Hay una humilde pero notable integrante del reino de las plantas perteneciente a la familia "Arecaceae" cuyo nombre nativo es Kan-Kán, pero mejor conocida para el resto de la humanidad como la Palma Chilena; es la "Jubaea Chilensis"; que significa Palma Chilena Vinera, la cual nos ha brindado por años la única, original y deliciosa "Miel de Palma", la cual apaciguó los ímpetus del alma de Gnenechén -el Omnipotente Dios de los Mapuches- desde mucho antes de la llegada de los Castellanos(1) a América.
(1) El 12 de Octubre de 1492 cuando Don Cristóbal Colom (no Colón, que además era Mallorquín y no italiano o genovés como creen lo ilusos) llegó a las América, plantó la onerosa bandera y los blasones de Castilla en las tierras recién descubiertas, simplemente porque España no existía todavía en ese entonces. Los "españoles" no llegaron al nuevo continente, sino que lo hicieron los Castellanos y las Gentes de Aragón provenientes de las comarcas de Isabela I (Isabel de Castilla), Reina de Castilla y León; y de Ferdinando El Católico (Fernando de Aragón), Rey de Aragón, Sicilia, Nápoles y Valencia.
La Jubaea Chilensis es la única especie existente de la familia (o género) Arecaceae, que aún sobrevive pertinazmente los intransigentes abusos humanos. Esta palmerita es nativa del suroeste de América del Sur, y en la región central de Chile se le considera endémica. En Chile central entre los 32°S y 35°S y al sur de la Región de Coquimbo, y la Región de Valparaíso es donde se encuentra en más abundancia. También se encuentra, aunque en menos profusión, en la Región Metropolitana de Santiago, en la Región de O'Higgins y en el norte de la Región del Maule con su clima mediterráneo y estaciones secas y prolongadas.
Durante mucho tiempo se creyó que la palma de Isla de Pascua (ya extinguida) también pertenecía a la familia "Arecaceae", pero es de distinto género y ahora se le categoriza en su propia y privativa familia: "Paschalococos". Y nó, nó señor, no significa pásame los cocos como los flaites chilenos asumen. ¿Qué cosas, no? Si usted quiere los cocos de la palmerita, los tiene que cosechar usted mismo.
Esta inocente palmerita es más supercalifragilística que Mary Poppins en monokini. Durante su larga vida llega a medir hasta 25 metros de altura, y su tronquito desarrolla un diámetro de hasta 1,3 metros en la base, y muchas veces es más grueso en su parte alta. ¡Las otras palmeras han admirado siempre sus sensuales y vertiginosas caderas! Solamente comienza a florecer cerca de los 60 años de edad (como yo), cuando llega a su edad reproductiva (como yo). Sus hojas en forma de pluma parecen pequeñas comparadas con su ciclópeo tamaño, pero miden alrededor de 3 a 5 metros de longitud, coronando esta palmera en forma graciosa y desbandada, como la simbiótica peluca chascona del "Tony Caluga".
La Jubaea Chilensis más grande en existencia que se conoce es un espécimen que se le mantiene puertas adentro, como planta de interior en los Jardines Botánicos Reales Kew, en Inglaterra; y mide una cachá regrande de metros.
Su prima, la sexy "Dasyphyllum Excelsum", es de la familia "Asteraceae" y se conoce en Chile como Bulli, y se parece un poco al Eucaliptus. Se encuentra esparcida coquetamente entre Quillota y Cauquenes, y también habita en el Parque Nacional Cerro La Campana tal como su prima. Estas primas, la "Jubaea Chilensis" y la "Dasyphyllum Excelsum" están escritas con tinta roja en la lista de especies en extinción.
Lo que no me puedo explicar por más que trato (¿Quizá porque ahora soy gringo?), y desde mi punto de vista esto constituye una omisión indocta e inaceptable, es que Chile ha reconocido como especies nacionales simbólicas a la Araucaria, a la Araucaria Araucana, al Alerce (Fitzroya Cupressoides para los más entendidos), y a la Semper Glorificus Copihue (Lapargeria Rosea --como les escribí acerca de ella hace tan poco), e inexplicablemente y sin razón colegida; no han incluído entre estas supercalifragilísticas especies a la Jubaea Chilensis ¡que tiene unos coquitos tan lindos! ¿Qué cosas, no?
¿Será quizá producto de la actitud política radical y pancista, tan inherente y propia de los sucios y desvergonzados manejos administrativos de los chuecos y moralmente corcovados políticos de nuestra era? Quizá esto obedece a su lema natural intrínseco : "Omne mea nam" -- ¡todo para mí! Pues esto no me extraña un exiguo mínimo.
Hay dos mil ochocientas especies de palmáceas desperdigadas en un extraordinario concierto y despliegue biótico por todas las superficies que están por sobre el nivel del agua en este cuasi-redondo y rotatorio planeta, pero entre todas ellas, la palma chilena es la de más pasmoso y soberbio desarrollo. Aunque no hay estudios científicos conocidos que aseveren que estas plantas tienen más de de mil años de antigüedad, puede ser tácitamente señalado en numerosos estudios la referencia a la longeva edad de estas prehistóricas especies.
La raíz de esta palmera es muy curiosa ya que no posee una raíz comparativa a las de los árboles. En vez de poseer grandes raíces; del tronco germinan una gran cantidad de fibrillas delgadas que miden casi un centímetro de diámetro, pero que tienen hasta 15 metros de largo, de las cuales solo un pequeño porcentaje de ellas socavan en profundidad para buscar aguas subyacentes. La mayoría de estas raicillas se extienden horizontalmente, lo que le da poca sustentación a la palmera, y la hace vulnerable a los vientos fuertes, de la misma forma en que los nefastos políticos desestabilizan a su discreción nuestros países. Por eso es que cuando un jugador de fútbol se lo pasa cayéndose al suelo lo tildan de "palmera". Los pensamientos de muchos políticos son como las raíces de las palmeras: la mayoría escasamente profundos, y el resto; superficial. ¿Qué cosas, no?
Por si no se lo habían enseñado en el Ercilla (2), la Jubaea Chilensis se reproduce por semillas. Éstas están envueltas en vainas de un tamaño aproximado a un metro las cuales se denominan espatas. Cuando estas vainas maduran, florecen y dan fruto. Una vez que los frutos se secan, las semillas se liberan y se diseminan en la tierra alrededor de la palmera, y dependiendo de las condiciones de la biota ambiental y del ecosistema en que se encuentran, la semilla puede demorarse varios meses en germinar, y en ciertos casos, varias temporadas. Últimamente su reproducción y crecimiento no está regido por el clima atmosférico, sino que por el clima político, que por cierto es conducente a nada, y es por eso que nuestra amada palmerita está en vías de extinción. ¿Qué cosas, no?
(2) El "Ercilla", es conocido ampliamente por la humanidad inteligente y por sus educandos como el "Glorioso y Célebre Instituto Alonso de Ercilla de Los Hermanos Maristas de Chile". Nuestro espléndido colegio fué fundado por los Hermanos Maristas en la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo en Chile por allá por el año de 1929. Fué declarado "Cooperador de la Función Educacional del Estado" por Decreto Oficial de la República de Chile N° 1444 con fecha 30 de Abril de 1929. ¡Esto sí es "cool"! Nota:El Ercilla es un Colegio Católico, pero no es culpa mía.
Leyenda
Hay una leyenda de la cual no se tienen muchas referencias verosímiles, pero que por milagro la escuché años "A" de la boca de un Indio Alacalufe(3) durante una de mis travesías cuando me fuí a descubrir la Isla Desolación, enclavada en los silentes dominios del Estrecho de Magallanes, en el antártico sur de nuestro cabizbajo planeta. Afortunadamente "escuché" esta leyenda porque por esos años sordos, yo no le escuchaba u obedecía a nadie, así que el haber escuchado una vez; es casi un milagro. Me acuerdo de esto porque mi insensato padre me amenazó con hacer un trueque con los Alacalufes, y cambiarme por un saco de "choros" si me seguía negando a "escuchar". Forzado por las circunstancias de sobrevivir, escuché. El panorama de vivir entre los Alacalufes --y esto dicho con todo el máximo respeto de un hombre civilizado por estos extraordinarios aborígenes australes-- no era una opción que estaba dispuesto a considerar en esa edad de mi vida. ¡Los Alacalufes no tenían ni teléfono ni tele!
(3) Los Alacalufes (o Kawésqar) son gentes nomádicas marítimas que viven en el sur de Chile en la Península de Brunswick, y en las islas Wellington, Santa Inés, y Desolación. Su lenguaje es el Kawésqar. Nunca mire a "huevo" a los Kawésqar, porque al igual que la mayoría de los indígenas de Chile, son bilingües ya que para comunicarse con la cultura dominante deben aprender el Castellano como segunda lengua. ¿Es usted bilingüe? ¿Ve?, ¡No joda!
De acuerdo a Urrac Sectiser --que significa Caballo (Urrac) del Viento del Este (Sectiser), en la lengua Kawésqar--, un singular y sonriente Alacalufe pataco y fuerte que conocí durante mi travesía; me relató un cuento de su pueblo. Este relato se supone que es cierto porque cuando me lo estaba contando, la abuelita de Urrac Sectiser; doña Ypacolis Iacepáaiselop (mujer de la luna) que escuchaba atentamente la narración, expresaba su aprobación con un movimiento de cabeza en signo de asentimiento. Yo pensé al principio que la señora tenía Parkinson, o un "tic" nervioso, o a lo mejor estaba media loca como su nombre lo indicaba, pero al parecer no era así. El cuento narra lo siguiente:
Hubo una vez un Alacalufe beligerante y bellaco de nombre Akschene Actási (Hombre Hediondo en Kawésqar) que nadie lo podía tragar en la tribu porque era pendenciero, malintencionado, y abusivo. Se lo pasaba borracho y molestando a la gente sin ninguna razón. No podía ver nada sano, hermoso, o importante sin estropearlo o destruírlo. Su nombre se derivaba de su aspecto y costumbres poco refinadas: se meaba en su ropa cuando estaba durmiendo la "mona", no se limpiaba bien el culito después de ir a depositar en el campo, no se bañaba y se escondía de la lluvia, y después de comer pescado no se lavaba los dientes. En fin, era un flaite Alacalufe con tufo a abogado deshonesto.
Un día, Akschene Actási andaba caminando por las orillas de una islita cerca de Isla Desolación y tropezó con un grupo de palmeritas nuevas que crecían sin ser molestadas hasta el momento. Sin fijarse al caminar, el estulto Akschene Actási tropezó con una de ellas y se hirió un pié; el que no era tan grande como el de los Patagones (4), pero que le servía muchísimo para caminar. Akschene Actási se enfureció con la joven e inocente palmera, y para vengarse del daño que le había cometido, recogió una enorme piedra que yacía cercana, y aplastó a la palmera. Le asentó la enorme piedra en su corona a la palmera, lo que la aplastó hasta que casi la derribó al suelo. Acto seguido, este pendejo maldito reanudó su camino profiriendo enojado: "¡Tahuasalúl ahuork! (¡muérete porquería!)" --en Castellano actual sería: ¡Ándate a la chucha!--.
(4) Los Patagones (o Tehuelches, que significa "Gente Bravía en Mapudungún o Mapuche) --según nos enseñó nuestro amado Profesor de Historia Don Jorge Gutiérrez; es el nombre genérico que se le ha dado al conjunto de etnias amerindias de la Patagonia y de la región Pampeana en América del Sur. Ellos, aunque divididos en varios grupos, hablaban lenguas diferentes pero compartían rasgos culturales comunes. Este conjunto de etnias suele denominarse Complejo Tehuelche. Se dice que tenían pies enormes y que no necesitaban Skis para esquiar, ni tabla para "surfear".
La palmera llena de dolor y angustia trató desesperadamente de zafarse de la piedra que estaba firmemente enredada en su corona sacudiéndose para todos lados, empujando, inclinándose, pero por más que trató, no lo pudo conseguir. La piedra estaba firmemente adherida a su corona, y por más que lo intentó, no la pudo soltar ni deshacerse de ella y entonces cuando perdió todas sus fuerzas en este intento de zafarse, finalmente quedó abatida mientras que las otras palmeras la miraban desconsoladas y sin poder prestarle ninguna ayuda.
Entonces la joven palmera arañó el suelo y con algunas de sus raíces excavó el húmedo suelo Alacalufe sureño y se mantuvo en pié desafiante a pesar del enorme peso de la piedra que la aplastaba inicuamente. Como no podía estirar sus ramas para captar la humedad ambiental y poder beber, fué hundiendo enérgicamente sus raíces tan profundamente hasta que encontró las vertientes de agua más subterráneas del oasis. Esas aguas frescas y profundas la alimentaron y fortalecieron, dándole la tenacidad para empujar la piedra tan alto, que el viento la hacía balancear, pero la piedra nunca se desplomó a tierra desde su corona. En este esfuerzo por crecer con tamaño peso encima, la palmera creció tan alta que ya ningún árbol le hacía sombra a su corona de hojas horizontales. El agua límpida de las profundidades y el cariñoso sol de la constelación de Fénix, convirtieron a la joven palmerita en una palmera reina enorme y fuerte que era una verdadera beldad.
Al cabo de unos lentos y numerosos años, volvió el malvado Akschene Actási a pasar por el lugar en que había torturado a la palmerita, para alegrarse la vida y regodear su vista con el árbol que él había estropeado unos años antes. Buscó por todos lados sin encontrarla. Él estaba seguro de la ubicación de la palmera, pero por más que buscó, solo veía palmeras altas y fuertes, en especial una de ellas que era la más alta de todas y las más fuerte también. Entonces esa palmera bajó su corona hacia Akschene Actási, le enseñó la piedra que todavía estaba empotrada en su corona y le dijo: “Akschene Actási, tengo que darte las gracias, porque tu carga aunque injusta y desmerecida me ha hecho fuerte. Pero no me ha hecho fuerte por tu maldad, sino porque me rehusé a aceptarla”.
La palmera continuó dirigiéndose al Alacalufe maldito agregando: "Ahora ya no necesito más esta enorme y pesada piedra, así que te la devuelvo". Acto seguido se inclinó sobre Akschene Actási y le dejó caer la pesada roca desde gran altura en la cabeza, aplastándolo como a un sapo. Fin. Moraleja: No sea desgraciado. ¡Sería portentoso que nosotros pudiésemos devolverles las piedras que nos han colocado encima de nuestras vidas los abogados deshonestos, los políticos mentirosos y los curas depravados!
De Vuelta a la Jubaea Chilensis
La palma chilena, llamada Kan-Kán por los antiguos habitantes de esta región, fué muy importante en el pasado, ya que a falta de industria maderera, sus hojas y las fibras de su tronco se utilizaban para techar viviendas; y sus frutos y la miel que se extraía de ellos desde hace muchos siglos, constituían y siguen constituyendo una excelente fuente alimenticia para el hombre. Desafortunadamente, ésta es una de las causas principales que han llevado a la palma chilena a vías de extinción y por eso esta noble palma se encuentra en escaso número, ya que para obtener su codiciada miel, es necesario cortar la palma provocando su muerte. Ya postrada en el suelo, a la palma se le cortan las hojas para que de ahí sangre la preciosa savia que al escurrirse, le va sangrando la vida. Una vez procesada esta savia, dá origen a la extraordinaria Miel de Palma. ¿Qué cosas, no?
Algo de Historia
Si bien existe nutrida literatura sobre esta ingenua floresta, en la mayoría de los casos se trata de investigaciones muy especializadas y hasta parciales sobre el tema de la Jubaea Chilensis. Por lo general estos estudios o trabajos investigativos forman parte de tesis universitarias, trabajos de investigación inéditos, o informes técnicos de circulación restringida. La Jubaea Chilensis es sin duda alguna, el James Bond de las palmeras.
A pesar de que las palmeras que son el árbol símbolo de las regiones tropicales, y que están situadas ahora en climas templado-fríos como en Chile, se conjetura de que éstas sean resabios de épocas más cálidas. Esto se debe a que hace aproximadamente 120 millones de años (y esto es cierto porque me lo dijo mi abuelita), cuando el quiebre de Pangaea era más evidente a finales del período Cretáceo y a comienzos del período Terciario, románticos períodos en donde desgraciadamente no había ni un gil que pudiese salir a observar los Solsticios, la mayor parte de la superficie de la tierra estaba dominada por climas tropicales. A continuación de estas edades Paleontológicas, se produjo un enfriamiento progresivo del planeta que terminó en los períodos glaciares. Las palmeras, al igual que otros árboles, se retrajeron a zonas más abrigadas del frío, algunas quedando aisladas como en el caso de la Jubaea Chilensis. Esta especia ha sobrevivido desde entonces y hasta hoy en nuestro período Cuaternario, período en que desde hace 1,6 millones de años existen todos los animales y alimañas que tenemos hoy, incluyendo abogados, políticos y curas. ¡Ha!, y también el ser Humano. (Se dice que el Chupacabras es la cruza de un abogado deshonesto, un cura homosexual y una política fea. La verdad es cruda, pero no duele).
La Jubaea Chilensis tiene una primorosa y pintoresca prima que habita en las islas del archipiélago Juan Fernández, que se le conoce como la Palma Chonta, pero que su nombre verdadero es "Juania Australis", y no como "La Juanita del Sur" como algunos morones creen. Esta palma también está enfrentada a su extinción.
La Intervención Humana
Luego, la especie más perfecta, la más desgraciada, la más inconsciente y la más depredadora de todas en la naturaleza, el hombre, emprendió su impune asalto y su infecundo combate en contra del bosque y del matorral nativo. La pobre Jubaea Chilensis hoy subsiste a duras penas, en forma natural y con el gran desdén irresponsable del hombre, solo en algunas escasas agrupaciones aisladas. En Chile, este proceso destructor inconsciente se desata con la inesperada llegada de los conquistadores, y en muchos lugares aún continúa su devastador e irresponsable azote hasta nuestros días. ¿Qué cosas, no?
Así que mi querido lector, la próxima vez que usted tenga el lujo y la suertuda fortuna de pasar en frente de una de estas silenciosas, agraciadas, y colosales palmeritas, por favor no la mire tan "a huevo" señor, y muestre un poco más de respeto y civilidad por este colosal sobreviviente de la chilenidad ancestral chilena. Muchas gracias caballero.
El Loco
Estos son los partos monomáticos pero honestos de un Traficante de Ideas Dementes que aborta filosofías teorizantes salvajes y parciales, para que la humanidad pensante se cuestione... o no. - The Humanitarian Hell Raiser.
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Otra Parte de la Historia de Valparaíso
Hay una enorme cantidad de tradición, carácter popular, relatos fabulosos, pintorescos cuentos e intrigantes contubernios que rodean mitológicos lugares engendrados en las más enredadas y quiméricas fibras del folklore chileno. Lo cierto es que hay muchos lugares como éste que se entreveran entre la historia, la apología y la realidad de la vida cotidiana del Homo Chorus Porteñus(1), y comparten las profusas memorias de cuanto caminante haya pisado las cariñosas riberas del espléndido y apasionado Puerto de Valparaíso.
(1) Latín para "Choro del Puerto" de acuerdo al zahorí Rodrigus Inasnum Rabidus.
Revisitaremos las distintas crónicas acerca de estos legendarios lugares en más detalle y de acuerdo a pormenores y referencias obtenidas directamente de aquellos valientes y suertudos ciudadanos, que tuvieron la dicha y ventura de haber sido parte activa de su brumosa pero célebre historia. Estas - quizá profanas- memorias para algunos sean un poco crudas, pero son reales y son un tegumento tejido para siempre en la amplia e inagotable capa de sueños del Puerto.
El Muy Ilustre Puerto de Valparaíso le hace honor a su nombre portugués: Valle del Paraíso. ¿Como no?, si ha generado lugares y retazos paradisíacos como La Vieja de las Cazuelas, La Pensión Soto, La Pensión Angulo, La Otra Vieja de las Cazuelas, La Tía María, y la Pensión Soto-Lillo por nombrar algunos de los más afamados y conocidos lugares por sus clientes públicos, clandestinos, y variados miembros de las sociedades más diversas y heterogéneas que la sociedad chilena ha podido generar. Estos lugares vieron desfilar de incógnito una colección sin final, que entre sus nutridas filas contaba con los más encumbrados políticos chilenos, pasando desde Presidentes hasta "Pacos" de civil.
Encomendemos nuestras memoria a recordar estos extáticos y legendarios lugares con la abundante nostalgia que nos provee generosamente la edad, y con las muchas hojas del compendio del pasado de nuestras vidas. Revisemos estos lugares sin criticarlos, sin juzgarlos, simplemente por el regocijo del inmanente y placentero recuerdo; y por el simple hedonismo del que estos andurriales nos trajeron alguna vez en aquellas delirantes décadas de nuestras atolondradas y explosivas juventudes. Estos vetustos lugares no son únicos en naturaleza, sino que son una cadena extra-oficial de dueños independientes que usan la rememorada reputación de estos asentamientos para ganarse la vida, con la generosa y bien pagada bendición de sus abundantes y espontáneos parroquianos.
Como sana pero clara advertencia, declaro que este escrito no contiene ninguna palabra que usted no conozca o no haya escuchado antes, o no haya usado antes en forma consuetudinaria y tradicionalmente chilena. Si por alguna inentendible e inaudita razón usted encuentra alguna palabra dudosa, algún vocablo que considere ofensivo, o alguna veraz expresión que razone descomedida -a cual usted dirá cándidamente que "no conoce"- váyase rapidito, directa e inmediatamente al doctor porque no es probable, sino seguro de que usted es cartucho.
La Vieja de las Cazuelas
La versión popular que se atiene a las buenas costumbres y que puede mantenerse pública, es que "La Vieja de las Cazuelas" es un rimbombante y campanudo restaurante ubicado en la calle Colo-Colo 1217, en el Barrio O'Higgins de Valparaíso. El nombre que oficialmente lo identifica es Restaurante Los Deportistas; pero es conocido por la caterva por su otro pegajoso nombre. Es como cuando le cambiaron el nombre a Pudahuel...
Irrefutablemente, este mágico restaurante es el mejor conocido en el planeta por la superior calidad en la preparación de sus carnes. No sé qué carajos le hacen a los trozos de vaca muerta con sus recetas nigrománticas y sobrenaturales obtenidas del misterioso Libro de Merlín, pero el sabor de sus "asados de detective", perdón "asado de tira", de lomo vetado, lomo liso y del otro, el bife de chorizo, filetes, el bistec a lo pobre, la carne mechada o la lengua nogada son de antología Nerudezca, y también tienen una variedad de otras delicadeces de lujuria simplemente libidinosa. Estas magníficas manducatorias son; para describirlas con justicia en una sola y magnífica palabra: ¡orgásmicas!
Coma lo que coma en "la Vieja de las Cazuelas", usted no será jamás defraudado. ¡Ah!, y el tamaño de los bifes, ¡grandes y gruesos tal como le gustan a su tía Josefa! ¡Ni hablar del Pisco Sour! (Pijco Zagüer para los flaites). Cada vez que bebo un pisco sour de éstos, se me para... liza el corazón, se me alborota el espíritu, y me olvido automática y súbitamente de mi suegra. Tienen otro trago, al cual se le debería referir como "la bebida celestial"; pero que se llama Piña Culiada en el menú. La verdad es que nunca probé esta pócima. La esmerada atención de sus dedicados camareros es excelente y cariñosa, y el ambiente es alardeantemente mejor que el del "Quitapenas".
Si quiere comer como un dios, no pierda su tiempo cansándose de recorrer los restaurantes de la región. Váyase directamente a La Vieja de las Cazuelas porque éste lugar es el excelso milagro gastronómico chileno, con sus frutas y ensaladas cosechadas directamente del paraíso, éste es un lugar digno de La Última Cena, la que si hubiese ocurrido allí, los apóstoles se habrían reconciliado con el género humano. En La Vieja de las Cazuelas no se practica la filosofía absurda, cínica y embrutecedora de "es lo que hay, pos!".
Según cuentan las crónicas Porteñas, hace unos 50 años más o menos, había una cancha de fútbol cerca del restaurante en donde, después de la práctica, los cansados, hambrientos y sedientos jugadores y deportistas se congregaban religiosamente a ejercer el rito pabulezco de consumir aquellas vivificantes, calladitas y humeantes cazuelas de entonces. Esto todavía sigue perpetuándose con hospitalidad táctica, y con el abundante y copioso cariño de Don Renato Navarro, hijo de la dueña, cocinera y Diosa Indiscutida de las Cazuelas; la bendita Doña Ida Delgado, que con sus ubicuos y gastronómicos 80 años y sus bienaventuradas y consagradas manos, ha forjado una portentosa e indisoluble parte de la gloriosa historia del eminente Puerto de Valparaíso.
La Pensión Soto
Según se ha oído de fidedignas fuentes provenientes del Correo de Las Brujas y de "El Clarín", la muy distinguida y de muy alta prosapia Doña Celia Soto, patrona y poseedora del consorcio que recita dicho nombre en donde les brindaba a sus gozosos y leales pensionados -y a otros visitantes pasajeros-, las soporíferas delicias y las divinas y considerablemente necesarias complacencias humanas de Casa, Comida, y Poto. (No necesariamente en este estricto orden).
Los originales e ineluctables servicios de esta memorable pensión la convirtieron en la casa de huifa mas famosa de la historia, destacándola como la esfera más visitada del planeta de sur; más atendida que los museos, que los hoteles de cinco estrellas, y que las misas; exangües entidades que no han podido nunca competir con la indefectible bohemia de la inmortal y vitalicia Pensión Soto.
Un mal día, la muy distinguida y de muy alta prosapia Doña Celia Soto, recibió una fulminante e inesperada noticia que cambiaría su vida de displicente bacilón para siempre. Una inocente carta proveniente del Norte despachaba apuradamente el acaecimiento de que el único amado sobrino que ella tenía, llegaba a la pensión. ¡Que cagada!
A este bienquisto sobrino de la muy distinguida y de muy alta prosapia Doña Celia Soto, quién venía a estudiar Ingeniería a la renombrada e inmortal Universidad Técnica Don Federico Santa María, siempre se le inculcó mientras crecía con la idea de que su pundonorosa tía era la orgullosa dueña de un templo Evangélico muy respetado por la comunidad. Hasta se dice que el gallo flaco aquel que saltaba en las calles con los brazos en alto profiriendo a viva voz: "¡Gloria al Poderosos, Gloria al Pulentos, Gloria al Capos!" mientras sujetaba en una mano un libro de dudosa procedencia con una cruz dibujada a mano en su tapa, era un benemérito miembro del establecimiento Evangélico de la muy distinguida y de muy alta prosapia, Doña Celia Soto.
Con este lamentable episodio y para el desmedro de sus incontables y devotos clientes, la afamada Pensión Soto cambió de rubro subrepticia, inesperadamente y de sopetón para mantener el honor y reputación de la familia, y para proteger la dignidad del amado sobrino; quien era por cierto, el orgullo y la joya de la familia. ¡Que dios la guarde a usted nuestra muy distinguida y de muy alta prosapia, Doña Celia Soto, y muy larga vida a la laureada Pensión Soto!
La "OTRA" Vieja de las Cazuelas
En Valparaíso, poco antes de los "troles" y en aquellos días en que la energía eléctrica era un insólito e increíble prodigio, y durante aquellas altas horas de la noche en que hasta los búhos estaban durmiendo, cuenta la chusma inconsciente porteña de que en la oscuridad que prodigaban las noches del Cerro Alegre, en medio de sus callejuelas de adoquines, tan angostas y misteriosas, adornadas con sus característicos mojones de perro y meado de borrachos; cerca del empinado ascensor y no lejos del reloj "Turri", se vislumbraba a lo lejos el titilante resplandor de una tímida lámpara que servía de faro a los pasajeros, y también para atraer a los obscenos pájaros de la noche que deambulaban taciturnos e hipnotizados en las empinadas callejuelas del sustantivo Cerro Alegre.
Ésta era indudablemente una casa de alcurnia y abolengo. Por lo menos así se le reconocía en aquel tiempo en que el pirata don Francis Drake bombardeaba Valparaíso desde sus navíos anclados en la rada de de este cálido puerto. Aún se podían ver en las viejas murallas de la casona los mordiscos que las balas de cañón le infligieron. También hay manifiesta evidencia en las murallas de las habitaciones, de surtidos arañazos aparentemente infligidos por uñas desesperadas y en trance coital. Pero ¡cuidado!, ésta no era cualquier casa, éste era un dulce purgatorio donde los cuerpos venían a pagar sus carnales deudas, y un lugar que redimía placenteramente las insaciables lujurias de aquellos menos afortunados.
El cuento dice que la dueña de este inconfundible establecimiento conocido también como La Vieja de las Cazuelas, se había ganado el apodo de "La Viuda Alegre", simplemente porque era viuda, y muy alegre por cierto. No se le puede criticar a una dama el que trate de ganarse la vida cuando el gueón irresponsable del marido se muere sin aviso y sin dejar las cosas en orden.
Mis fuentes me aseguran de que el nombre de este lugar de expiación carnal obedece a que su dueña reclutaba viejitos que habían perdido sus Montepíos, y que estaban en gran necesidad de ganarse la vida, y ésta Vieja de las Cazuelas les brindaba a dichos hombres en necesidad con una honesta oportunidad de ganarse la vida, donde usaban sus propias herramientas personales, tal como lo haría un consultor de nuestros días.
Como esta cohorte de servidores era de avanzada edad, y aún más, el estado de su salud era perentorio, cada vez que prestaban sus servicios a las alegres damiselas y viudas surtidas que les visitaban, terminaban cansados y tembleques, en otras palabras, los dejaban "p'al gato". Como la dueña era una buena, preocupada y justa empleadora, apenas acabados los servicios prestados a la comunidad por sus viejitos, ella les agasajaba con una prominente, sabrosa y humeante cazuela de vaca para que éstos recuperaran sus fuerzas; porque soldado que sobrevive, sirve para otra guerra.
El susodicho domicilio era frecuentado por aquellas damas que sí tenían Montepío, pero que sus esposos ya no estaban presentes para cubrir las pecaminosas necesidades de sus esposas. Así, ellas dividían su Montepío rigurosamente entre renta, utilidades, y jamón. El único descontento con esta fértil actividad, era el cura de la parroquia cercana que tenía que competir en una malograda lucha por los diezmos de sus feligresas que preferían invertirlos en una realidad.
Y ésta es la historia verídica de la "otra" Vieja de las Cazuelas. Si piensa jubilarse pronto y usted sospecha que su Montepío no le alcanzará para mantener su nivel de vida, dése una vueltecita por el Cerro Alegre, y quizá consiga una peculiar ocupación de medio tiempo. Dato: No hay que ser viudo para conseguir empleo. Otra cosa, si usted es viejito y su equipo no funciona muy bien, no se preocupe y repítase a sí mismo: "Mientras haya lengua y "deo", en la impotencia no creo".
La Tía María
El ancestral establecimiento popularmente llamado La Tía María, es quizá el epítome de la lujuria educacional universitaria y de la vida verde. Doña María Concepción de las Mercedes de Alcántara y Echeverría-Palominos; mejor conocida como "La Tía María", y contrario a lo que desesperadamente predican las altas y nerviosas esferas sociales chilenas que piensan que son de alcurnia prominente, Doña María Concepción de las Mercedes de Alcántara y Echeverría-Palominos era de buena familia, educada, y con más sentido común que cualquier miembro de cualquiera de las familias chilenas que reclaman ser "de buena cuna", aunque éstas no puedan ofrecer ninguna evidencia de ello .
El estilo de La Tía María era explícito, objetivo y claro. Ella creía en la educación temprana y práctica. No era ninguna soñadora, por el contrario, ella tenía los pies bien puestos en la tierra y en forma realista. Ella sabía bien que el conocimiento se adquiere basado en la práctica y la repetición; y mientas más temprano aprenda uno, más capaz será un individuo de resolver los asuntos de su vida.
En los dormitorios (en los que nunca se dormía) de su amplia casona colonial de Playa Ancha, colgaban unos pequeños pero visibles letreritos sujetos a la cabecera de los tálamos. El letrero recitaba: "Si quiere cama ancha, venga a Playa Ancha". Este letrero tenía mucho sentido si usted dormía en los atiborrados dormitorios de escuálidas camas del pensionado de la Santa María. En estas camas era peligroso dormir porque si se daba vuelta mientras dormía, seguro que se caía al suelo.
Bueno, una de las cruzadas estudiantiles más beneficiosas de La Tía María, era que ella guiaba a los nuevos estudiantes (y a los viejos también) de las universidades de la región a familiarizarse con el concepto de la reproducción estéril y sin consecuencias, y de la anatomía voluptuosa práctica al tacto. Ella y sus atractivas subalternas de minifalda y de generosos pechos se encargaban de atraer a la nueva ola de estudiantes, para rápidamente iniciarlos en los ritos de la vida, porque que en las universidades (ni en los colegios) nunca enseñaban estas imperiosas habilidades ni por error.
Sus embajadoras de hermosas piernas y rápidas sonrisas pululaban en los alrededores de las universidades reclutando pájaros verdes que estaban ansiosos por cambiar el plumaje. El ambiente pedagógico se mantenía constantemente ya que las embajadoras siempre le preguntaban a sus prospectos: ¿Oye, querís irle a sacar punta al lápiz?.
Doña María Concepción de las Mercedes de Alcántara y Echeverría-Palominos se ganó el mote de "Tía" porque siempre trató cariñosamente a todos sus jóvenes visitantes de "sobrinos". ¡Que dios me la guarde Tía María!
La Pensión Soto-Lillo
La Pensión Soto-Lillo se destaca por ser quizá el concepto más avant-garde, liberal y sofisticado en la monarquía de las pensiones. El término monarquía se usa expletivamente aquí sólo para hacer un condescendiente paralelo debido a que, por derecho naturalmente heredado; cada administradora de estos amables lugares era una Reina en su propio derecho.
El eslogan de la Pensión Soto-Lillo era muy simple, pero decididamente categórico. ¿Cómo es ésto, se preguntarán ustedes? Pues la respuesta es simple, pero antes de contestarla, es necesario recalcar que la Pensión Soto-Lillo también ofrecía un servicio exclusivo a la población porteña, estrictamente necesario y confidencial , no sólo para con sus clientes, pero para con sus alegres y vivificadoras matronas que hacían del establecimiento una perla más de la Ilustre Ciudad de Valparaíso, siendo ésta una de las razones del por qué a este puerto se le ha llamado siempre "La Perla del Pacífico".
En la Pensión Soto-Lillo se congregaban las damas que habían hecho fortuna, que eran pudientes, o que tenían los medios de procurarse recatadamente algunos placeres para sus solitarias vidas. Como esto era un asunto sumamente confidencial, los "clientes" eran escogidos cuidadosamente y se les inculcaba un severo código de honor y de confidencialidad, diseñado única y exclusivamente para proteger las reputaciones de tan distinguidas damas. Para asegurarse un buen funcionamiento sin tropiezos ni deslices, a los "clientes" se les pagaba bien por sus servicios. De ahí el lema: "Pensión Soto-Lillo, Casa, Poto, y Plata p'al bolsillo".
Otro rasgo identificante de ésta pensión era que las damas escogían nombres de fantasía para proteger los suyos propios. Por ejemplo, si una dama gemía y aullaba durante la ascensión copular, se le tildaba: "El Llamado de la Selva". Si se quejaba mucho y gimoteaba entrecortadamente, entonces era "La Crujidera". Ahora, había una que imploraba y a grito pelado vociferaba: ¡Dios mío, dios mío!, esta era "La Santa"; y también había una que cuando alcanzaba el orgasmo le daban espasmos, tiritones, y se ponía tiesa. A ésta se le catalogaba como "La Terremoto". Hay muchos ciudadanos que dan fé de esto.
Si usted le pregunta a su abuelita inocentemente: ¿Abuelita, conoce usted La Pensión Soto-Lillo?, y su abuelita se sonríe levemente y deja escapar un suspiro con una mueca de nostalgia; ¡no pregunte más! Dése vuelta, y váyase rapidito para donde esté dado vuelta. Esto es peligroso. Cuando yo le pregunté cándidamente a mi abuelita acerca de este asunto, mi abuelita exhaló un alarido de triunfo, esgrimió una sonrisa tan grande que le resquebrajó el maquillaje de las mejillas; se sujetó como pudo del bastón mientras que se arremangaba los calzones, y profirió con orgullo: ¡Por supuesto mi nieto querido, ¡yo era Black Demon!
Ese oscuro y nefasto día perdí totalmente el interés en la intitulada Pensión Soto-Lillo, y nunca más volví a pisar el Cerro Artillería. (¿Black Demon?, ¡no joda!).
La Pensión Angulo
La pensioncita ésta no era del agrado de muchos y no comulgada con las buenas costumbres de la pintoresca población del Cerro Barón. La gente del vecindario reclamaba por el mal olor a mariscos que la casa dejaba escapar furtivamente; posiblemente porque era frecuentada a muy menudo por marineros y pescadores de los puertos y de las caletas cercanas.
Esta pensión fué siempre sospechosa. Cada vez que este nombre se escuchaba, muchas cejas se fruncían con gran disgusto. A pesar de que era visitada por caballeros muy finos, daba la fuerte impresión de que nunca había mujeres envueltas en la huifa. Conclusiones pueden sacarse del nombre de este establecimiento que parecía sacado de una calle de Gomorra: "La Pensión Angulo, Casa, Comida, y el resto lo pone Usted".
Además estaba la bulla incesante de aquellas voces un tanto masculinas que afanosamente cantaban: "♪♪Del Cerro de Los Placeres♪, ♪yo me pasé al Barón♪, ♪me vine del Cordillera♪♪, en busca de mi Amor♪♪...♪", y así, entre los gritos y los sacudones con tos, la juerga se desenvolvía hasta altas y tempranas horas de la madrugada.
Aparentemente las actividades realizadas en esta pensión eran un poco peligrosas y podían afectar visiblemente a sus usuarios y en una forma negativa, y aún así; éstos se negaban rotundamente a consultar un médico. Digo esto porque los parroquianos del Cerro Barón cuentan que los finos caballeros que entraban caminando tranquila y derechamente a este pernoctámbulo establecimiento, cuando se retiraban a sus lugares de origen, salían caminando medio raro, con un paso cuico e inseguro, y se les notaba ostensiblemente al caminar que iban apretando los cachetes y los labios, lo que hacía que estos gentilhombres caminaran con un vaivén medio julero y medios torcidos para atrás.
Estos galanes que ocultos entre la niebla matutina del puerto tomaban tempranito la "micro" al frente del Ascensor Barón, nunca se sentaban a pesar de que el vehículo estaba completamente vacío. Raro, ¿no?
A continuación, en esta sección escrutaremos otras pensiones menos conocidas pero igualmente frecuentadas. Cuentan entre sus clandestinas y apretadas filas con los siguientes establecimientos:
La Pensión Cataluña
Se dice que esta pensión la fundó un español medio julero. Este personaje emigró desde Cataluña en un barco donde la promiscuidad era parte de la entretención, y los veladores de los camarotes en vez de tener una biblia en el cajón, tenían K-Y Jelly. Nadie realmente sabe lo que pasó durante esta marea, pero la mayoría de los pasajeros que pisaron tierra en el Puerto de Valparaíso donde sus esperanzas eran el comenzar una nueva vida, eran muy finos, y de acuerdo a los pasajeros con esposas o novias, éstos viajeros eran "inofensivos". Curiosamente el nombre del barco era "HMS Vaselina".
La crónicas establecen que a finales del siglo pasado, especialmente alrededor de 1998, la gente creía que el mundo se iba a acabar en el año 2000. Éste era una creencia muy enraizada en el dictamen popular, pero contrario a lo que pasó a fines del siglo XVIII, la gente no se suicidó en ciego pánico, sino que decidió vivir los últimos días del siglo gozando de los placeres de la carne y de otras variadas molicies; después de todo, el mundo se acabaría de todas formas y no había nada que perder.
Con estos hechos a la vista, y con los temores (por ahora fundados) de la población, La Pensión Cataluña abrió sus amplias puertas a todo el mundo bajo el lema: "Pensión Cataluña, donde se tira el Poto a la Chuña(2)".
(2) A pesar de ser un apodo muy conocido y también es el nombre de un ave corredora del Cono Sur de la familia "Phorusrhacidae" (la cual es muy parecida al "Correcaminos"); chuña es una palabra derivada del Mapudungún -y muy chilena por cierto- que significa: "Arrojar algo al aire para que cada cual recoja rápidamente lo que pueda".
El 31 de Diciembre de 1999 vino, llegó, y se fué sin novedad ni cataclismos apocalípticos entre la juerga y las alegres festividades de finales de siglo. El mundo siguió girando como si nada, y la gente rápidamente abandonó sus estultas creencias sin puntales y regresó a sus cotidianas vidas agradeciendo de que no estarían presentes cuando el mundo se acabara en el año 3000. La pensión cerró despachadamente el 1° de Enero del año 2000. El español ahora vive en la Colonia Dignidad donde pidió asilo político y se nacionalizó alemán cuico.
La Pensión Verdejo
Don Joaquín Martín Verdejo era un hombre muy considerado y protector de la juventud. En su establecimiento, donde para poder entrar, usted tenía que tener abundante cabello púbico, lo cual era un signo visible de que usted no era un jovenzuelo irresponsable en busca de aventuras. En esta honorable y consecuente casa no se admitían púberes bajo ningún punto de vista, solamente adultos peludos. Si usted era calvo o lampiño, usted estaba jodío. Ahora, si usted tenía un exorbitante melena tipo "Afro" de Vellus Folliculus; y se la peinaba con estilo, la entrada para usted era gratis.
El estricto lema de la pensión que no dejaba lugar a dudas o excepciones era: "A la Pensión Verdejo, no entra ningún Pendejo".
Curiosamente, cerca de la Pensión Verdejo que a propósito estaba ubicada en el Cerro Las Zorras, que consecuentemente se le cambió el nombre a "Cerro O'Higgins" a pedido de la población puritana, y desde donde se podía ver Valparaíso completamente y hasta un buen trozo del mar; se instaló convenientemente la "Casa Lucca", cuyo dueño, el italiano Don Pignorio Lucca originario de Apulia y Calabria, era conocido como "El Rey de la Peluca".
Don Pignorio Lucca mantenía una liquidación permanente de pelucas para el hueso chascón dedicadas al bienvenido deleite y satisfacción de los jóvenes imberbes, de los calvos y de los lampiños del puerto, y por supuesto, para el desmedro total de Don Joaquín Verdejo, que por cierto, no tenía un pelo de pendejo.
No se sabe a ciencia cierta cuántas pelucas fueron confiscadas, ni cuántos de los asiduos feligreses tuvieron que pagar dolorosamente por el chequeo que Don Joaquín Verdejo administraba cabalmente con un alicates enorme. Cabe mencionar que el segundo artículo de gran venta de la "Casa Lucca" era la "Goma Loca".
La Pensión San Toro
La muy acreditada y ampliamente glorificada Pensión San Toro, que estaba situada en el Cerro Pajonal -nombre que por cierto le venía al dedillo a las actividades de la pensión-; estaba dedicada exclusivamente y para el gozo y privilegio de las damas de la comarca porteña. La pensión se especializaba en emplear circunspectos individuos que estaban agraciados con una lengua energúmenamente grande o larga, y si era áspera, le daban una bonificación.
La agraciadas damas porteñas (y damas de otras ciudades también) que asistían recatadamente a dicha morada que ofrecía servicios seguros, gozosos, y sin consecuencias sociales ni familiares, hacían sus citas como si estuvieran yendo a la peluquería, o al salón de belleza.
La "Pensión San Toro, donde solo le chupan el Choro", era fiel a su lema, y los servicios prestados se entregabas en forma rápida y privada, y de acuerdo a sus clientas, allí no habían ninguna "mala lengua". Tampoco le he preguntado a mi abuelita acerca de la Pensión San Toro, ni pienso hacerlo nunca.
Como en todo negocio, había riesgos. La Pensión San Toro tenía algunas clientas estrambóticas y de costumbres algo insólitas, y a decir verdad; chocantes. Había una dama de procedencia desconocida que se presentaba sagradamente cada miércoles a la pensión. A ella le gustaba que le dieran servicios amatorios con el dedo gordo del pié. Para poder atender esta inaudita clienta, la pensión rentaba los servicios de un indio Ona que calzaba 42 con los dedos enroscados y el talón afuera.
Tiempo después, un día el indio notó para su sorpresa y preocupación de que su dedo gordo del pié estaba hinchado, tenía un color sospechoso, y le dolía bastante. Apesadumbrado por este hecho, decidió ir a visitar al doctor lo más pronto posible ya que el dedo gordo del pié era su herramienta de trabajo. Después de que el doctor lo revisó concienzudamente e hizo varias pruebas clínicas y de laboratorio para determinar la naturaleza del padecimiento del pobre indio, le llamó para darle sus conclusiones.
"Mi estimado paciente" - dijo el doctor con voz grave y arqueando sus desordenadas cejas- "Usted tiene sífilis en el dedo gordo del pié". "¡Sífilis!" -exclamó alarmado el indio Ona con unos incrédulos ojos de huevo frito- "¡No puede ser doctor!, ¡eso es imposible!, ¡como voy a tener sífilis en el dedo gordo del pié!"; a lo que el doctor replicó calmadamente: "Eso no es nada, el otro día vino a verme una señorita ¡con pie de atleta en la chucha!
La Pensión El Laja
Contrario a la creencia popular, esta pensión no se encuentra ubicada en "El Salto del Laja", en esa belleza natural en las cercanías de la hermosa y apacible ciudad de Los Ángeles, sino que en el Cerro Delicias, la cual tiene una pequeña pero exitosa sucursal en el Cerro La Cárcel. Se intentó abrir otra sucursal en el Cerro Las Monjas a pedido de una congregación desconocida pero no resultó, y por cuyas razones no estoy en libertad de discutir en esta ocasión.
Esta es la única alquería "unisex" que se conoce y de que se tiene memoria en los anales de la expresiva, amena y pintoresca historia de Valparaíso. Esta pensión no discriminaba ni segregaba ningún tipo de clientes o clientas, y como justo empleador, le daba la oportunidad indiscriminada a cualquiera que la visitase. Por eso es que "En la Pensión El Laja, le parten la Roja", a cualquiera que se presente sin importar el origen, raza, inclinación sexual, religión, lenguaje o preferencia de vestirse del cliente, se le parte la roja sin más trámite y sin pregunta alguna.
Muchos copiones han aparecido para aprovechar la reputación de esta pensión, como la "Pensión El Castellano", que por cierto es una copia barata y un atentado fallido de plagio a la Pensión El Laja. Por lo demás, suena vulgar. También están la "Pensión La Maja", "Pensión El Pollo", "Pensión La Lucha", "Pensión El Rico", y la "Pensión Las Brevas"; todas con slogans muy similares que implican regiones anatómicas privadas de entre el ombligo y las rodillas.
La Pensión Emeterio Zacarías Saturnino Guajardo
No me consta para nada de que esta paradójica e inverosímil pensión haya existido nunca. He recorrido todos los rincones, preguntado por todas partes, y buscado por todos los cerros de Valparaíso (con la excepción del Cerro Artillería por supuesto), y no he encontrado ni un vestigio, ni una pista, ni el más mínimo rastro de que algo tan insólito y escandaloso como esto haya existido jamás de los jamases.
Contrariamente a la total ausencia de evidencia, de la completa privación de crónicas históricas, y a pesar de la negación completa de conocimiento de la población acerca de este fenómeno; muchos conocen el lema que le identifica: "Pensión Emeterio Zacarías Saturnino Guajardo, donde hay que Meterlo, Sacarlo, Sacudirlo y Guardarlo". Esta pensión aparentemente es el equivalente a los restaurantes de comida rápida, donde uno entra, hace lo que tiene que hacer, y sale contento y sin más dilación.
La verdad es que ni he pensado en preguntarle a mi abuelita acerca de este asunto, que a pesar de la coincidente rima de su nombre, ¡NO TIENE NADA QUE VER CON LA FAMILIA, ¡CARAJO!
Para cerrar
Usted crea lo que usted quiera creer porque para eso tiene coco. Estas crónicas son tan ciertas como que usted las está leyendo ahora mismo, y sepa que éstos dietarios pseudopornográficos forman una parte inamovible e inevitable de la obscura y clandestina historia nocturna del nocherniego Puerto de Valparaíso, el que las susurra nostálgicamente cada noche en el embate de aquellas impertinentes olas del inquieto Pacífico, que lamen devotamente sus playas y sus ancestrales roqueríos.
Si los tranvías eléctricos ("Troles") de Valparaíso pudiesen hablar, contarían lo mismo. Nosotros ahora los conocemos como "troles", pero los alemanes que fundaron la Elektrische Strassenbahn Valparaíso en 1903, mejor conocida como la Empresa de Tranvías Eléctricos de Valparaíso (E.T.E.V), con sus 60 carros manufacturados por la Van der Zypen & Charlier de Colonia, Alemania; les llamaban: Tranvías Eléctricos. ¿Cómo llegó de Elektrische Strassenbahn a "Trole"? Un misterio total digno de Valparaíso y del Homo Chorus Porteñus.
Estos íntimos y elocuentes cuentos que se derraman cadenciosamente por las laderas de los cerros Porteños acompañando calladamente a las sensuales sombras de la noche, impregnan a los marineros de menudas memorias sin puerto y portadores de frívolos amores extranjeros sin que nada los pueda lavar o borrar de sus memorias, ni de las laderas de los románticos y jorobados cerros de ese viejo y querido puerto de Valparaíso.
Estoy seguro de que usted sabía y sabe de estos lugares, y no le voy a preguntar cómo es que sabe de ellos para no compungirlo ni comprometerlo, pero tendrá que reconocer que algún capítulo de éstos, alguna vez en su distante pasado cruzó raudo y sicalíptico una fulminante noche de su apasionada y ferviente juventud. Si dice que nó, seguro que es gay. ¡No la huevee sano pué señor!
Las malas lenguas dicen que hasta el Papa visitó uno de estos lugares en una misión clandestina con la mera intención de de-canonizar estas obscuras prácticas, pero nadie puede dar fé de ello, e incluso se dice que el sombrero que dejó atrás en una de estas casas de lujuria, es falso. Como usan el mismo sombrero, otras lenguas dicen que es el sombrero de la Reina de Inglaterra... ¿Quién sabe? Todo forma parte del misterio. No me vengan a decir que soy irrespetuoso y descortés con esta alusión al Papa, porque él es un prójimo que come, duerme, y excreta igual que cualquiera de nosotros.
Cabe hacer notar aquí de que no existía absolutamente ninguno de estos celestiales establecimientos ubicado en el Cerro Concepción. Ni el nombre, ni el significado, ni el espíritu, ni lo que insinúa el contenido de la palabrita ésta le apetecía a nadie, y asustaba especialmente a las damas.
¿Yo? Bueno, puedo decir con la indiscreta honestidad que me permite mi avanzada edad, de que durante mis locos y soliviantados años universitarios pasados en la consuetudinaria Universidad Santa María, contribuí esporádica pero copiosamente con las creencias populares construídas una noche a la vez, un lugar a la vez, una cama a la vez; en aquellos lugares instituídos antes de la Era del Condón, en aquel noctívago paraíso de paraísos: Valparaíso.
El Loco.
También, un orgulloso, altanero, inequívoca y resueltamente irreverente Homo Chorus Porteñus o, Choro del Puerto; si usted prefiere el Castellano.
(1) Latín para "Choro del Puerto" de acuerdo al zahorí Rodrigus Inasnum Rabidus.
Revisitaremos las distintas crónicas acerca de estos legendarios lugares en más detalle y de acuerdo a pormenores y referencias obtenidas directamente de aquellos valientes y suertudos ciudadanos, que tuvieron la dicha y ventura de haber sido parte activa de su brumosa pero célebre historia. Estas - quizá profanas- memorias para algunos sean un poco crudas, pero son reales y son un tegumento tejido para siempre en la amplia e inagotable capa de sueños del Puerto.
El Muy Ilustre Puerto de Valparaíso le hace honor a su nombre portugués: Valle del Paraíso. ¿Como no?, si ha generado lugares y retazos paradisíacos como La Vieja de las Cazuelas, La Pensión Soto, La Pensión Angulo, La Otra Vieja de las Cazuelas, La Tía María, y la Pensión Soto-Lillo por nombrar algunos de los más afamados y conocidos lugares por sus clientes públicos, clandestinos, y variados miembros de las sociedades más diversas y heterogéneas que la sociedad chilena ha podido generar. Estos lugares vieron desfilar de incógnito una colección sin final, que entre sus nutridas filas contaba con los más encumbrados políticos chilenos, pasando desde Presidentes hasta "Pacos" de civil.
Encomendemos nuestras memoria a recordar estos extáticos y legendarios lugares con la abundante nostalgia que nos provee generosamente la edad, y con las muchas hojas del compendio del pasado de nuestras vidas. Revisemos estos lugares sin criticarlos, sin juzgarlos, simplemente por el regocijo del inmanente y placentero recuerdo; y por el simple hedonismo del que estos andurriales nos trajeron alguna vez en aquellas delirantes décadas de nuestras atolondradas y explosivas juventudes. Estos vetustos lugares no son únicos en naturaleza, sino que son una cadena extra-oficial de dueños independientes que usan la rememorada reputación de estos asentamientos para ganarse la vida, con la generosa y bien pagada bendición de sus abundantes y espontáneos parroquianos.
Como sana pero clara advertencia, declaro que este escrito no contiene ninguna palabra que usted no conozca o no haya escuchado antes, o no haya usado antes en forma consuetudinaria y tradicionalmente chilena. Si por alguna inentendible e inaudita razón usted encuentra alguna palabra dudosa, algún vocablo que considere ofensivo, o alguna veraz expresión que razone descomedida -a cual usted dirá cándidamente que "no conoce"- váyase rapidito, directa e inmediatamente al doctor porque no es probable, sino seguro de que usted es cartucho.
La Vieja de las Cazuelas
La versión popular que se atiene a las buenas costumbres y que puede mantenerse pública, es que "La Vieja de las Cazuelas" es un rimbombante y campanudo restaurante ubicado en la calle Colo-Colo 1217, en el Barrio O'Higgins de Valparaíso. El nombre que oficialmente lo identifica es Restaurante Los Deportistas; pero es conocido por la caterva por su otro pegajoso nombre. Es como cuando le cambiaron el nombre a Pudahuel...
Irrefutablemente, este mágico restaurante es el mejor conocido en el planeta por la superior calidad en la preparación de sus carnes. No sé qué carajos le hacen a los trozos de vaca muerta con sus recetas nigrománticas y sobrenaturales obtenidas del misterioso Libro de Merlín, pero el sabor de sus "asados de detective", perdón "asado de tira", de lomo vetado, lomo liso y del otro, el bife de chorizo, filetes, el bistec a lo pobre, la carne mechada o la lengua nogada son de antología Nerudezca, y también tienen una variedad de otras delicadeces de lujuria simplemente libidinosa. Estas magníficas manducatorias son; para describirlas con justicia en una sola y magnífica palabra: ¡orgásmicas!
Coma lo que coma en "la Vieja de las Cazuelas", usted no será jamás defraudado. ¡Ah!, y el tamaño de los bifes, ¡grandes y gruesos tal como le gustan a su tía Josefa! ¡Ni hablar del Pisco Sour! (Pijco Zagüer para los flaites). Cada vez que bebo un pisco sour de éstos, se me para... liza el corazón, se me alborota el espíritu, y me olvido automática y súbitamente de mi suegra. Tienen otro trago, al cual se le debería referir como "la bebida celestial"; pero que se llama Piña Culiada en el menú. La verdad es que nunca probé esta pócima. La esmerada atención de sus dedicados camareros es excelente y cariñosa, y el ambiente es alardeantemente mejor que el del "Quitapenas".
Si quiere comer como un dios, no pierda su tiempo cansándose de recorrer los restaurantes de la región. Váyase directamente a La Vieja de las Cazuelas porque éste lugar es el excelso milagro gastronómico chileno, con sus frutas y ensaladas cosechadas directamente del paraíso, éste es un lugar digno de La Última Cena, la que si hubiese ocurrido allí, los apóstoles se habrían reconciliado con el género humano. En La Vieja de las Cazuelas no se practica la filosofía absurda, cínica y embrutecedora de "es lo que hay, pos!".
Según cuentan las crónicas Porteñas, hace unos 50 años más o menos, había una cancha de fútbol cerca del restaurante en donde, después de la práctica, los cansados, hambrientos y sedientos jugadores y deportistas se congregaban religiosamente a ejercer el rito pabulezco de consumir aquellas vivificantes, calladitas y humeantes cazuelas de entonces. Esto todavía sigue perpetuándose con hospitalidad táctica, y con el abundante y copioso cariño de Don Renato Navarro, hijo de la dueña, cocinera y Diosa Indiscutida de las Cazuelas; la bendita Doña Ida Delgado, que con sus ubicuos y gastronómicos 80 años y sus bienaventuradas y consagradas manos, ha forjado una portentosa e indisoluble parte de la gloriosa historia del eminente Puerto de Valparaíso.
La Pensión Soto
Según se ha oído de fidedignas fuentes provenientes del Correo de Las Brujas y de "El Clarín", la muy distinguida y de muy alta prosapia Doña Celia Soto, patrona y poseedora del consorcio que recita dicho nombre en donde les brindaba a sus gozosos y leales pensionados -y a otros visitantes pasajeros-, las soporíferas delicias y las divinas y considerablemente necesarias complacencias humanas de Casa, Comida, y Poto. (No necesariamente en este estricto orden).
Los originales e ineluctables servicios de esta memorable pensión la convirtieron en la casa de huifa mas famosa de la historia, destacándola como la esfera más visitada del planeta de sur; más atendida que los museos, que los hoteles de cinco estrellas, y que las misas; exangües entidades que no han podido nunca competir con la indefectible bohemia de la inmortal y vitalicia Pensión Soto.
Un mal día, la muy distinguida y de muy alta prosapia Doña Celia Soto, recibió una fulminante e inesperada noticia que cambiaría su vida de displicente bacilón para siempre. Una inocente carta proveniente del Norte despachaba apuradamente el acaecimiento de que el único amado sobrino que ella tenía, llegaba a la pensión. ¡Que cagada!
A este bienquisto sobrino de la muy distinguida y de muy alta prosapia Doña Celia Soto, quién venía a estudiar Ingeniería a la renombrada e inmortal Universidad Técnica Don Federico Santa María, siempre se le inculcó mientras crecía con la idea de que su pundonorosa tía era la orgullosa dueña de un templo Evangélico muy respetado por la comunidad. Hasta se dice que el gallo flaco aquel que saltaba en las calles con los brazos en alto profiriendo a viva voz: "¡Gloria al Poderosos, Gloria al Pulentos, Gloria al Capos!" mientras sujetaba en una mano un libro de dudosa procedencia con una cruz dibujada a mano en su tapa, era un benemérito miembro del establecimiento Evangélico de la muy distinguida y de muy alta prosapia, Doña Celia Soto.
Con este lamentable episodio y para el desmedro de sus incontables y devotos clientes, la afamada Pensión Soto cambió de rubro subrepticia, inesperadamente y de sopetón para mantener el honor y reputación de la familia, y para proteger la dignidad del amado sobrino; quien era por cierto, el orgullo y la joya de la familia. ¡Que dios la guarde a usted nuestra muy distinguida y de muy alta prosapia, Doña Celia Soto, y muy larga vida a la laureada Pensión Soto!
La "OTRA" Vieja de las Cazuelas
En Valparaíso, poco antes de los "troles" y en aquellos días en que la energía eléctrica era un insólito e increíble prodigio, y durante aquellas altas horas de la noche en que hasta los búhos estaban durmiendo, cuenta la chusma inconsciente porteña de que en la oscuridad que prodigaban las noches del Cerro Alegre, en medio de sus callejuelas de adoquines, tan angostas y misteriosas, adornadas con sus característicos mojones de perro y meado de borrachos; cerca del empinado ascensor y no lejos del reloj "Turri", se vislumbraba a lo lejos el titilante resplandor de una tímida lámpara que servía de faro a los pasajeros, y también para atraer a los obscenos pájaros de la noche que deambulaban taciturnos e hipnotizados en las empinadas callejuelas del sustantivo Cerro Alegre.
Ésta era indudablemente una casa de alcurnia y abolengo. Por lo menos así se le reconocía en aquel tiempo en que el pirata don Francis Drake bombardeaba Valparaíso desde sus navíos anclados en la rada de de este cálido puerto. Aún se podían ver en las viejas murallas de la casona los mordiscos que las balas de cañón le infligieron. También hay manifiesta evidencia en las murallas de las habitaciones, de surtidos arañazos aparentemente infligidos por uñas desesperadas y en trance coital. Pero ¡cuidado!, ésta no era cualquier casa, éste era un dulce purgatorio donde los cuerpos venían a pagar sus carnales deudas, y un lugar que redimía placenteramente las insaciables lujurias de aquellos menos afortunados.
El cuento dice que la dueña de este inconfundible establecimiento conocido también como La Vieja de las Cazuelas, se había ganado el apodo de "La Viuda Alegre", simplemente porque era viuda, y muy alegre por cierto. No se le puede criticar a una dama el que trate de ganarse la vida cuando el gueón irresponsable del marido se muere sin aviso y sin dejar las cosas en orden.
Mis fuentes me aseguran de que el nombre de este lugar de expiación carnal obedece a que su dueña reclutaba viejitos que habían perdido sus Montepíos, y que estaban en gran necesidad de ganarse la vida, y ésta Vieja de las Cazuelas les brindaba a dichos hombres en necesidad con una honesta oportunidad de ganarse la vida, donde usaban sus propias herramientas personales, tal como lo haría un consultor de nuestros días.
Como esta cohorte de servidores era de avanzada edad, y aún más, el estado de su salud era perentorio, cada vez que prestaban sus servicios a las alegres damiselas y viudas surtidas que les visitaban, terminaban cansados y tembleques, en otras palabras, los dejaban "p'al gato". Como la dueña era una buena, preocupada y justa empleadora, apenas acabados los servicios prestados a la comunidad por sus viejitos, ella les agasajaba con una prominente, sabrosa y humeante cazuela de vaca para que éstos recuperaran sus fuerzas; porque soldado que sobrevive, sirve para otra guerra.
El susodicho domicilio era frecuentado por aquellas damas que sí tenían Montepío, pero que sus esposos ya no estaban presentes para cubrir las pecaminosas necesidades de sus esposas. Así, ellas dividían su Montepío rigurosamente entre renta, utilidades, y jamón. El único descontento con esta fértil actividad, era el cura de la parroquia cercana que tenía que competir en una malograda lucha por los diezmos de sus feligresas que preferían invertirlos en una realidad.
Y ésta es la historia verídica de la "otra" Vieja de las Cazuelas. Si piensa jubilarse pronto y usted sospecha que su Montepío no le alcanzará para mantener su nivel de vida, dése una vueltecita por el Cerro Alegre, y quizá consiga una peculiar ocupación de medio tiempo. Dato: No hay que ser viudo para conseguir empleo. Otra cosa, si usted es viejito y su equipo no funciona muy bien, no se preocupe y repítase a sí mismo: "Mientras haya lengua y "deo", en la impotencia no creo".
La Tía María
El ancestral establecimiento popularmente llamado La Tía María, es quizá el epítome de la lujuria educacional universitaria y de la vida verde. Doña María Concepción de las Mercedes de Alcántara y Echeverría-Palominos; mejor conocida como "La Tía María", y contrario a lo que desesperadamente predican las altas y nerviosas esferas sociales chilenas que piensan que son de alcurnia prominente, Doña María Concepción de las Mercedes de Alcántara y Echeverría-Palominos era de buena familia, educada, y con más sentido común que cualquier miembro de cualquiera de las familias chilenas que reclaman ser "de buena cuna", aunque éstas no puedan ofrecer ninguna evidencia de ello .
El estilo de La Tía María era explícito, objetivo y claro. Ella creía en la educación temprana y práctica. No era ninguna soñadora, por el contrario, ella tenía los pies bien puestos en la tierra y en forma realista. Ella sabía bien que el conocimiento se adquiere basado en la práctica y la repetición; y mientas más temprano aprenda uno, más capaz será un individuo de resolver los asuntos de su vida.
En los dormitorios (en los que nunca se dormía) de su amplia casona colonial de Playa Ancha, colgaban unos pequeños pero visibles letreritos sujetos a la cabecera de los tálamos. El letrero recitaba: "Si quiere cama ancha, venga a Playa Ancha". Este letrero tenía mucho sentido si usted dormía en los atiborrados dormitorios de escuálidas camas del pensionado de la Santa María. En estas camas era peligroso dormir porque si se daba vuelta mientras dormía, seguro que se caía al suelo.
Bueno, una de las cruzadas estudiantiles más beneficiosas de La Tía María, era que ella guiaba a los nuevos estudiantes (y a los viejos también) de las universidades de la región a familiarizarse con el concepto de la reproducción estéril y sin consecuencias, y de la anatomía voluptuosa práctica al tacto. Ella y sus atractivas subalternas de minifalda y de generosos pechos se encargaban de atraer a la nueva ola de estudiantes, para rápidamente iniciarlos en los ritos de la vida, porque que en las universidades (ni en los colegios) nunca enseñaban estas imperiosas habilidades ni por error.
Sus embajadoras de hermosas piernas y rápidas sonrisas pululaban en los alrededores de las universidades reclutando pájaros verdes que estaban ansiosos por cambiar el plumaje. El ambiente pedagógico se mantenía constantemente ya que las embajadoras siempre le preguntaban a sus prospectos: ¿Oye, querís irle a sacar punta al lápiz?.
Doña María Concepción de las Mercedes de Alcántara y Echeverría-Palominos se ganó el mote de "Tía" porque siempre trató cariñosamente a todos sus jóvenes visitantes de "sobrinos". ¡Que dios me la guarde Tía María!
La Pensión Soto-Lillo
La Pensión Soto-Lillo se destaca por ser quizá el concepto más avant-garde, liberal y sofisticado en la monarquía de las pensiones. El término monarquía se usa expletivamente aquí sólo para hacer un condescendiente paralelo debido a que, por derecho naturalmente heredado; cada administradora de estos amables lugares era una Reina en su propio derecho.
El eslogan de la Pensión Soto-Lillo era muy simple, pero decididamente categórico. ¿Cómo es ésto, se preguntarán ustedes? Pues la respuesta es simple, pero antes de contestarla, es necesario recalcar que la Pensión Soto-Lillo también ofrecía un servicio exclusivo a la población porteña, estrictamente necesario y confidencial , no sólo para con sus clientes, pero para con sus alegres y vivificadoras matronas que hacían del establecimiento una perla más de la Ilustre Ciudad de Valparaíso, siendo ésta una de las razones del por qué a este puerto se le ha llamado siempre "La Perla del Pacífico".
En la Pensión Soto-Lillo se congregaban las damas que habían hecho fortuna, que eran pudientes, o que tenían los medios de procurarse recatadamente algunos placeres para sus solitarias vidas. Como esto era un asunto sumamente confidencial, los "clientes" eran escogidos cuidadosamente y se les inculcaba un severo código de honor y de confidencialidad, diseñado única y exclusivamente para proteger las reputaciones de tan distinguidas damas. Para asegurarse un buen funcionamiento sin tropiezos ni deslices, a los "clientes" se les pagaba bien por sus servicios. De ahí el lema: "Pensión Soto-Lillo, Casa, Poto, y Plata p'al bolsillo".
Otro rasgo identificante de ésta pensión era que las damas escogían nombres de fantasía para proteger los suyos propios. Por ejemplo, si una dama gemía y aullaba durante la ascensión copular, se le tildaba: "El Llamado de la Selva". Si se quejaba mucho y gimoteaba entrecortadamente, entonces era "La Crujidera". Ahora, había una que imploraba y a grito pelado vociferaba: ¡Dios mío, dios mío!, esta era "La Santa"; y también había una que cuando alcanzaba el orgasmo le daban espasmos, tiritones, y se ponía tiesa. A ésta se le catalogaba como "La Terremoto". Hay muchos ciudadanos que dan fé de esto.
Si usted le pregunta a su abuelita inocentemente: ¿Abuelita, conoce usted La Pensión Soto-Lillo?, y su abuelita se sonríe levemente y deja escapar un suspiro con una mueca de nostalgia; ¡no pregunte más! Dése vuelta, y váyase rapidito para donde esté dado vuelta. Esto es peligroso. Cuando yo le pregunté cándidamente a mi abuelita acerca de este asunto, mi abuelita exhaló un alarido de triunfo, esgrimió una sonrisa tan grande que le resquebrajó el maquillaje de las mejillas; se sujetó como pudo del bastón mientras que se arremangaba los calzones, y profirió con orgullo: ¡Por supuesto mi nieto querido, ¡yo era Black Demon!
Ese oscuro y nefasto día perdí totalmente el interés en la intitulada Pensión Soto-Lillo, y nunca más volví a pisar el Cerro Artillería. (¿Black Demon?, ¡no joda!).
La Pensión Angulo
La pensioncita ésta no era del agrado de muchos y no comulgada con las buenas costumbres de la pintoresca población del Cerro Barón. La gente del vecindario reclamaba por el mal olor a mariscos que la casa dejaba escapar furtivamente; posiblemente porque era frecuentada a muy menudo por marineros y pescadores de los puertos y de las caletas cercanas.
Esta pensión fué siempre sospechosa. Cada vez que este nombre se escuchaba, muchas cejas se fruncían con gran disgusto. A pesar de que era visitada por caballeros muy finos, daba la fuerte impresión de que nunca había mujeres envueltas en la huifa. Conclusiones pueden sacarse del nombre de este establecimiento que parecía sacado de una calle de Gomorra: "La Pensión Angulo, Casa, Comida, y el resto lo pone Usted".
Además estaba la bulla incesante de aquellas voces un tanto masculinas que afanosamente cantaban: "♪♪Del Cerro de Los Placeres♪, ♪yo me pasé al Barón♪, ♪me vine del Cordillera♪♪, en busca de mi Amor♪♪...♪", y así, entre los gritos y los sacudones con tos, la juerga se desenvolvía hasta altas y tempranas horas de la madrugada.
Aparentemente las actividades realizadas en esta pensión eran un poco peligrosas y podían afectar visiblemente a sus usuarios y en una forma negativa, y aún así; éstos se negaban rotundamente a consultar un médico. Digo esto porque los parroquianos del Cerro Barón cuentan que los finos caballeros que entraban caminando tranquila y derechamente a este pernoctámbulo establecimiento, cuando se retiraban a sus lugares de origen, salían caminando medio raro, con un paso cuico e inseguro, y se les notaba ostensiblemente al caminar que iban apretando los cachetes y los labios, lo que hacía que estos gentilhombres caminaran con un vaivén medio julero y medios torcidos para atrás.
Estos galanes que ocultos entre la niebla matutina del puerto tomaban tempranito la "micro" al frente del Ascensor Barón, nunca se sentaban a pesar de que el vehículo estaba completamente vacío. Raro, ¿no?
A continuación, en esta sección escrutaremos otras pensiones menos conocidas pero igualmente frecuentadas. Cuentan entre sus clandestinas y apretadas filas con los siguientes establecimientos:
La Pensión Cataluña
Se dice que esta pensión la fundó un español medio julero. Este personaje emigró desde Cataluña en un barco donde la promiscuidad era parte de la entretención, y los veladores de los camarotes en vez de tener una biblia en el cajón, tenían K-Y Jelly. Nadie realmente sabe lo que pasó durante esta marea, pero la mayoría de los pasajeros que pisaron tierra en el Puerto de Valparaíso donde sus esperanzas eran el comenzar una nueva vida, eran muy finos, y de acuerdo a los pasajeros con esposas o novias, éstos viajeros eran "inofensivos". Curiosamente el nombre del barco era "HMS Vaselina".
La crónicas establecen que a finales del siglo pasado, especialmente alrededor de 1998, la gente creía que el mundo se iba a acabar en el año 2000. Éste era una creencia muy enraizada en el dictamen popular, pero contrario a lo que pasó a fines del siglo XVIII, la gente no se suicidó en ciego pánico, sino que decidió vivir los últimos días del siglo gozando de los placeres de la carne y de otras variadas molicies; después de todo, el mundo se acabaría de todas formas y no había nada que perder.
Con estos hechos a la vista, y con los temores (por ahora fundados) de la población, La Pensión Cataluña abrió sus amplias puertas a todo el mundo bajo el lema: "Pensión Cataluña, donde se tira el Poto a la Chuña(2)".
(2) A pesar de ser un apodo muy conocido y también es el nombre de un ave corredora del Cono Sur de la familia "Phorusrhacidae" (la cual es muy parecida al "Correcaminos"); chuña es una palabra derivada del Mapudungún -y muy chilena por cierto- que significa: "Arrojar algo al aire para que cada cual recoja rápidamente lo que pueda".
El 31 de Diciembre de 1999 vino, llegó, y se fué sin novedad ni cataclismos apocalípticos entre la juerga y las alegres festividades de finales de siglo. El mundo siguió girando como si nada, y la gente rápidamente abandonó sus estultas creencias sin puntales y regresó a sus cotidianas vidas agradeciendo de que no estarían presentes cuando el mundo se acabara en el año 3000. La pensión cerró despachadamente el 1° de Enero del año 2000. El español ahora vive en la Colonia Dignidad donde pidió asilo político y se nacionalizó alemán cuico.
La Pensión Verdejo
Don Joaquín Martín Verdejo era un hombre muy considerado y protector de la juventud. En su establecimiento, donde para poder entrar, usted tenía que tener abundante cabello púbico, lo cual era un signo visible de que usted no era un jovenzuelo irresponsable en busca de aventuras. En esta honorable y consecuente casa no se admitían púberes bajo ningún punto de vista, solamente adultos peludos. Si usted era calvo o lampiño, usted estaba jodío. Ahora, si usted tenía un exorbitante melena tipo "Afro" de Vellus Folliculus; y se la peinaba con estilo, la entrada para usted era gratis.
El estricto lema de la pensión que no dejaba lugar a dudas o excepciones era: "A la Pensión Verdejo, no entra ningún Pendejo".
Curiosamente, cerca de la Pensión Verdejo que a propósito estaba ubicada en el Cerro Las Zorras, que consecuentemente se le cambió el nombre a "Cerro O'Higgins" a pedido de la población puritana, y desde donde se podía ver Valparaíso completamente y hasta un buen trozo del mar; se instaló convenientemente la "Casa Lucca", cuyo dueño, el italiano Don Pignorio Lucca originario de Apulia y Calabria, era conocido como "El Rey de la Peluca".
Don Pignorio Lucca mantenía una liquidación permanente de pelucas para el hueso chascón dedicadas al bienvenido deleite y satisfacción de los jóvenes imberbes, de los calvos y de los lampiños del puerto, y por supuesto, para el desmedro total de Don Joaquín Verdejo, que por cierto, no tenía un pelo de pendejo.
No se sabe a ciencia cierta cuántas pelucas fueron confiscadas, ni cuántos de los asiduos feligreses tuvieron que pagar dolorosamente por el chequeo que Don Joaquín Verdejo administraba cabalmente con un alicates enorme. Cabe mencionar que el segundo artículo de gran venta de la "Casa Lucca" era la "Goma Loca".
La Pensión San Toro
La muy acreditada y ampliamente glorificada Pensión San Toro, que estaba situada en el Cerro Pajonal -nombre que por cierto le venía al dedillo a las actividades de la pensión-; estaba dedicada exclusivamente y para el gozo y privilegio de las damas de la comarca porteña. La pensión se especializaba en emplear circunspectos individuos que estaban agraciados con una lengua energúmenamente grande o larga, y si era áspera, le daban una bonificación.
La agraciadas damas porteñas (y damas de otras ciudades también) que asistían recatadamente a dicha morada que ofrecía servicios seguros, gozosos, y sin consecuencias sociales ni familiares, hacían sus citas como si estuvieran yendo a la peluquería, o al salón de belleza.
La "Pensión San Toro, donde solo le chupan el Choro", era fiel a su lema, y los servicios prestados se entregabas en forma rápida y privada, y de acuerdo a sus clientas, allí no habían ninguna "mala lengua". Tampoco le he preguntado a mi abuelita acerca de la Pensión San Toro, ni pienso hacerlo nunca.
Como en todo negocio, había riesgos. La Pensión San Toro tenía algunas clientas estrambóticas y de costumbres algo insólitas, y a decir verdad; chocantes. Había una dama de procedencia desconocida que se presentaba sagradamente cada miércoles a la pensión. A ella le gustaba que le dieran servicios amatorios con el dedo gordo del pié. Para poder atender esta inaudita clienta, la pensión rentaba los servicios de un indio Ona que calzaba 42 con los dedos enroscados y el talón afuera.
Tiempo después, un día el indio notó para su sorpresa y preocupación de que su dedo gordo del pié estaba hinchado, tenía un color sospechoso, y le dolía bastante. Apesadumbrado por este hecho, decidió ir a visitar al doctor lo más pronto posible ya que el dedo gordo del pié era su herramienta de trabajo. Después de que el doctor lo revisó concienzudamente e hizo varias pruebas clínicas y de laboratorio para determinar la naturaleza del padecimiento del pobre indio, le llamó para darle sus conclusiones.
"Mi estimado paciente" - dijo el doctor con voz grave y arqueando sus desordenadas cejas- "Usted tiene sífilis en el dedo gordo del pié". "¡Sífilis!" -exclamó alarmado el indio Ona con unos incrédulos ojos de huevo frito- "¡No puede ser doctor!, ¡eso es imposible!, ¡como voy a tener sífilis en el dedo gordo del pié!"; a lo que el doctor replicó calmadamente: "Eso no es nada, el otro día vino a verme una señorita ¡con pie de atleta en la chucha!
La Pensión El Laja
Contrario a la creencia popular, esta pensión no se encuentra ubicada en "El Salto del Laja", en esa belleza natural en las cercanías de la hermosa y apacible ciudad de Los Ángeles, sino que en el Cerro Delicias, la cual tiene una pequeña pero exitosa sucursal en el Cerro La Cárcel. Se intentó abrir otra sucursal en el Cerro Las Monjas a pedido de una congregación desconocida pero no resultó, y por cuyas razones no estoy en libertad de discutir en esta ocasión.
Esta es la única alquería "unisex" que se conoce y de que se tiene memoria en los anales de la expresiva, amena y pintoresca historia de Valparaíso. Esta pensión no discriminaba ni segregaba ningún tipo de clientes o clientas, y como justo empleador, le daba la oportunidad indiscriminada a cualquiera que la visitase. Por eso es que "En la Pensión El Laja, le parten la Roja", a cualquiera que se presente sin importar el origen, raza, inclinación sexual, religión, lenguaje o preferencia de vestirse del cliente, se le parte la roja sin más trámite y sin pregunta alguna.
Muchos copiones han aparecido para aprovechar la reputación de esta pensión, como la "Pensión El Castellano", que por cierto es una copia barata y un atentado fallido de plagio a la Pensión El Laja. Por lo demás, suena vulgar. También están la "Pensión La Maja", "Pensión El Pollo", "Pensión La Lucha", "Pensión El Rico", y la "Pensión Las Brevas"; todas con slogans muy similares que implican regiones anatómicas privadas de entre el ombligo y las rodillas.
La Pensión Emeterio Zacarías Saturnino Guajardo
No me consta para nada de que esta paradójica e inverosímil pensión haya existido nunca. He recorrido todos los rincones, preguntado por todas partes, y buscado por todos los cerros de Valparaíso (con la excepción del Cerro Artillería por supuesto), y no he encontrado ni un vestigio, ni una pista, ni el más mínimo rastro de que algo tan insólito y escandaloso como esto haya existido jamás de los jamases.
Contrariamente a la total ausencia de evidencia, de la completa privación de crónicas históricas, y a pesar de la negación completa de conocimiento de la población acerca de este fenómeno; muchos conocen el lema que le identifica: "Pensión Emeterio Zacarías Saturnino Guajardo, donde hay que Meterlo, Sacarlo, Sacudirlo y Guardarlo". Esta pensión aparentemente es el equivalente a los restaurantes de comida rápida, donde uno entra, hace lo que tiene que hacer, y sale contento y sin más dilación.
La verdad es que ni he pensado en preguntarle a mi abuelita acerca de este asunto, que a pesar de la coincidente rima de su nombre, ¡NO TIENE NADA QUE VER CON LA FAMILIA, ¡CARAJO!
Para cerrar
Usted crea lo que usted quiera creer porque para eso tiene coco. Estas crónicas son tan ciertas como que usted las está leyendo ahora mismo, y sepa que éstos dietarios pseudopornográficos forman una parte inamovible e inevitable de la obscura y clandestina historia nocturna del nocherniego Puerto de Valparaíso, el que las susurra nostálgicamente cada noche en el embate de aquellas impertinentes olas del inquieto Pacífico, que lamen devotamente sus playas y sus ancestrales roqueríos.
Si los tranvías eléctricos ("Troles") de Valparaíso pudiesen hablar, contarían lo mismo. Nosotros ahora los conocemos como "troles", pero los alemanes que fundaron la Elektrische Strassenbahn Valparaíso en 1903, mejor conocida como la Empresa de Tranvías Eléctricos de Valparaíso (E.T.E.V), con sus 60 carros manufacturados por la Van der Zypen & Charlier de Colonia, Alemania; les llamaban: Tranvías Eléctricos. ¿Cómo llegó de Elektrische Strassenbahn a "Trole"? Un misterio total digno de Valparaíso y del Homo Chorus Porteñus.
Estos íntimos y elocuentes cuentos que se derraman cadenciosamente por las laderas de los cerros Porteños acompañando calladamente a las sensuales sombras de la noche, impregnan a los marineros de menudas memorias sin puerto y portadores de frívolos amores extranjeros sin que nada los pueda lavar o borrar de sus memorias, ni de las laderas de los románticos y jorobados cerros de ese viejo y querido puerto de Valparaíso.
Estoy seguro de que usted sabía y sabe de estos lugares, y no le voy a preguntar cómo es que sabe de ellos para no compungirlo ni comprometerlo, pero tendrá que reconocer que algún capítulo de éstos, alguna vez en su distante pasado cruzó raudo y sicalíptico una fulminante noche de su apasionada y ferviente juventud. Si dice que nó, seguro que es gay. ¡No la huevee sano pué señor!
Las malas lenguas dicen que hasta el Papa visitó uno de estos lugares en una misión clandestina con la mera intención de de-canonizar estas obscuras prácticas, pero nadie puede dar fé de ello, e incluso se dice que el sombrero que dejó atrás en una de estas casas de lujuria, es falso. Como usan el mismo sombrero, otras lenguas dicen que es el sombrero de la Reina de Inglaterra... ¿Quién sabe? Todo forma parte del misterio. No me vengan a decir que soy irrespetuoso y descortés con esta alusión al Papa, porque él es un prójimo que come, duerme, y excreta igual que cualquiera de nosotros.
Cabe hacer notar aquí de que no existía absolutamente ninguno de estos celestiales establecimientos ubicado en el Cerro Concepción. Ni el nombre, ni el significado, ni el espíritu, ni lo que insinúa el contenido de la palabrita ésta le apetecía a nadie, y asustaba especialmente a las damas.
¿Yo? Bueno, puedo decir con la indiscreta honestidad que me permite mi avanzada edad, de que durante mis locos y soliviantados años universitarios pasados en la consuetudinaria Universidad Santa María, contribuí esporádica pero copiosamente con las creencias populares construídas una noche a la vez, un lugar a la vez, una cama a la vez; en aquellos lugares instituídos antes de la Era del Condón, en aquel noctívago paraíso de paraísos: Valparaíso.
El Loco.
También, un orgulloso, altanero, inequívoca y resueltamente irreverente Homo Chorus Porteñus o, Choro del Puerto; si usted prefiere el Castellano.
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