiaría su vida de displicente bacilón para siempre. Una inocente carta proveniente del Norte despachaba apuradamente el acaecimiento de que el único amado sobrino que ella tenía, llegaba a la pensión. ¡Que cagada!
A este bienquisto sobrino de la muy distinguida y de muy alta prosapia Doña Celia Soto, quién venía a estudiar Ingeniería a la renombrada e inmortal Universidad Técnica Don Federico Santa María, siempre se le inculcó mientras crecía con la idea de que su pundonorosa tía era la orgullosa dueña de un templo Evangélico muy respetado por la comunidad. Hasta se dice que el gallo flaco aquel que saltaba en las calles con los brazos en alto profiriendo a viva voz: "¡Gloria al Poderosos, Gloria al Pulentos, Gloria al Capos!" mientras sujetaba en una mano un libro de dudosa procedencia con una cruz dibujada a mano en su tapa, era un benemérito miembro del establecimiento Evangélico de la muy distinguida y de muy alta prosapia, Doña Celia Soto.
Con este lamentable episodio y para el desmedro de sus incontables y devotos clientes, la afamada Pensión Soto cambió de rubro subrepticia, inesperadamente y de sopetón para mantener el honor y reputación de la familia, y para proteger la dignidad del amado sobrino; quien era por cierto, el orgullo y la joya de la familia. ¡Que dios la guarde a usted nuestra muy distinguida y de muy alta prosapia, Doña Celia Soto, y muy larga vida a la laureada Pensión Soto!
La "OTRA" Vieja de las Cazuelas
En Valparaíso, poco antes de los "troles" y en aquellos días en que la energía eléctrica era un insólito e increíble prodigio, y durante aquellas altas horas de la noche en que hasta los búhos estaban durmiendo, cuenta la chusma inconsciente porteña de que en la oscuridad que prodigaban las noches del Cerro Alegre, en medio de sus callejuelas de adoquines, tan angostas y misteriosas, adornadas con sus característicos mojones de perro y meado de borrachos; cerca del empinado ascensor y no lejos del reloj "Turri", se vislumbraba a lo lejos el titilante resplandor de una tímida lámpara que servía de faro a los pasajeros, y también para atraer a los obscenos pájaros de la noche que deambulaban taciturnos e hipnotizados en las empinadas callejuelas del sustantivo Cerro Alegre.
Ésta era indudablemente una casa de alcurnia y abolengo. Por lo menos así se le reconocía en aquel tiempo en que el pirata don Francis Drake bombardeaba Valparaíso desde sus navíos anclados en la rada de de este cálido puerto. Aún se podían ver en las viejas murallas de la casona los mordiscos que las balas de cañón le infligieron. También hay manifiesta evidencia en las murallas de las habitaciones, de surtidos arañazos aparentemente infligidos por uñas desesperadas y en trance coital. Pero ¡cuidado!, ésta no era cualquier casa, éste era un dulce purgatorio donde los cuerpos venían a pagar sus carnales deudas, y un lugar que redimía placenteramente las insaciables lujurias de aquellos menos afortunados.
El cuento dice que la dueña de este inconfundible establecimiento conocido también como La Vieja de las Cazuelas, se había ganado el apodo de "La Viuda Alegre", simplemente porque era viuda, y muy alegre por cierto. No se le puede criticar a una dama el que trate de ganarse la vida cuando el gueón irresponsable del marido se muere sin aviso y sin dejar las cosas en orden.
Mis fuentes me aseguran de que el nombre de este lugar de expiación carnal obedece a que su dueña reclutaba viejitos que habían perdido sus Montepíos, y que estaban en gran necesidad de ganarse la vida, y ésta Vieja de las Cazuelas les brindaba a dichos hombres en necesidad con una honesta oportunidad de ganarse la vida, donde usaban sus propias herramientas personales, tal como lo haría un consultor de nuestros días.
Como esta cohorte de servidores era de avanzada edad, y aún más, el estado de su salud era perentorio, cada vez que prestaban sus servicios a las alegres damiselas y viudas surtidas que les visitaban, terminaban cansados y tembleques, en otras palabras, los dejaban "p'al gato". Como la dueña era una buena, preocupada y justa empleadora, apenas acabados los servicios prestados a la comunidad por sus viejitos, ella les agasajaba con una prominente, sabrosa y humeante cazuela de vaca para que éstos recuperaran sus fuerzas; porque soldado que sobrevive, sirve para otra guerra.
El susodicho domicilio era frecuentado por aquellas damas que sí tenían Montepío, pero que sus esposos ya no estaban presentes para cubrir las pecaminosas necesidades de sus esposas. Así, ellas dividían su Montepío rigurosamente entre renta, utilidades, y jamón. El único descontento con esta fértil actividad, era el cura de la parroquia cercana que tenía que competir en una malograda lucha por los diezmos de sus feligresas que preferían invertirlos en una realidad.
Y ésta es la historia verídica de la "otra" Vieja de las Cazuelas. Si piensa jubilarse pronto y usted sospecha que su Montepío no le alcanzará para mantener su nivel de vida, dése una vueltecita por el Cerro Alegre, y quizá consiga una peculiar ocupación de medio tiempo. Dato: No hay que ser viudo para conseguir empleo. Otra cosa, si usted es viejito y su equipo no funciona muy bien, no se preocupe y repítase a sí mismo: "Mientras haya lengua y "deo", en la impotencia no creo".
La Tía María
El ancestral establecimiento popularmente llamado La Tía María, es quizá el epítome de la lujuria educacional universitaria y de la vida verde. Doña María Concepción de las Mercedes de Alcántara y Echeverría-Palominos; mejor conocida como "La Tía María", y contrario a lo que desesperadamente predican las altas y nerviosas esferas sociales chilenas que piensan que son de alcurnia prominente, Doña María Concepción de las Mercedes de Alcántara y Echeverría-Palominos era de buena familia, educada, y con más sentido común que cualquier miembro de cualquiera de las familias chilenas que reclaman ser "de buena cuna", aunque éstas no puedan ofrecer ninguna evidencia de ello .
El estilo de La Tía María era explícito, objetivo y claro. Ella creía en la educación temprana y práctica. No era ninguna soñadora, por el contrario, ella tenía los pies bien puestos en la tierra y en forma realista. Ella sabía bien que el conocimiento se adquiere basado en la práctica y la repetición; y mientas más temprano aprenda uno, más capaz será un individuo de resolver los asuntos de su vida.
En los dormitorios (en los que nunca se dormía) de su amplia casona colonial de Playa Ancha, colgaban unos pequeños pero visibles letreritos sujetos a la cabecera de los tálamos. El letrero recitaba: "Si quiere cama ancha, venga a Playa Ancha". Este letrero tenía mucho sentido si usted dormía en los atiborrados dormitorios de escuálidas camas del pensionado de la Santa María. En estas camas era peligroso dormir porque si se daba vuelta mientras dormía, seguro que se caía al suelo.
Bueno, una de las cruzadas estudiantiles más beneficiosas de La Tía María, era que ella guiaba a los nuevos estudiantes (y a los viejos también) de las universidades de la región a familiarizarse con el concepto de la reproducción estéril y sin consecuencias, y de la anatomía voluptuosa práctica al tacto. Ella y sus atractivas subalternas de minifalda y de generosos pechos se encargaban de atraer a la nueva ola de estudiantes, para rápidamente iniciarlos en los ritos de la vida, porque que en las universidades (ni en los colegios) nunca enseñaban estas imperiosas habilidades ni por error.
Sus embajadoras de hermosas piernas y rápidas sonrisas pululaban en los alrededores de las universidades reclutando pájaros verdes que estaban ansiosos por cambiar el plumaje. El ambiente pedagógico se mantenía constantemente ya que las embajadoras siempre le preguntaban a sus prospectos: ¿Oye, querís irle a sacar punta al lápiz?.
Doña María Concepción de las Mercedes de Alcántara y Echeverría-Palominos se ganó el mote de "Tía" porque siempre trató cariñosamente a todos sus jóvenes visitantes de "sobrinos". ¡Que dios me la guarde Tía María!
La Pensión Soto-Lillo
La Pensión Soto-Lillo se destaca por ser quizá el concepto más avant-garde, liberal y sofisticado en la monarquía de las pensiones. El término monarquía se usa expletivamente aquí sólo para hacer un condescendiente paralelo debido a que, por derecho naturalmente heredado; cada administradora de estos amables lugares era una Reina en su propio derecho.
El eslogan de la Pensión Soto-Lillo era muy simple, pero decididamente categórico. ¿Cómo es ésto, se preguntarán ustedes? Pues la respuesta es simple, pero antes de contestarla, es necesario recalcar que la Pensión Soto-Lillo también ofrecía un servicio exclusivo a la población porteña, estrictamente necesario y confidencial , no sólo para con sus clientes, pero para con sus alegres y vivificadoras matronas que hacían del establecimiento una perla más de la Ilustre Ciudad de Valparaíso, siendo ésta una de las razones del por qué a este puerto se le ha llamado siempre "La Perla del Pacífico".
En la Pensión Soto-Lillo se congregaban las damas que habían hecho fortuna, que eran pudientes, o que tenían los medios de procurarse recatadamente algunos placeres para sus solitarias vidas. Como esto era un asunto sumamente confidencial, los "clientes" eran escogidos cuidadosamente y se les inculcaba un severo código de honor y de confidencialidad, diseñado única y exclusivamente para proteger las reputaciones de tan distinguidas damas. Para asegurarse un buen funcionamiento sin tropiezos ni deslices, a los "clientes" se les pagaba bien por sus servicios. De ahí el lema: "Pensión Soto-Lillo, Casa, Poto, y Plata p'al bolsillo".
Otro rasgo identificante de ésta pensión era que las damas escogían nombres de fantasía para proteger los suyos propios. Por ejemplo, si una dama gemía y aullaba durante la ascensión copular, se le tildaba: "El Llamado de la Selva". Si se quejaba mucho y gimoteaba entrecortadamente, entonces era "La Crujidera". Ahora, había una que imploraba y a grito pelado vociferaba: ¡Dios mío, dios mío!, esta era "La Santa"; y también había una que cuando alcanzaba el orgasmo le daban espasmos, tiritones, y se ponía tiesa. A ésta se le catalogaba como "La Terremoto". Hay muchos ciudadanos que dan fé de esto.
Si usted le pregunta a su abuelita inocentemente: ¿Abuelita, conoce usted La Pensión Soto-Lillo?, y su abuelita se sonríe levemente y deja escapar un suspiro con una mueca de nostalgia; ¡no pregunte más! Dése vuelta, y váyase rapidito para donde esté dado vuelta. Esto es peligroso. Cuando yo le pregunté cándidamente a mi abuelita acerca de este asunto, mi abuelita exhaló un alarido de triunfo, esgrimió una sonrisa tan grande que le resquebrajó el maquillaje de las mejillas; se sujetó como pudo del bastón mientras que se arremangaba los calzones, y profirió con orgullo: ¡Por supuesto mi nieto querido, ¡yo era Black Demon!
Ese oscuro y nefasto día perdí totalmente el interés en la intitulada Pensión Soto-Lillo, y nunca más volví a pisar el Cerro Artillería. (¿Black Demon?, ¡no joda!).
La Pensión Angulo
La pensioncita ésta no era del agrado de muchos y no comulgada con las buenas costumbres de la pintoresca población del Cerro Barón. La gente del vecindario reclamaba por el mal olor a mariscos que la casa dejaba escapar furtivamente; posiblemente porque era frecuentada a muy menudo por marineros y pescadores de los puertos y de las caletas cercanas.
Esta pensión fué siempre sospechosa. Cada vez que este nombre se escuchaba, muchas cejas se fruncían con gran disgusto. A pesar de que era visitada por caballeros muy finos, daba la fuerte impresión de que nunca había mujeres envueltas en la huifa. Conclusiones pueden sacarse del nombre de este establecimiento que parecía sacado de una calle de Gomorra: "La Pensión Angulo, Casa, Comida, y el resto lo pone Usted".
Además estaba la bulla incesante de aquellas voces un tanto masculinas que afanosamente cantaban: "♪♪Del Cerro de Los Placeres♪, ♪yo me pasé al Barón♪, ♪me vine del Cordillera♪♪, en busca de mi Amor♪♪...♪", y así, entre los gritos y los sacudones con tos, la juerga se desenvolvía hasta altas y tempranas horas de la madrugada.
Aparentemente las actividades realizadas en esta pensión eran un poco peligrosas y podían afectar visiblemente a sus usuarios y en una forma negativa, y aún así; éstos se negaban rotundamente a consultar un médico. Digo esto porque los parroquianos del Cerro Barón cuentan que los finos caballeros que entraban caminando tranquila y derechamente a este pernoctámbulo establecimiento, cuando se retiraban a sus lugares de origen, salían caminando medio raro, con un paso cuico e inseguro, y se les notaba ostensiblemente al caminar que iban apretando los cachetes y los labios, lo que hacía que estos gentilhombres caminaran con un vaivén medio julero y medios torcidos para atrás.
Estos galanes que ocultos entre la niebla matutina del puerto tomaban tempranito la "micro" al frente del Ascensor Barón, nunca se sentaban a pesar de que el vehículo estaba completamente vacío. Raro, ¿no?
A continuación, en esta sección escrutaremos otras pensiones menos conocidas pero igualmente frecuentadas. Cuentan entre sus clandestinas y apretadas filas con los siguientes establecimientos:
La Pensión Cataluña
Se dice que esta pensión la fundó un español medio julero. Este personaje emigró desde Cataluña en un barco donde la promiscuidad era parte de la entretención, y los veladores de los camarotes en vez de tener una biblia en el cajón, tenían K-Y Jelly. Nadie realmente sabe lo que pasó durante esta marea, pero la mayoría de los pasajeros que pisaron tierra en el Puerto de Valparaíso donde sus esperanzas eran el comenzar una nueva vida, eran muy finos, y de acuerdo a los pasajeros con esposas o novias, éstos viajeros eran "inofensivos". Curiosamente el nombre del barco era "HMS Vaselina".
La crónicas establecen que a finales del siglo pasado, especialmente alrededor de 1998, la gente creía que el mundo se iba a acabar en el año 2000. Éste era una creencia muy enraizada en el dictamen popular, pero contrario a lo que pasó a fines del siglo XVIII, la gente no se suicidó en ciego pánico, sino que decidió vivir los últimos días del siglo gozando de los placeres de la carne y de otras variadas molicies; después de todo, el mundo se acabaría de todas formas y no había nada que perder.
Con estos hechos a la vista, y con los temores (por ahora fundados) de la población, La Pensión Cataluña abrió sus amplias puertas a todo el mundo bajo el lema: "Pensión Cataluña, donde se tira el Poto a la Chuña(2)".
(2) A pesar de ser un apodo muy conocido y también es el nombre de un ave corredora del Cono Sur de la familia "Phorusrhacidae" (la cual es muy parecida al "Correcaminos"); chuña es una palabra derivada del Mapudungún -y muy chilena por cierto- que significa: "Arrojar algo al aire para que cada cual recoja rápidamente lo que pueda".
El 31 de Diciembre de 1999 vino, llegó, y se fué sin novedad ni cataclismos apocalípticos entre la juerga y las alegres festividades de finales de siglo. El mundo siguió girando como si nada, y la gente rápidamente abandonó sus estultas creencias sin puntales y regresó a sus cotidianas vidas agradeciendo de que no estarían presentes cuando el mundo se acabara en el año 3000. La pensión cerró despachadamente el 1° de Enero del año 2000. El español ahora vive en la Colonia Dignidad donde pidió asilo político y se nacionalizó alemán cuico.
La Pensión Verdejo
Don Joaquín Martín Verdejo era un hombre muy considerado y protector de la juventud. En su establecimiento, donde para poder entrar, usted tenía que tener abundante cabello púbico, lo cual era un signo visible de que usted no era un jovenzuelo irresponsable en busca de aventuras. En esta honorable y consecuente casa no se admitían púberes bajo ningún punto de vista, solamente adultos peludos. Si usted era calvo o lampiño, usted estaba jodío. Ahora, si usted tenía un exorbitante melena tipo "Afro" de Vellus Folliculus; y se la peinaba con estilo, la entrada para usted era gratis.
El estricto lema de la pensión que no dejaba lugar a dudas o excepciones era: "A la Pensión Verdejo, no entra ningún Pendejo".
Curiosamente, cerca de la Pensión Verdejo que a propósito estaba ubicada en el Cerro Las Zorras, que consecuentemente se le cambió el nombre a "Cerro O'Higgins" a pedido de la población puritana, y desde donde se podía ver Valparaíso completamente y hasta un buen trozo del mar; se instaló convenientemente la "Casa Lucca", cuyo dueño, el italiano Don Pignorio Lucca originario de Apulia y Calabria, era conocido como "El Rey de la Peluca".
Don Pignorio Lucca mantenía una liquidación permanente de pelucas para el hueso chascón dedicadas al bienvenido deleite y satisfacción de los jóvenes imberbes, de los calvos y de los lampiños del puerto, y por supuesto, para el desmedro total de Don Joaquín Verdejo, que por cierto, no tenía un pelo de pendejo.
No se sabe a ciencia cierta cuántas pelucas fueron confiscadas, ni cuántos de los asiduos feligreses tuvieron que pagar dolorosamente por el chequeo que Don Joaquín Verdejo administraba cabalmente con un alicates enorme. Cabe mencionar que el segundo artículo de gran venta de la "Casa Lucca" era la "Goma Loca".
La Pensión San Toro
La muy acreditada y ampliamente glorificada Pensión San Toro, que estaba situada en el Cerro Pajonal -nombre que por cierto le venía al dedillo a las actividades de la pensión-; estaba dedicada exclusivamente y para el gozo y privilegio de las damas de la comarca porteña. La pensión se especializaba en emplear circunspectos individuos que estaban agraciados con una lengua energúmenamente grande o larga, y si era áspera, le daban una bonificación.
La agraciadas damas porteñas (y damas de otras ciudades también) que asistían recatadamente a dicha morada que ofrecía servicios seguros, gozosos, y sin consecuencias sociales ni familiares, hacían sus citas como si estuvieran yendo a la peluquería, o al salón de belleza.
La "Pensión San Toro, donde solo le chupan el Choro", era fiel a su lema, y los servicios prestados se entregabas en forma rápida y privada, y de acuerdo a sus clientas, allí no habían ninguna "mala lengua". Tampoco le he preguntado a mi abuelita acerca de la Pensión San Toro, ni pienso hacerlo nunca.
Como en todo negocio, había riesgos. La Pensión San Toro tenía algunas clientas estrambóticas y de costumbres algo insólitas, y a decir verdad; chocantes. Había una dama de procedencia desconocida que se presentaba sagradamente cada miércoles a la pensión. A ella le gustaba que le dieran servicios amatorios con el dedo gordo del pié. Para poder atender esta inaudita clienta, la pensión rentaba los servicios de un indio Ona que calzaba 42 con los dedos enroscados y el talón afuera.
Tiempo después, un día el indio notó para su sorpresa y preocupación de que su dedo gordo del pié estaba hinchado, tenía un color sospechoso, y le dolía bastante. Apesadumbrado por este hecho, decidió ir a visitar al doctor lo más pronto posible ya que el dedo gordo del pié era su herramienta de trabajo. Después de que el doctor lo revisó concienzudamente e hizo varias pruebas clínicas y de laboratorio para determinar la naturaleza del padecimiento del pobre indio, le llamó para darle sus conclusiones.
"Mi estimado paciente" - dijo el doctor con voz grave y arqueando sus desordenadas cejas- "Usted tiene sífilis en el dedo gordo del pié". "¡Sífilis!" -exclamó alarmado el indio Ona con unos incrédulos ojos de huevo frito- "¡No puede ser doctor!, ¡eso es imposible!, ¡como voy a tener sífilis en el dedo gordo del pié!"; a lo que el doctor replicó calmadamente: "Eso no es nada, el otro día vino a verme una señorita ¡con pie de atleta en la chucha!
La Pensión El Laja
Contrario a la creencia popular, esta pensión no se encuentra ubicada en "El Salto del Laja", en esa belleza natural en las cercanías de la hermosa y apacible ciudad de Los Ángeles, sino que en el Cerro Delicias, la cual tiene una pequeña pero exitosa sucursal en el Cerro La Cárcel. Se intentó abrir otra sucursal en el Cerro Las Monjas a pedido de una congregación desconocida pero no resultó, y por cuyas razones no estoy en libertad de discutir en esta ocasión.
Esta es la única alquería "unisex" que se conoce y de que se tiene memoria en los anales de la expresiva, amena y pintoresca historia de Valparaíso. Esta pensión no discriminaba ni segregaba ningún tipo de clientes o clientas, y como justo empleador, le daba la oportunidad indiscriminada a cualquiera que la visitase. Por eso es que "En la Pensión El Laja, le parten la Roja", a cualquiera que se presente sin importar el origen, raza, inclinación sexual, religión, lenguaje o preferencia de vestirse del cliente, se le parte la roja sin más trámite y sin pregunta alguna.
Muchos copiones han aparecido para aprovechar la reputación de esta pensión, como la "Pensión El Castellano", que por cierto es una copia barata y un atentado fallido de plagio a la Pensión El Laja. Por lo demás, suena vulgar. También están la "Pensión La Maja", "Pensión El Pollo", "Pensión La Lucha", "Pensión El Rico", y la "Pensión Las Brevas"; todas con slogans muy similares que implican regiones anatómicas privadas de entre el ombligo y las rodillas.
La Pensión Emeterio Zacarías Saturnino Guajardo
No me consta para nada de que esta paradójica e inverosímil pensión haya existido nunca. He recorrido todos los rincones, preguntado por todas partes, y buscado por todos los cerros de Valparaíso (con la excepción del Cerro Artillería por supuesto), y no he encontrado ni un vestigio, ni una pista, ni el más mínimo rastro de que algo tan insólito y escandaloso como esto haya existido jamás de los jamases.
Contrariamente a la total ausencia de evidencia, de la completa privación de crónicas históricas, y a pesar de la negación completa de conocimiento de la población acerca de este fenómeno; muchos conocen el lema que le identifica: "Pensión Emeterio Zacarías Saturnino Guajardo, donde hay que Meterlo, Sacarlo, Sacudirlo y Guardarlo". Esta pensión aparentemente es el equivalente a los restaurantes de comida rápida, donde uno entra, hace lo que tiene que hacer, y sale contento y sin más dilación.
La verdad es que ni he pensado en preguntarle a mi abuelita acerca de este asunto, que a pesar de la coincidente rima de su nombre, ¡NO TIENE NADA QUE VER CON LA FAMILIA, ¡CARAJO!
Para cerrar
Usted crea lo que usted quiera creer porque para eso tiene coco. Estas crónicas son tan ciertas como que usted las está leyendo ahora mismo, y sepa que éstos dietarios pseudopornográficos forman una parte inamovible e inevitable de la obscura y clandestina historia nocturna del nocherniego Puerto de Valparaíso, el que las susurra nostálgicamente cada noche en el embate de aquellas impertinentes olas del inquieto Pacífico, que lamen devotamente sus playas y sus ancestrales roqueríos.
Si los tranvías eléctricos ("Troles") de Valparaíso pudiesen hablar, contarían lo mismo. Nosotros ahora los conocemos como "troles", pero los alemanes que fundaron la Elektrische Strassenbahn Valparaíso en 1903, mejor conocida como la Empresa de Tranvías Eléctricos de Valparaíso (E.T.E.V), con sus 60 carros manufacturados por la Van der Zypen & Charlier de Colonia, Alemania; les llamaban: Tranvías Eléctricos. ¿Cómo llegó de Elektrische Strassenbahn a "Trole"? Un misterio total digno de Valparaíso y del Homo Chorus Porteñus.
Estos íntimos y elocuentes cuentos que se derraman cadenciosamente por las laderas de los cerros Porteños acompañando calladamente a las sensuales sombras de la noche, impregnan a los marineros de menudas memorias sin puerto y portadores de frívolos amores extranjeros sin que nada los pueda lavar o borrar de sus memorias, ni de las laderas de los románticos y jorobados cerros de ese viejo y querido puerto de Valparaíso.
Estoy seguro de que usted sabía y sabe de estos lugares, y no le voy a preguntar cómo es que sabe de ellos para no compungirlo ni comprometerlo, pero tendrá que reconocer que algún capítulo de éstos, alguna vez en su distante pasado cruzó raudo y sicalíptico una fulminante noche de su apasionada y ferviente juventud. Si dice que nó, seguro que es gay. ¡No la huevee sano pué señor!
Las malas lenguas dicen que hasta el Papa visitó uno de estos lugares en una misión clandestina con la mera intención de de-canonizar estas obscuras prácticas, pero nadie puede dar fé de ello, e incluso se dice que el sombrero que dejó atrás en una de estas casas de lujuria, es falso. Como usan el mismo sombrero, otras lenguas dicen que es el sombrero de la Reina de Inglaterra... ¿Quién sabe? Todo forma parte del misterio. No me vengan a decir que soy irrespetuoso y descortés con esta alusión al Papa, porque él es un prójimo que come, duerme, y excreta igual que cualquiera de nosotros.
Cabe hacer notar aquí de que no existía absolutamente ninguno de estos celestiales establecimientos ubicado en el Cerro Concepción. Ni el nombre, ni el significado, ni el espíritu, ni lo que insinúa el contenido de la palabrita ésta le apetecía a nadie, y asustaba especialmente a las damas.
¿Yo? Bueno, puedo decir con la indiscreta honestidad que me permite mi avanzada edad, de que durante mis locos y soliviantados años universitarios pasados en la consuetudinaria Universidad Santa María, contribuí esporádica pero copiosamente con las creencias populares construídas una noche a la vez, un lugar a la vez, una cama a la vez; en aquellos lugares instituídos antes de la Era del Condón, en aquel noctívago paraíso de paraísos: Valparaíso.
El Loco.
También, un orgulloso, altanero, inequívoca y resueltamente irreverente Homo Chorus Porteñus o, Choro del Puerto; si usted prefiere el Castellano.
Estos son los partos monomáticos pero honestos de un Traficante de Ideas Dementes que aborta filosofías teorizantes salvajes y parciales, para que la humanidad pensante se cuestione... o no. - The Humanitarian Hell Raiser.
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Punta Arenas
Mis queridos Maristas todos; hoy les escribo acerca de la inmortal ciudad de Punta Arenas porque ésta legendaria ciudad tiene un lugar permanente en las cóncavas regiones de mis recuerdos. Cuando yo era apenas un niño de corta edad pero de largos pensamientos, mi padre era un Capitán de la gallarda Marina de Chile quién me llevó en uno de sus numerosos viajes al Sur a visitar esta portentosa ciudad la cual durante mi corta visita, dejó en aquel tiempo una huella profunda y duradera en mis jóvenes ojos, y demarcada inmanentemente en el impresionable y antológico espíritu que entonces me investía.
Para el beneficio de aquellos que no conocen estos polares y remotos parajes, Punta Arenas es la ciudad más austral del planeta situada sobre el Estrecho de Magallanes a solo 1.418 kilómetros de la gélida y cándida Antártida, y que se ha mantenido viva a horcajas de una de las rutas comerciales más históricas del mundo, y su prosperidad se ha levantado y ha caído con las fluctuaciones de esta ruta humana ancestral de comercio. Punta Arenas disfrutó de su primer importante auge económico durante la fiebre del oro de California, cuando sirvió como puerto de escala a los numerosos veleros y embarcaciones durante el masivo éxodo en pos de la quimera del oro. Aunque la importancia de su puerto disminuyó considerablemente después de la apertura del Canal de Panamá (Agosto 15, 1914), Punta Arenas alcanzó su mayor prosperidad durante los inicios del siglo XIX como el centro más importante del comercio internacional de lanas. Hoy, Punta Arenas refleja una gran mezcla de culturas desde rancheros (ovejeros) ingleses a marineros portugueses; y sigue siendo un fascinante testamento de la historia de la riqueza en Chile.
Punta Arenas es también el punto de partida para excursiones a los andurriales y paisajes más espectaculares del mundo. La mejor localidad para obtener una vista impresionante de la ciudad es el promontorio Cerro La Cruz, que ofrece un espléndido paisaje de las ordenadas calles de la ciudad, de sus coloridas azoteas de latón, y por sobre la ciudad se puede ver el indomable Estrecho de Magallanes. Entre las atracciones más interesantes de la ciudad están el Museo Salesiano de Mayonino Borgatello, que lo fundó una orden de misionarios italianos (aún de origen desconocido para muchos), y el Centro Cultural Braun-Menéndez con sede en una de las rimbombantes mansiones que es herencia de una de las prósperas familias de la época. El museo Salesiano de Mayonino Borgatello ofrece una exposición extraordinaria y ecléctica a los visitantes y turistas de prácticamente cada aspecto de la región. La colección de artilugios del Museo acaparada por los misionarios durante sus extensas incursiones en el área se compone de toda clase de artefactos, desde cerámicas hasta raras especies de animales.
El Centro cultural Braun-Menéndez está igualmente aperado de artificios y ofrece una detallada e íntima ojeada de la vida de las prósperas familias comerciales y mercantiles que habitaron esta ciudad indeleble. Provista con las antigüedades europeas más finas, exquisitos pisos de mármol italiano, y con delicados y magníficos frescos delineados en los cielos rasos, ésta ostentosa mansión provee una buena reseña de la estatura económica de Punta Arenas antes del colapso económico que le propinó arteramente la apertura del Canal de Panamá.
Desde la ciudad se pueden realizar viajes por el día a las pintorescas poblaciones de pingüinos ("pingüineras"), al majestuoso Parque Nacional Torres del Paine, la grandilocuente puerta de entrada a la gran Antártida Chilena, y al sitio reconstruído del otrora sufrido Fuerte Bulnes. También sirve de punto de partida para excursiones más largas como a Christchurch, en South Island, Nueva Zelandia. Muchos de estos son viajes cortos, pero mi viaje de regreso a Punta Arenas va a ser un poco más largo. Sé positivamente que regresaré a Punta Arenas por dos razones atávicas fundamentales: le besé el dedo gordo del pie al indio Ona (o Patagón) en la plaza de Punta Arenas, y comí Maqui negro hasta que me dió diarrea. Cualquiera que sabe esto, sabe bien entonces que una jornada de regreso a Punta Arenas es inevitable.
El Maqui negro
El maqui chileno (Aristotelia Chilensis) es una fruta de arbusto que es originaria y que se encuentra profusamente en la región de la Patagonia, y de acuerdo a la escala ORAC que incluye todos los alimentos en existencia conocidos en el mundo, el maqui chileno contiene (lejos) más antioxidantes que cualquier otro alimento conocido por la impertinente raza humana. La apología Mapuche del maqui es que si comes de este fruto, regresarás una vez más a la región donde lo comiste. Leyenda o no, esto es lo que cuenta el furtivo correo de las brujas, y yo lo creo a ciegas y sin preguntas.
El mito del Indio Ona
Este es otro cuento o saga mitológica de la ciudad de Punta Arenas, un apólogo de origen insondable y de raíces diversas. De cualquier manera, la tradición dicta que si le besas (o le chupas - según sea tu gusto-) el dedo gordo del pie al indio Ona que es parte de, y está sentado bajo el monumento en memoria a Ferdinand Magellan situado en la plaza de Punta Arenas; volverás a Punta Arenas sano y salvo. La creencia más popular de esta tradición es que los marinos que cruzaban el Estrecho de Magallanes (que era peligrosísimo para la navegación) por primera vez, le besaban el dedo gordo al indio para que les protegiera en su próxima travesía por el Estrecho, y así pudiesen arribar sanos y salvos al puerto de Punta Arenas otra vez. Creo que para mí es tiempo de ir a besar ese gastado y lustroso dedo gordo otra vez.
Un poco de Historia
Punta Arenas es la capital de la región de Antártica Chilena y de Magallanes (XII Región). El nombre de esta ilustre ciudad fué oficialmente cambiado a "Magallanes" en 1927, pero en 1938 recuperó su nombre de Punta Arenas. Algunos le dan crédito al explorador del siglo XVII -Vice Almirante Británico John Byron- por el nombre y el primer establecimiento organizado de la ciudad con parte de los sobrevivientes del hundimiento de su buque el HMS Wager en la costa de Patagonia; pero no fué hasta mucho después (1843) en que el gobierno chileno la organizó oficialmente como la ciudad que conocemos hoy. El nombre de Punta Arenas se deriva del término español "Punta Arenosa", una traducción literal del nombre inglés "Sandy Point". Punta Arenas ha sido también conocida como "la ciudad de los techos rojos" por las azoteas de metal pintadas de rojo que caracterizaron la ciudad durante muchos años.
El pobladito sureño argentino de Ushuaia (¿viste?), al que los habitantes lugareños generosa, inconsciente, y desorientadamente le denominan "CIUDAD", también reclama su posición como la metrópolis más austral del mundo, aunque este caserío público tenga menos de la mitad de la población de Punta Arenas. Punta Arenas es la tercera ciudad más grande en toda la Región de la Patagonia después de las ciudades argentinas mas norteñas de Neuquén y Comodoro Rivadavia. ¿Ushuaia quiere llamarse ciudad? ¡Que lo parió!
Magallanes es parte de la región de la Patagonia Chilena y se le bautizó como tal por el explorador Portugués Fernando de Magallanes (Nacido en Sabrosa, Portugal en 1480, fallecido en Cebu, Filipinas en Abril 17, 1521) quién circunnavegó la tierra, y que pasó enfrente de la actual localidad de Punta Arenas en 1520, solo un año antes de su muerte. Documentos históricos de navegación ingleses de la época se refieren a esta localidad como "Sandy Point".
Punta Arenas está situada en la orilla noreste de la península de Brunswick. Además de la orilla del este, con los establecimientos de Guairabo, de Río Amarillo y de Punta San Juan, la península está en gran parte deshabitada. El municipio (comuna) de Punta Arenas incluye toda la península de Brunswick, todas las islas al oeste de Isla Grande de Tierra del Fuego, al norte del Canal Cockburn y del Canal Magdalena. Las islas más grandes son Isla Santa Inés, Isla Desolación, Isla Dawson, Isla Aracena, Isla Clarence, Isla Carlos, e Isla Wickham. Con la excepción de Isla Dawson que de acuerdo al último censo (2002) tiene una población de 301 habitantes, las islas están en gran parte deshabitadas. De acuerdo al mismo censo, la Isla Clarence tiene una población de apenas cinco habitantes (y tres teles).
Dos tempranos establecimientos españoles fueron intentados a lo largo de la costa del Estrecho de Magallanes. La primera incursión en 1584 fué llamado "Nombre de Jesús", que sucumbió en gran parte debido al riguroso clima, a la tremenda dificultad de conseguir alimentos y agua, y las enormes e imposibles distancias hacia otros puertos españoles. La segunda colonia, "Rey Don Felipe", fué iniciada en una localización a unos 80 kilómetros al sur de Punta Arenas. Esta localidad se conoció más adelante como "Puerto del Hambre". Estas colonias españolas fueron establecidas como vanguardias militares con el intento de prevenir saqueo y pillaje perpetrados por piratas ingleses, y por supuesto, para controlar el Estrecho de Magallanes. La parte irónica de esta historia es que un capitán inglés pirata, Thomas Cavendish, fué el que rescató al último superviviente (su enemigo) de Puerto del Hambre de las garras de la muerte en 1587. ¡Plop!
Más historia (esta parte en honor al Chunchito)
Como lo mencioné arriba, en el año 1843 el gobierno chileno envió a una expedición con la tarea designada de instituir un establecimiento permanente en las orillas del Estrecho de Magallanes. Para esto se construyó y se puso en servicio una pequeña nave de vela llamada Goleta Ancud, que bajo el comando del marino británico John Williams transportó a un equipo de 21 personas que incluían al Capitán, a dieciocho tripulantes, a dos valientes mujeres que no creían en El Trauco, más la respectiva carga necesaria para que la expedición pudiese cumplir con el mandato del gobierno chileno. El acto de fundación del establecimiento ocurrió el 21 de septiembre de 1843. Aunque el sitio era perfectamente adecuado para construír una guarnición militar con el objeto de defender la costa ya que está situado estratégicamente encima de una pequeña península rocosa, no era adecuado ni estaba capacitado para convertirse en un asentamiento civil apropiado. Teniendo en cuenta estas formidables dificultades, el gobernador militar Don José de Los Santos Mardones en 1848 decretó el cambio de la guarnición desde este punto a su actual localidad, situándola a ambos lados del río de Las Minas (que aparte de las dos mujeres de abordo, eran las únicas minas que había en la región), y rebautizando la avanzada como Punta Arenas.
Si se les quedó dando vueltas en la memoria el asunto de El Trauco, El Trauco era aquel brujo, chico como enano con joroba y feo como la bigotuda de mi suegra que pasaba sus días encaramado sobre los árboles de los sublimes bosques chilenos a la espera de lanzarse sobre alguna de las inocentes muchachas que daban cándidos paseos por la foresta. Esto es parte de la bendita mitología chilena.
A mediados del siglo XIX, Chile utilizó Punta Arenas como una colonia penal y para confinar a personal militar con "problemas de comportamiento" (de ahí es que viene la costumbre de mandar a los "cacos" al sur), asimismo como un lugar de inmigrantes colonizadores. En diciembre de 1851, se produjo un motín de prisioneros encabezado por el Teniente Cambiaso, que dió lugar al asesinato del gobernador Muñoz Gamero y del cura del destacamento, conllevando el asesinato de muchos civiles inocentes y la destrucción de una gran parte de la ciudad incluyendo la iglesia y el hospital. Este motín fue conocido como "El Motín de los Artilleros". El motín fué audazmente resuelto por Comandante británico Stewart del buque HMS Virago, un buque de vapor impulsado por ruedas de paleta, apoyado por dos naves chilenas: Infatigable y Meteoro.
Los problemas fueron resueltos y la ciudad fué restaurada expeditamente y Punta Arenas comenzó un acelerado progreso impulsado por el rápido crecimiento de la industria de las ovejas, por el tráfico marítimo debido al descubrimiento del oro en California, y con el incremento del comercio debido a su estratégica y principal posición como ruta comercial. Entre 1890 y 1940, la región de Magallanes se convirtió en la región más importante del mundo en la cría de ovejas, donde la compañía Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego controlaba más de 10.000 kilómetros cuadrados entre Chile y la Argentina meridional para este efecto. La casa matriz y las jefaturas de esta compañía al igual que las residencias de sus dueños estaban establecidas en Punta Arenas.
El molo de abrigo (puerto) de Punta Arenas, aunque expuesto a tormentas, era considerado uno de los más importantes puertos de Chile antes de la construcción del Canal de Panamá. Este puerto también fué usado afanosamente como estación de abastecimiento de carbón por los numerosos buques de vapor que transitaban entre los Océanos Atlántico y Pacífico. Hoy, Punta Arenas es una ciudad vibrante y moderna y cuenta con una población de alrededor de 160.000 gloriosos y aguerridos chilenos, una creciente industria, un comercio diversificado; y estoy seguro, con algunos inmortales Maristas.
Y lo último acerca de Punta Arenas...
En la primavera de 1962 cerca de final de año y en una de mis travesías a Punta Arenas con el engendrador de mi naturaleza, en ese entonces cuando yo todavía usaba el pelo y los pantalones cortos (pero ya no me comía los mocos), el clima en Punta Arenas no estaba muy bueno que digamos. Ese día hacía un viento más fuerte que la cresta, estaba nublado, húmedo, y hacía mucho frío. Estábamos de paso por el Hotel Cabo de Hornos que quedaba frente a la Plaza (no sé si está ahí todavía o si existe) donde pasamos a buscar a otro marino amigo de mi progenitor para ir a recorrer algunos lugares de interés en las afueras de la ciudad. Yo estaba abrigado apropiadamente para la excursión con dos sweaters que me había tejido mi mamá con lana peluda y mucho cariño, con camiseta y camisa, con una chaqueta impermeable, con calcetines gruesos de alpaca, con pantalones de tweed (que los odiaba), con un lindo gorro de vicuña que me quedaba súper grande, y con un paquete de galletas Tritón en el bolsillo de mi chaqueta. Las galletas Tritón eran mis favoritas y las fabricaba McKay S.A., fundada en Talca en 1892 (pero las galletas eran frescas). ¿Se acuerdan de "galletas McKay, más ricas no hay"?
Ese día fuimos a ver un lugar en el campo que quedaba bastante lejos de Punta Arenas (o por lo menos así me pareció) que no me acuerdo qué es lo que era, ni de dónde queda, pero en el que había una cachá grande de ovejas. Lo que sí me acuerdo es de que había un viento infernal que hacía que lloviera de lado, con unas ráfagas de viento impresionantes que silbaban entre mis canillas flacas y que me empujaban y hacían que me costara mantenerme caminando derecho y sin caerme al barro. En una de esas repentinas ráfagas hiperbóreas, el céfiro me voló el bendito gorro que a pesar de estar mojado y pesado, surcó raudamente atentando sobrevolar por el aire septentrional, pero que terminó perdiéndose entre las matas y los corderos. Unos huasos que nos acompañaban trataron de alcanzarlo y rescatarlo, pero el gorro desapareció fugazmente entre la lluvia, el viento, las matas, y las patas de las ovejas mojadas y gritonas; y nunca más lo volví a ver al gorro éste... No me preocupé mucho porque la verdad es que el gorrito no me gustaba p'a n'a.
Al final del día me acuerdo de que me dieron chocolate caliente con leche en un tacho de metal que estaba abollado por todos lados y hablaba de tiempos mejores, en el que me tomé el chocolate a sorbitos cortos y sabrosos para no quemarme los labios o la lengua mientras nos secábamos la ropa en frente de una fogata bulliciosa que emitía intermitentemente repentinos quejidos de madera mojada y de relatos fabulosos. El lugar olía a humo, a humedad e historia, y mientras el vapor se elevaba tímidamente desde mis vestimentas, en las bóvedas de mi imaginación sin riendas donde estos recuerdos aún navegan con una nostalgia cadenciosa, se sentía como estar en otro mundo de otra edad. El humo y la humedad no me molestaban, y la historia de ese momento se impregnaba lánguidamente como un epígrafe en la piel de badana que cubría mi mente hecha de primigenios cristales siderales. Me sentía contento y aventurero.
Esta es otra razón arbitraria y egoísta que esgrimo para excusar mi retorno a Punta Arenas; no para encontrar el famoso gorrito, sino para comprarme uno nuevo, pero esta vez que me quede bien y me cubra la cabeza, especialmente ahora que tiene menos pelo. ¡Punta Arenas, estás fraguada en la profunda entelequia de mi niñez! ¡Te añoro!
¿Cuántos de ustedes mis queridos Maristas indisolubles tendrán algún gallardo y aguerrido antepasado que contribuyó con trabajo, sudor, valentía, sacrificio y lealtad a forjar esta patrimonial y mitológica ciudad?... Busquen...
Bueno Maristas todos, esto pasó por un zapatito roto, y mañana les cuento otro. Estoy seguro de que ustedes saben de todo esto y quizá más que yo acerca de Punta Arenas, pero simplemente quería refrescarles la memoria desde mi escritorio Marista con mi inextinguible y pertinaz pluma que no conoce el silencio.
El Loco.
Para el beneficio de aquellos que no conocen estos polares y remotos parajes, Punta Arenas es la ciudad más austral del planeta situada sobre el Estrecho de Magallanes a solo 1.418 kilómetros de la gélida y cándida Antártida, y que se ha mantenido viva a horcajas de una de las rutas comerciales más históricas del mundo, y su prosperidad se ha levantado y ha caído con las fluctuaciones de esta ruta humana ancestral de comercio. Punta Arenas disfrutó de su primer importante auge económico durante la fiebre del oro de California, cuando sirvió como puerto de escala a los numerosos veleros y embarcaciones durante el masivo éxodo en pos de la quimera del oro. Aunque la importancia de su puerto disminuyó considerablemente después de la apertura del Canal de Panamá (Agosto 15, 1914), Punta Arenas alcanzó su mayor prosperidad durante los inicios del siglo XIX como el centro más importante del comercio internacional de lanas. Hoy, Punta Arenas refleja una gran mezcla de culturas desde rancheros (ovejeros) ingleses a marineros portugueses; y sigue siendo un fascinante testamento de la historia de la riqueza en Chile.
Punta Arenas es también el punto de partida para excursiones a los andurriales y paisajes más espectaculares del mundo. La mejor localidad para obtener una vista impresionante de la ciudad es el promontorio Cerro La Cruz, que ofrece un espléndido paisaje de las ordenadas calles de la ciudad, de sus coloridas azoteas de latón, y por sobre la ciudad se puede ver el indomable Estrecho de Magallanes. Entre las atracciones más interesantes de la ciudad están el Museo Salesiano de Mayonino Borgatello, que lo fundó una orden de misionarios italianos (aún de origen desconocido para muchos), y el Centro Cultural Braun-Menéndez con sede en una de las rimbombantes mansiones que es herencia de una de las prósperas familias de la época. El museo Salesiano de Mayonino Borgatello ofrece una exposición extraordinaria y ecléctica a los visitantes y turistas de prácticamente cada aspecto de la región. La colección de artilugios del Museo acaparada por los misionarios durante sus extensas incursiones en el área se compone de toda clase de artefactos, desde cerámicas hasta raras especies de animales.
El Centro cultural Braun-Menéndez está igualmente aperado de artificios y ofrece una detallada e íntima ojeada de la vida de las prósperas familias comerciales y mercantiles que habitaron esta ciudad indeleble. Provista con las antigüedades europeas más finas, exquisitos pisos de mármol italiano, y con delicados y magníficos frescos delineados en los cielos rasos, ésta ostentosa mansión provee una buena reseña de la estatura económica de Punta Arenas antes del colapso económico que le propinó arteramente la apertura del Canal de Panamá.
Desde la ciudad se pueden realizar viajes por el día a las pintorescas poblaciones de pingüinos ("pingüineras"), al majestuoso Parque Nacional Torres del Paine, la grandilocuente puerta de entrada a la gran Antártida Chilena, y al sitio reconstruído del otrora sufrido Fuerte Bulnes. También sirve de punto de partida para excursiones más largas como a Christchurch, en South Island, Nueva Zelandia. Muchos de estos son viajes cortos, pero mi viaje de regreso a Punta Arenas va a ser un poco más largo. Sé positivamente que regresaré a Punta Arenas por dos razones atávicas fundamentales: le besé el dedo gordo del pie al indio Ona (o Patagón) en la plaza de Punta Arenas, y comí Maqui negro hasta que me dió diarrea. Cualquiera que sabe esto, sabe bien entonces que una jornada de regreso a Punta Arenas es inevitable.
El Maqui negro
El maqui chileno (Aristotelia Chilensis) es una fruta de arbusto que es originaria y que se encuentra profusamente en la región de la Patagonia, y de acuerdo a la escala ORAC que incluye todos los alimentos en existencia conocidos en el mundo, el maqui chileno contiene (lejos) más antioxidantes que cualquier otro alimento conocido por la impertinente raza humana. La apología Mapuche del maqui es que si comes de este fruto, regresarás una vez más a la región donde lo comiste. Leyenda o no, esto es lo que cuenta el furtivo correo de las brujas, y yo lo creo a ciegas y sin preguntas.
El mito del Indio Ona
Este es otro cuento o saga mitológica de la ciudad de Punta Arenas, un apólogo de origen insondable y de raíces diversas. De cualquier manera, la tradición dicta que si le besas (o le chupas - según sea tu gusto-) el dedo gordo del pie al indio Ona que es parte de, y está sentado bajo el monumento en memoria a Ferdinand Magellan situado en la plaza de Punta Arenas; volverás a Punta Arenas sano y salvo. La creencia más popular de esta tradición es que los marinos que cruzaban el Estrecho de Magallanes (que era peligrosísimo para la navegación) por primera vez, le besaban el dedo gordo al indio para que les protegiera en su próxima travesía por el Estrecho, y así pudiesen arribar sanos y salvos al puerto de Punta Arenas otra vez. Creo que para mí es tiempo de ir a besar ese gastado y lustroso dedo gordo otra vez.
Un poco de Historia
Punta Arenas es la capital de la región de Antártica Chilena y de Magallanes (XII Región). El nombre de esta ilustre ciudad fué oficialmente cambiado a "Magallanes" en 1927, pero en 1938 recuperó su nombre de Punta Arenas. Algunos le dan crédito al explorador del siglo XVII -Vice Almirante Británico John Byron- por el nombre y el primer establecimiento organizado de la ciudad con parte de los sobrevivientes del hundimiento de su buque el HMS Wager en la costa de Patagonia; pero no fué hasta mucho después (1843) en que el gobierno chileno la organizó oficialmente como la ciudad que conocemos hoy. El nombre de Punta Arenas se deriva del término español "Punta Arenosa", una traducción literal del nombre inglés "Sandy Point". Punta Arenas ha sido también conocida como "la ciudad de los techos rojos" por las azoteas de metal pintadas de rojo que caracterizaron la ciudad durante muchos años.
El pobladito sureño argentino de Ushuaia (¿viste?), al que los habitantes lugareños generosa, inconsciente, y desorientadamente le denominan "CIUDAD", también reclama su posición como la metrópolis más austral del mundo, aunque este caserío público tenga menos de la mitad de la población de Punta Arenas. Punta Arenas es la tercera ciudad más grande en toda la Región de la Patagonia después de las ciudades argentinas mas norteñas de Neuquén y Comodoro Rivadavia. ¿Ushuaia quiere llamarse ciudad? ¡Que lo parió!
Magallanes es parte de la región de la Patagonia Chilena y se le bautizó como tal por el explorador Portugués Fernando de Magallanes (Nacido en Sabrosa, Portugal en 1480, fallecido en Cebu, Filipinas en Abril 17, 1521) quién circunnavegó la tierra, y que pasó enfrente de la actual localidad de Punta Arenas en 1520, solo un año antes de su muerte. Documentos históricos de navegación ingleses de la época se refieren a esta localidad como "Sandy Point".
Punta Arenas está situada en la orilla noreste de la península de Brunswick. Además de la orilla del este, con los establecimientos de Guairabo, de Río Amarillo y de Punta San Juan, la península está en gran parte deshabitada. El municipio (comuna) de Punta Arenas incluye toda la península de Brunswick, todas las islas al oeste de Isla Grande de Tierra del Fuego, al norte del Canal Cockburn y del Canal Magdalena. Las islas más grandes son Isla Santa Inés, Isla Desolación, Isla Dawson, Isla Aracena, Isla Clarence, Isla Carlos, e Isla Wickham. Con la excepción de Isla Dawson que de acuerdo al último censo (2002) tiene una población de 301 habitantes, las islas están en gran parte deshabitadas. De acuerdo al mismo censo, la Isla Clarence tiene una población de apenas cinco habitantes (y tres teles).
Dos tempranos establecimientos españoles fueron intentados a lo largo de la costa del Estrecho de Magallanes. La primera incursión en 1584 fué llamado "Nombre de Jesús", que sucumbió en gran parte debido al riguroso clima, a la tremenda dificultad de conseguir alimentos y agua, y las enormes e imposibles distancias hacia otros puertos españoles. La segunda colonia, "Rey Don Felipe", fué iniciada en una localización a unos 80 kilómetros al sur de Punta Arenas. Esta localidad se conoció más adelante como "Puerto del Hambre". Estas colonias españolas fueron establecidas como vanguardias militares con el intento de prevenir saqueo y pillaje perpetrados por piratas ingleses, y por supuesto, para controlar el Estrecho de Magallanes. La parte irónica de esta historia es que un capitán inglés pirata, Thomas Cavendish, fué el que rescató al último superviviente (su enemigo) de Puerto del Hambre de las garras de la muerte en 1587. ¡Plop!
Más historia (esta parte en honor al Chunchito)
Como lo mencioné arriba, en el año 1843 el gobierno chileno envió a una expedición con la tarea designada de instituir un establecimiento permanente en las orillas del Estrecho de Magallanes. Para esto se construyó y se puso en servicio una pequeña nave de vela llamada Goleta Ancud, que bajo el comando del marino británico John Williams transportó a un equipo de 21 personas que incluían al Capitán, a dieciocho tripulantes, a dos valientes mujeres que no creían en El Trauco, más la respectiva carga necesaria para que la expedición pudiese cumplir con el mandato del gobierno chileno. El acto de fundación del establecimiento ocurrió el 21 de septiembre de 1843. Aunque el sitio era perfectamente adecuado para construír una guarnición militar con el objeto de defender la costa ya que está situado estratégicamente encima de una pequeña península rocosa, no era adecuado ni estaba capacitado para convertirse en un asentamiento civil apropiado. Teniendo en cuenta estas formidables dificultades, el gobernador militar Don José de Los Santos Mardones en 1848 decretó el cambio de la guarnición desde este punto a su actual localidad, situándola a ambos lados del río de Las Minas (que aparte de las dos mujeres de abordo, eran las únicas minas que había en la región), y rebautizando la avanzada como Punta Arenas.
Si se les quedó dando vueltas en la memoria el asunto de El Trauco, El Trauco era aquel brujo, chico como enano con joroba y feo como la bigotuda de mi suegra que pasaba sus días encaramado sobre los árboles de los sublimes bosques chilenos a la espera de lanzarse sobre alguna de las inocentes muchachas que daban cándidos paseos por la foresta. Esto es parte de la bendita mitología chilena.
A mediados del siglo XIX, Chile utilizó Punta Arenas como una colonia penal y para confinar a personal militar con "problemas de comportamiento" (de ahí es que viene la costumbre de mandar a los "cacos" al sur), asimismo como un lugar de inmigrantes colonizadores. En diciembre de 1851, se produjo un motín de prisioneros encabezado por el Teniente Cambiaso, que dió lugar al asesinato del gobernador Muñoz Gamero y del cura del destacamento, conllevando el asesinato de muchos civiles inocentes y la destrucción de una gran parte de la ciudad incluyendo la iglesia y el hospital. Este motín fue conocido como "El Motín de los Artilleros". El motín fué audazmente resuelto por Comandante británico Stewart del buque HMS Virago, un buque de vapor impulsado por ruedas de paleta, apoyado por dos naves chilenas: Infatigable y Meteoro.
Los problemas fueron resueltos y la ciudad fué restaurada expeditamente y Punta Arenas comenzó un acelerado progreso impulsado por el rápido crecimiento de la industria de las ovejas, por el tráfico marítimo debido al descubrimiento del oro en California, y con el incremento del comercio debido a su estratégica y principal posición como ruta comercial. Entre 1890 y 1940, la región de Magallanes se convirtió en la región más importante del mundo en la cría de ovejas, donde la compañía Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego controlaba más de 10.000 kilómetros cuadrados entre Chile y la Argentina meridional para este efecto. La casa matriz y las jefaturas de esta compañía al igual que las residencias de sus dueños estaban establecidas en Punta Arenas.
El molo de abrigo (puerto) de Punta Arenas, aunque expuesto a tormentas, era considerado uno de los más importantes puertos de Chile antes de la construcción del Canal de Panamá. Este puerto también fué usado afanosamente como estación de abastecimiento de carbón por los numerosos buques de vapor que transitaban entre los Océanos Atlántico y Pacífico. Hoy, Punta Arenas es una ciudad vibrante y moderna y cuenta con una población de alrededor de 160.000 gloriosos y aguerridos chilenos, una creciente industria, un comercio diversificado; y estoy seguro, con algunos inmortales Maristas.
Y lo último acerca de Punta Arenas...
En la primavera de 1962 cerca de final de año y en una de mis travesías a Punta Arenas con el engendrador de mi naturaleza, en ese entonces cuando yo todavía usaba el pelo y los pantalones cortos (pero ya no me comía los mocos), el clima en Punta Arenas no estaba muy bueno que digamos. Ese día hacía un viento más fuerte que la cresta, estaba nublado, húmedo, y hacía mucho frío. Estábamos de paso por el Hotel Cabo de Hornos que quedaba frente a la Plaza (no sé si está ahí todavía o si existe) donde pasamos a buscar a otro marino amigo de mi progenitor para ir a recorrer algunos lugares de interés en las afueras de la ciudad. Yo estaba abrigado apropiadamente para la excursión con dos sweaters que me había tejido mi mamá con lana peluda y mucho cariño, con camiseta y camisa, con una chaqueta impermeable, con calcetines gruesos de alpaca, con pantalones de tweed (que los odiaba), con un lindo gorro de vicuña que me quedaba súper grande, y con un paquete de galletas Tritón en el bolsillo de mi chaqueta. Las galletas Tritón eran mis favoritas y las fabricaba McKay S.A., fundada en Talca en 1892 (pero las galletas eran frescas). ¿Se acuerdan de "galletas McKay, más ricas no hay"?
Ese día fuimos a ver un lugar en el campo que quedaba bastante lejos de Punta Arenas (o por lo menos así me pareció) que no me acuerdo qué es lo que era, ni de dónde queda, pero en el que había una cachá grande de ovejas. Lo que sí me acuerdo es de que había un viento infernal que hacía que lloviera de lado, con unas ráfagas de viento impresionantes que silbaban entre mis canillas flacas y que me empujaban y hacían que me costara mantenerme caminando derecho y sin caerme al barro. En una de esas repentinas ráfagas hiperbóreas, el céfiro me voló el bendito gorro que a pesar de estar mojado y pesado, surcó raudamente atentando sobrevolar por el aire septentrional, pero que terminó perdiéndose entre las matas y los corderos. Unos huasos que nos acompañaban trataron de alcanzarlo y rescatarlo, pero el gorro desapareció fugazmente entre la lluvia, el viento, las matas, y las patas de las ovejas mojadas y gritonas; y nunca más lo volví a ver al gorro éste... No me preocupé mucho porque la verdad es que el gorrito no me gustaba p'a n'a.
Al final del día me acuerdo de que me dieron chocolate caliente con leche en un tacho de metal que estaba abollado por todos lados y hablaba de tiempos mejores, en el que me tomé el chocolate a sorbitos cortos y sabrosos para no quemarme los labios o la lengua mientras nos secábamos la ropa en frente de una fogata bulliciosa que emitía intermitentemente repentinos quejidos de madera mojada y de relatos fabulosos. El lugar olía a humo, a humedad e historia, y mientras el vapor se elevaba tímidamente desde mis vestimentas, en las bóvedas de mi imaginación sin riendas donde estos recuerdos aún navegan con una nostalgia cadenciosa, se sentía como estar en otro mundo de otra edad. El humo y la humedad no me molestaban, y la historia de ese momento se impregnaba lánguidamente como un epígrafe en la piel de badana que cubría mi mente hecha de primigenios cristales siderales. Me sentía contento y aventurero.
Esta es otra razón arbitraria y egoísta que esgrimo para excusar mi retorno a Punta Arenas; no para encontrar el famoso gorrito, sino para comprarme uno nuevo, pero esta vez que me quede bien y me cubra la cabeza, especialmente ahora que tiene menos pelo. ¡Punta Arenas, estás fraguada en la profunda entelequia de mi niñez! ¡Te añoro!
¿Cuántos de ustedes mis queridos Maristas indisolubles tendrán algún gallardo y aguerrido antepasado que contribuyó con trabajo, sudor, valentía, sacrificio y lealtad a forjar esta patrimonial y mitológica ciudad?... Busquen...
Bueno Maristas todos, esto pasó por un zapatito roto, y mañana les cuento otro. Estoy seguro de que ustedes saben de todo esto y quizá más que yo acerca de Punta Arenas, pero simplemente quería refrescarles la memoria desde mi escritorio Marista con mi inextinguible y pertinaz pluma que no conoce el silencio.
El Loco.
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