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Ad Mortem

Este escrito completo es un fragmento de los partos intelectuales monomáticos pero honestos de un Traficante de Ideas Dementes que aborta filosofías teorizantes, salvajes y parciales, para que la humanidad pensante se cuestione... o no.

- The Humanitarian Hell Raiser (El Humanitario Creador de Infiernos) – RAG.
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La Muerte

A menudo representada como un esqueleto vestido en una túnica o sotana y esgrimiendo una gran guadaña, la muerte es personificada así porque antiguamente se creía que ésta "cosechaba" las almas de los vivos, robándoles así de la vida.  Entre otros nombres, también se le conoce como Muerte, La Muerte, Grim Reaper, o El Cuarto Jinete del Apocalipsis; aquella alegórica y ficciosa figura bíblica que monta el apócrifo Caballo Pálido (bayo, no blanco).

Tanatopsis - Una idea, mil pensamientos

A menudo pienso sobre la muerte.  La muerte se supone que sea un acontecimiento definitivo, pero natural.  Muchas veces no lo es; como la muerte del Amor el que jamás muere de una muerte natural.  Estos ácidos pensamientos tanatognomónicos me asaltan y me emboscan muy a menudo, especialmente desde la súbita, dolorosa, y espiritualmente anaeréctica muerte de mi bien amado hijo Lucas Martino.  Así aprendí a morir estando vivo, para poder vivir estando muerto.

Hace un poco más de diez años atrás tuve un encuentro cercano con la muerte.  Ésta vino a buscarme en una clara mañana de fuego helado y nieve candente, y no oculta entre las tenebrosas sombras de la tarde como piensa la gente.  Vino a buscarme presta y sin enojos, y mirándome fijamente a los ojos.  Pero yo sabía que el secreto de la muerte se oculta encerrado y celoso en el plácido y reposado espíritu de la vida del presente.  Entonces le escupí en la cara, y obteniendo mi anabiosis; ella hubo de marcharse; aunque sé que no lo hará para siempre. 

La Muerte es una fiel camarada que siempre nos acompaña silente y devota hasta el final de nuestra jornada.  A veces se acerca, y a veces se aleja; pero siempre está pronta a hacer su cosecha.  Sé que ella volverá por mí algún día, y allí terminará esta áspera y dulce correría de mi vida.  Y como un árbol seco para siempre, el calendario de mi muralla ya no tendrá más hojas, y ni ayeres ni mañanas.  Por eso es que creo que cada nuevo día en que despierto vivo, es una irrisoria cortesía extra que me dá la muerte.  Amamos la vida y odiamos la muerte, y esto es porque la vida es una hermosa mentira, y la muerte una verdad dolorosa.        

Quizá Sir Williams Shakespeare esté en lo correcto acerca de la vida.

¿Cuál es la naturaleza de la muerte durante la vida? 

Creo que la muerte es la fórmula de entender lo que constituye nuestra propia existencia, porque la vida es la decepción de la muerte.  La muerte del hombre a través de su existencia determina su finitud, y es la metafísica indiscutible y axiomática para concebir y entender que el hombre, a divergencia de cualquier otra entidad viviente en las vastas extensiones del Universo, es el espécimen más terminalmente afectado y perturbado por la irreversible destructibilidad y realidad de la muerte. 

He concluído de que aunque parezca mórbido, un hombre que ha pasado por amarguísimas experiencias, sufrido pérdidas imposibles, sobrellevado los más destructivos escarmientos, tolerado los más demoledores golpes del Sino, y sobrevivido los más brutales y mordaces azotes del fátum; aprende indudablemente a disfrutar hasta de sus más profundos y enfermos sufrimientos.  Esto me sucede a mí.

Quizá la muerte es la explicación de la existencia misma.  Puede que la muerte sea la puerta al orden de la nada o de la inconsciencia total, o el viaje conclusivo del espíritu hacia la lejanía inconcebible donde se desvanecerá para siempre.  ¿Es ésta la naturaleza de la muerte durante la vida?  Pues debe de serlo porque “Vita est Fidelis ad Mortem” (la vida es fiel hasta la muerte).  Sí, y nuestra vida nos es fiel a nosotros, pero solo hasta la muerte.   

Para mí, la muerte no tiene un significado subjetivo porque filosóficamente tenemos que hablar de ella en forma metafórica ya que dentro de la irrealidad de la muerte, ésta es real y unidireccional.  Ella es irreal durante nuestra vida, pero se torna real cuando llega.  Si nacimos para morir, entonces ¿cuál es el sentido de la vida?  Por eso es que no es fácil determinar cuál es la naturaleza y el significado de la vida, y quizá la muerte y su concepto no tienen un significado subjetivo porque son una noción completamente vacía que carece de presencia.  La muerte tendrá un significado filosófico, pero no tiene ningún significado subjetivo.  No debemos tomar la muerte en serio, ésta solo acaece una sola vez en la vida.

La percepción y el efecto de lo que es la muerte tienen un sentido coherente y una función disconforme para los humanos vivos, empero; la muerte misma no tiene uso o sentido para sí misma.  Al igual que el resto de los seres vivos del planeta desde su incepción hasta su Omega, yo solo sé una cosa de la muerte: su llegada es comienzo de la ausencia total, de la ausencia sin conciencia.  Pero, ¿qué es ausencia sin conciencia?  Si la ausencia sin conciencia es la nada total, ¿entonces cómo la detectamos?, ¿cómo medimos la nada total?  La muerte nos trae su ausencia sin conciencia, pero no podemos detectarla porque la muerte se la lleva a rastras cuando ésta se lleva a sí misma consigo.

Preguntas

Si la muerte es eterna y la vida es sólo un fugaz suspiro en el infinito manto del tiempo, entonces; ¿cuál es el verdadero valor de la vida?  ¿Es el valor de la verdad, o la verdad del valor?  ¿Es la ausencia de lo eterno, o lo eterno de la ausencia?  ¿Hay un momento más importante en la vida, o es la vida el momento más importante de la muerte?  ¿Es estar consciente de la ausencia de la conciencia, o es tener una inconsciente ausencia de conciencia?  ¿Qué son entonces Tiempo, Muerte y Consciencia?  Estos no pueden ser términos generales porque tiempo, muerte y consciencia son siempre particulares al individuo.  Es MI tiempo, MI consciencia, MI muerte...  Ésta es la verdadera diátesis de la vida.  Entonces, ¿será mi muerte el comienzo de mi más grande aventura?

Presunciones Presuntuosas y Presumidas

Para el extraordinariamente simplista y pseudo-taoísta Zhuang Zhou, el chino que vivió durante el “Período de los Reinos Combatientes” en la Centuria IV antes de la Era Común, la muerte es sólo la transformación de la materia de un estado a otro, tal como la comida se transforma en caca.  Este “filósofo” sin certificación declara que en un momento estamos vivos, y en otro; somos forraje de helmintos, y esto es además, algo que debemos celebrar.

Es obvio que el valor de la vida humana por allá en el siglo IV AEC estaba un milímetro sobre la Drosophila Melanogaster y sus borceguíes de Rhizopus Nigricans; cuando nó un decímetro bajo el excremento.

Hay una superstición sobre la muerte de la esposa de Zhuang Zhou.  La alegoría narra de que después de que la esposa de Zhuang Zhou murió, un amigo de Zhuang Zhou le encontró golpeando una tina de baño y cantando.  

- Vivías con ella, crió a tus hijos, envejeció y murió.  ¿Por qué estas cantando? - Y Zhuang Zhou respondió:

- “¿Por qué no debería cantar?  Vivió, murió, se convirtió en otra cosa.  Uno no debe llorar, uno debe celebrar los cambios, golpear la bañera y cantar.  La muerte no es nada, nada de temer”.

Curiosamente y según la historieta, Zhuang Zhou dijo “Vivió, murió, se convirtió en otra cosa”, pero no dijo: se convirtió en forraje de gusanos.  Es irrebatible de que la esquizofrenia, la demencia y el desequilibrio mental eran ya evidentes en el Imperio Chino.

Otros exiliados mentales dóciles de pensamiento plantean que la muerte vive con nosotros hasta que decide partir, pero; ¿cómo es posible que la muerte viva?  Acaso ¿no es la muerte la negación de la vida y lo absolutamente contrario a ésta?  Además, la muerte no puede partir a no ser que la acompañemos nosotros.  El problema es que todas nuestras ideologías son contrarias a la psicología humana como por ejemplo, siempre fabricamos una filosofía para nuestra falta de valentía; y esto es porque el Hombre es la única creatura que se niega a ser y reconocer lo que es.

Ad Rem (de vuelta a la realidad)

Platón manifiesta en su “Apología” y en su diálogo “Crito” que la preferencia de Sócrates era el mantener sus principios morales y morir, antes que violar estos sólidos principios suyos para prorrogar la muerte.   

El relato de su muerte proclama a Sócrates heroicamente aceptando la muerte -a quien no conocía- por defender sus principios, y mientras bebía libre y tranquilamente la Cicuta Virosa filosofaba en voz alta mientras que el veneno lo mataba.  Este necrótico acto de Sócrates no solo expresa un embrión de desafío en contra de sus sicofantas, pero además; un cuidadoso y premeditado desafío hacia el Estado.  

Con respecto al mandato del Estado, Sócrates obedecerá sus dictámenes a menos que se le ordene el dejar de dedicarse a la filosofía.  El Estado le deniega esto, y Sócrates desacata el mandato.  Entonces, ¿cuál fué la naturaleza de la muerte durante la vida de Sócrates?  

Al igual que el resto de los seres vivos del planeta desde su incepción hasta su Omega, yo solo sé una cosa sobre la muerte: su llegada es el comienzo de la ausencia total de conciencia.  Quizá el final entonces es el principio del principio, y el principio del principio es el fin del final.  Consecuentemente, ¿la muerte hace que nada importe, o hace que todo importe?  ¿Es la vida una riqueza natural, o es una muerte artificial?

La pregunta prevalece: ¿Cuál es el valor y la naturaleza de la muerte durante la vida?  Esta pregunta se la hago a usted.  No trate de racionalizar esta pregunta porque racionalización es la mentira que nos decimos a nosotros mismos, y es lo que usamos para enmascarar la advertencia de conflicto en nuestra conciencia.  Debemos recordar que la verdadera integridad humana no necesita leyes.

Entonces, pregúntese usted: ¿Cuál es el valor y la naturaleza de la muerte durante Mi vida?  

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Et sub Glossarium Glossarium – (Cum amore legentibus)
Tanatognomónico – Característico de muerte
Tanatopsis - Vista o reflexión sobre la muerte
Anaerética – Destructiva
Diátesis – condición particular del cuerpo o de la mente; factor predisponente
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Post scriptum et quorumdam suggestionibus pro futurum: Si hay algún tema sobre el cual usted quisiera leer mis traumáticas y ligeramente psicopatísticas opiniones, por favor sugiéralo a: rguajardo@rguajardo.us.

Caveat: Mis opiniones personales pueden resultarle ácidas, demasiado honestas, corrosivas, irreverentes, insultantes, altamente irónicas, acerbas, licenciosas, mordaces y de una causticidad filosófica sin límites conocidos por el ser humano, y quizá no le apetezcan o acomoden intelectualmente; pero es lo que habrá disponible basado en su pedido.  Gracias. 





El Loco

Hoy, mi Madre se ha Marchitado

Hoy ha muerto mi Madre, empero; no puedo llorar a pesar de que la pena es agobiadora... 

Hoy ha muerto mi Madre lejos de mí, empero; la inmensa amargura sólo me trae un colosal vacío seco de lágrimas.  Mis sentidos están un poco extraviados, deteriorados y ausentes como lo estuvo mi presencia a tu lado en esos postreros y ácidos momentos; y mis abatidos ojos sostienen una larga y vacante mirada...  Y a pesar de que puedo avizorar claramente a través de los ciegos cristales de mis claras ventanas, no sé si el sol está brillando afuera o si las adustas golondrinas están de duelo, tampoco puedo escuchar a las agridulces mariposas despertándose, ni a las viejas nutrias lamiendo su sedoso pelaje en aquel negro río sin origen.  Solo sé que hoy te has muerto Madre, y que no puedo llorar por más que quiero, porque mis emociones han muerto todas con tu partida, y porque mi vida después de tu partida, me parece un lento parpadeo. 

Eras tan hacendosa que nunca tuviste tiempo para esperar a la muerte, por eso es que ella tuvo que venir a buscarte.  Estoy íntegramente consumido en cuerpo y consumadamente fatigado en espíritu; tu muerte me ha hecho sentir en los huesos el insondable y penetrante significado, y la vasta e inmortal transcendencia de los lazos de la sangre.  Esto es Madre, porque la Muerte deja un dolor que nada ni nadie puede curar, pero deja un recuerdo que nada ni nadie puede robar.
 
Trato de pensar en tí como en alguien que aún está aquí a mi lado, aunque allá tan lejos de mí, pero que ya no estás más.  Necesito llorar... pero no puedo.  Mamina, quizá mis lágrimas estén aterradas de no poder llenar ese tan formidable vacío que tu partida ha dejado en nuestras almas, y se sientan asustadas e incapaces de alimentar el hambre emocional tan atroz e indómito que me dejó tu perpetua partida.  Es por eso que ahora tengo el corazón tan álgido como el glacial protocolo de la lógica y mecánica muerte.  Dejaré que el negro pájaro de la muerte vuele sobre mi espíritu, pero jamás le dejaré anidar en mi corazón.


Te fuíste sin fecha ni hora porque la acechadora muerte es la única sicaria que lleva negras anotaciones en un mórbido y cáustico calendario; y es la única matona que cuenta nuestros días en su ebónico ábaco de cuentas tan negras como la traición.  No hubo pañuelos agitados ni rosarios de despedida; y si los hubo, nunca los ví desde esta sideral distancia.  Mi pena reside no en tu partida, sino en la espera que sobrellevaste y padeciste pacientemente aguardando por mi próxima visita, la que no llegó a tiempo.  ¡Y las gentes se entristecen porque Penélope tuvo que esperar!

Durante las auroras de nuestras vidas, recuerdo imborrablemente cuando me enviabas presurosa a la panadería antes de irnos al colegio en esas frías y escarchadas mañanas semanales de Santiago, a comprar el crepuscular pan que quebraría el día.  Me dabas el cambio justo y me pedías que corriera como el apurado viento para que el pan llegase caliente a casa.  A veces yo reclamaba porque me cansaba...  Y yo corría apresurado dando saltitos asustados por los senderos de las veredas sin saber de las innumerables y difíciles carreras que tú corriste por nosotros, y que nunca te quejaste de lo largas, pesadas y agotadoras que todas ellas siempre fueron.  Y escondiste tu tristeza en tus sólidas lágrimas de hierro, ésas que se refugiaban espantadas cobijándose seguras en la adarga de tu eterna sonrisa.  Hoy te has ido Mamina, y no es ya menester que yo corra en pos de aquel caliente pan...

Escribí un libro para tí, que como mi llegada, no estuvo a tiempo.  Nunca lo leerás, pero si hubieses podido hacerlo estoy seguro que te arrancaría unas carcajadas, y quizá liberaría algunas de aquellas pesadas lágrimas que ajaron tus hermosas y jóvenes mejillas. 

Ese libro es el pergaminoso alegato escrito de mi constante pero entrecortada vida, y está dedicado con la más profunda reverencia y amor a la Santa Mujer que me dió la generosa vida que me gobierna, a la mujer que me vió crecer estrepitosamente, a la mujer que me consoló en mi más profunda amargura; esa mujer que remendó presurosa y cariñosamente los diseminados pedazos de mi alma trizada por la pena, cuando un artero y fulminante amor me la hizo mil pedazos con una ciclópea explosión de desamor, esa mujer que se regocijó excelsa en mis éxitos, y que se rió presta, cándida y abundantemente conmigo en mis numerosas y monumentales estupideces. 

Gracias por ayudarme a pagar mis errores, porque sé que los pagué con mi sangre que es sangre de tu sangre, y las lágrimas que derramé en aquellos escasos pero negrísimos días que a veces me abatieron durante la inquieta jornada de mi vida, contenían siempre la dulce sal de las tuyas.  Fuíste siempre eterna en mis más efímeros momentos, fuíste siempre más que un frágil instante en mis largas esperas, y fuíste siempre mi vida entera.

Te dedico devotamente este áspero pero honesto pedazo de mi brutal e incandescente alma a tí Madre, porque apagaste devotamente la ciclópea sed que sangraba mis prolongados días, porque tú me ayudaste pacientemente a aprender la vida, porque me aleccionaste a sortear graciosamente los enigmas del espíritu, y porque te consumiste sin demora y en un fulminante instante con los más pequeños y los más excelsos triunfos de mi desordenada y bulliciosa existencia, y porque siempre estuviste ahí para nosotros, dispuesta a dar todo tu amor y energía sin nada a cambio, en un solo instante, tal como lo hace la airada avispa cuando entrega su vida toda en un santiamén final, en un solo y fulminante aguijonazo; y lo hiciste meramente por la incesante y efímera satisfacción de ser Madre; Mi Madre.  Éstas salvajes y silvestres memorias mías escritas de mi puño y letra en el más fino papel, son para tí; mi joven Madre.

También estoy triste Madre porque he tenido la atrevida audacia y la temeraria osadía de atentar describir tu vida entera en esta precaria, provisoria y presuntuosa hoja de papel, pero mi pluma se rehúsa a darme las candentes lágrimas que necesito para escribirte más largo...  Estarás ahora viajando en aquel tren sin motriz hacia los lejanos espacios siderales de la imaginación humana; contenta y a reunirte con el amor de tu excelsa vida, a reunirte una vez más con tu compañero mortal, aquel ser que cuando estaba entre nosotros, solíamos llamarle Padre.

Francisco Javier y Carmen Cecilia junto a algunos miembros de sus familias, estos amantes y dedicados hijos tuyos están padeciendo la más cercana pena y la más devastadora desolación que nos trajo tu angustiosa partida.  Francisco y Carmen se han llevado la parte más pesada de nuestra pena porque estuvieron a tu lado respirando y palpando el amargo y mordiente dolor que yo solo puedo imaginarme desde esta indolente distancia.  Esos padecimientos son enormes porque traspasan los tejidos del alma.  Quiero que tú y las demás gentes sepan de los muchos sacrificios y cuidados que ellos te han prodigado tan generosamente, los que han sido en su mayoría invisibles para todos, los que te han sido entregados con un amor sin límites humanos, y con una dedicación a la que yo no puedo más que envidiar.  Ha sido una larga, pesada y agotadora jornada para ellos; pero la han caminado con la misma energía, dedicación, medida y amor infinitos con la que tú caminaste la tuya.  Cuando sea que llegues a donde sea que llegues mi joven Madre, acuérdate de ellos.

Hoy te has marchitado Madre, empero; no puedo llorar inconsolablemente a pesar de esta agobiadora pena que me muerde el alma.  No puedo llorar...  No puedo llorar desconsolado porque nos enseñaste demasiado bien a desdeñar la mala fortuna, a boicotear la tristeza, a reírnos de los desagravios de la vida, y a sonreírle ampliamente, siempre desafiantes y altivos al cruel y malquisto destino el que con sus ingratas dentelladas a veces nos desmorona, y que en ocasiones despedaza estrepitosamente los apretados espacios de nuestro ingrávido mundo...  Quizá las palabras más poderosas que ponen mi llanto en seco ayuno, son aquellas que me dijiste un día: "No llores hijo mío porque tus lágrimas no te dejarán ver las hermosas estrellas".  Gracias Mamina por obsequiarnos con la inexpugnable solidez de tu infinito espíritu. 

Quizá mi falta de lágrimas también se deba a que me enseñaste a encontrar y a descifrar el oscuro secreto de la muerte a la luz del espíritu mismo de tu vida.  Si alguien sabe de esto, esa persona fuíste tú Mamina.  Tú nos enseñaste a beber del río sereno del silencio para que pudiéramos decir lo que pensamos con palabras claras, sinceras y estruendosas; claras como el agua de ese magnífico río de tu vida, sinceras como tu principesco amor por nosotros, y estruendosas como la munífica nobleza de tu sinceridad.

Para poder conocer bien la tristeza debemos conocer mejor a la alegría.  Tú Mamina nos enseñaste espléndidamente la impoluta alegría, y es por eso que hoy sentimos un dolor tan profundo, no porque te hayas marchitado; sino porque nos has dejado atrás sin tí; sin tu compañía.  Mamina, tú no nos enseñaste tenacidad, tú nos enseñaste a llevar a la tenacidad con una brillante y alegre sonrisa en nuestras caras.

Adiós compañera, amiga y guiadora de nuestras vidas.  Ahora tu larga vida nos parece un corto y precario segundo, pero para poder decirte adiós nos llevará una eternidad.  Adiós Mamina, compañera, amiga y guiadora de nuestras vidas; ahora estás libre para visitar todos esos lugares y todos aquellos etéreos espacios con los que siempre soñaste, ahora estás libre de despertar y seguir todos tus dormidos sueños sin los pesados e injustos grilletes de la vida.  No hay necesidad de que nos envíes tarjetas postales Mamina porque la muerte no te ha robado de nosotros, sino que te ha inmortalizado cincelándote para siempre en nuestras memorias.

Tú nos enseñaste a encontrar y conocer el oscuro secreto de la muerte solo porque siempre estuviste dispuesta a descubrirlo en el espíritu mismo de tu generosa vida.  Si alguien sabía este secreto; ésa fuíste tú querida Mamina.  Una vez mirando abiertamente dentro de mis oscuros e inquietos ojos con los serenos verde-vida de los tuyos, me dijiste que no querías que tu muerte oscureciera mi cielo, ni que tornara grises mis días, ni que ajara mi alma en pena, ni que envejeciese mi pujante espíritu.  Con tu suave y baja voz me dijiste con la sabiduría de infinitos años: "La muerte es como el interruptor de la luz, cuando alguien apaga la luz, la oscuridad no tiene que invadir ni apoderarse de nuestras vidas, es sólo un asunto momentáneo; solo tenemos que activar ese interruptor otra vez para encender la luz y retornar la luz a nuestra vidas.  Esto es importante porque así podremos ver otra vez la belleza que tenemos, y la que los demás nos han dejado".  

Ayer activé el interruptor de la luz de mi vida siguiendo tu consejo, y encendí las luces de mi vida una vez más, pero sus fulgores ya no brillaban como cuando tú estabas aquí...  Sé que se pondrán más brillantes con el tiempo porque el tiempo lo cura todo.  Sí, el tiempo lo cura todo, pero éste no arregla nada...  Pero recuperaré esa amplia sonrisa de mis labios y la indomable alegría de mi espíritu porque una vez me pediste encarecidamente que no estuviera triste con tu muerte, porque yo no te daría la oportunidad de estar triste con la mía.

Un hombre incautamente franco y tan pequeño como yo nunca será capaz de expresar un adiós para siempre en forma correcta o cumplida, ni siquiera con mis silencios porque mis silencios siempre dicen nada.  No puedo expresarte un entendible adiós para siempre, no porque hayas partido; sino porque en nuestras vidas fuíste una extraordinaria mujer como ninguna otra; así que sólo te diré: Que tengas un buen viaje, querida Mamina. 

En mi tierra, precediendo al entrante Otoño en Agosto 22 de 2015. 


El más loco de tus hijos,

Rodrigo Antonio Silvestre


Sobre la Vida

Siempre hablo mucho de la vida porque creo que sé mucho de la vida. Por alguna exótica e inexplicable razón desviada, a veces pienso que sé mucho de la vida. Mientras más edad alcanzo, más aprendo de la vida, y es por esto que pienso que cada vez sé más de la vida. Y como buen y fiel discípulo de Sócrates, concedo sin reservas de que, solo sé que nada sé. También en una forma errada y desatinadamente divagante señalo que alcanzo más edad, lo digo equivocadamente porque yo no puedo alcanzar la edad, sino que es ella la que me persigue y me alcanza a mí, por más rápido que yo corra.

Cuando el Hombre pudo esgrimir su primer vestigio de tenue inteligencia, por allá y desde los albores de nuestra complicada y vieja historia; el Hombre se ha preguntado constantemente estas importantes cuestiones sobre los asuntos que más le intrigan: ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Por qué estoy aquí? ¿Para qué estoy aquí? y ¿Para dónde voy? Y ha mirado a lo infinito del cielo y en las profundidades de la tierra por respuestas; ha indagado profundamente en el pasado y mirado en lontananza hacia el futuro sin poder encontrar una respuesta que le satisfaga; así que si usted piensa que encontrará alguna respuesta gratificante sobre la propuesta de la vida en este escrito, usted debe estar mucho más loco que yo.

Muchas personas comienzan inadvertidamente sus vidas marcados con un rumbo erróneo impulsado por una deleznable ignorancia inducida. No es la culpa del ser humano el ser tonto, pero sí lo es el ser estúpido. Cuando uno es joven, hay ciertas pandillas que le llenan a uno la cabeza de humo y fantasías de niños basadas en encantamientos y sortilegios infundados; pero es nuestra obligación y responsabilidad moral y de Hombre el despejar esas nubes hechas de cortinas de ignorancia supernatural tapizadas de celajes y de fraude, y descubrir la verdad en la realidad.

Una pregunta implica una respuesta y por eso, coexistiendo con el interrogador, encontramos una clase de "Voluntarios" que nacen de la nada y que se han asignado a sí mismos el negocio de responder las interrogativas. Y como pago parcial por contestar a estas preguntas, el hombre que contesta vive e expensas del hombre que pregunta, y también obtiene títulos, honores, ornamentos con el valor de cuentas de colores, joyas, y otros banales obsequios. Además de esto, el "Voluntario" que contesta se ha declarado evidentemente exento de todo el trabajo útil e inteligente. Este "Voluntario" es nuestro teólogo.

Lo que no me explico es, ¿cómo es la gente actualmente cree que todas estas tonterías son verdades? ¿Cómo es posible que un ser humano capaz de obtener una carrera, capaz de manejar un automóvil, capaz de organizar una empresa, capaz de resolver problemas, capaz de comunicarse, leer y escribir; crea en la historieta de Adán y Eva? ¡Simplemente pasmoso! Quizá sea más sensato el aprender todas las muchas religiones para así escapar la intratable esclavitud de una. Lo peor es que a nuestros niños se les sigue lavando el cerebro con esta basura, y estos hombres "inteligentes" permiten voluntariamente estas aberraciones en contra de su descendencia. Quizá el vivir lo patológico sea un estilo de vida.

No voy a responderle aquí sobre propuesta de la vida, empero, le alborotaré el alma y le soliviantaré el espíritu en una forma sutil, insolente y peligrosa con la sola intención de que usted piense por sí mismo acerca de la respuesta sobre la vida, y no abandone su inteligencia ni su sentido común a las baladíes y vacías palabras berreadas por el prelado de la ignorancia. Usted tiene un cerebro y espero que lo use en su honesto beneficio porque la mayoría del conocimiento verdadero del Hombre viene de sus preguntas sin contestar, porque le obliga a seguir buscando por las ausentes respuestas, y durante esta jornada, deducir el conocimiento real. En términos clericales, acuérdese de que el Hombre no comenzó a crecer como tal, sino hasta que fué expulsado del "Edén"; y esto, porque la acción resuelve lo que la teoría no puede. Teología y religión creen que preparan al Hombre para morir; ciencia lo prepara para vivir.

El alcanzar las respuestas no reside en escalar las apiladas montañas de Aloidae en las faldas del Monte Olimpo, ni la Torre de Babel en las planicies de Shinar, ni la Pirámide de Cholula en Puebla, ni visitar a Setebos en la Patagonia; ni tampoco necesitamos otros mil cuatrocientos años de Obscurantismo impulsado por la religión y la teología bloqueando la ciencia y el progreso; sino que lo que necesitamos es descubrir y discernir la lógica y el sentido común camuflada por la fantasía. Al creyente de lo teológico no se le puede preguntar en frente del teólogo si cree en teología. ¿Por que se dirá usted? La mejor respuesta es quizá otra pregunta. Cuando se le pregunta a un esclavo en frente de su dueño si quiere ser libre, ¿cuánto vale su respuesta?

El intelectualismo no cree en fantasmas, entonces es desafortunado el que a los niños víctimas del creacionismo religioso se les infecte con falsedades cuando la realidad y la verdad son tan hermosas y claras. La realidad y la verdad tienen un poder todavía más mágico que el ignorante concepto del creacionismo místico, que a la postre, no es más que un barato producto intelectualmente ciego y hecho de inanes fetiches y coloridos talismanes mentales. Seiscientos años antes de Cristo, el griego pre-Socrático y profesor de Pitágoras, Anaximander (610 - 546 AC); enseñó que la vida animal se engendraba desde la tierra a través de la influencia de la humedad y la temperatura, y que esa "vida" generada en esta forma con tiempo y gradualmente, evolucionaba hacia diferentes y más altas formas de vida. Esto incluía al Hombre. Pero entonces las religiones arbitrariamente inventaron y les calificaron de "pecados" para poder combatir estas creencias que iban en contra del creacionismo ciego, y pasaron leyes para suprimir a estos pensantes y sus ideas, y penalidades para eliminar a sus defensores, todo en el "nombre de los dioses". Anaxágoras (500 - 428 AC), el gran maestro de Pericles, hizo declaraciones similares a las de Anaximander, con los mismos resultados. De acuerdo a la ciencia moderna, Anaximander estaba muy cerca del camino de la verdad.

Los hombres que han beneficiado más al mundo a través de la ciencia; casi sin excepción, han sido menospreciados por el linaje frailesco. Ciencia es la búsqueda de la verdad, pero teología es un mecanismo para adjudicarse poder a través de la explotación de la ignorancia. Por eso es que Charles Darwin fué el terror de los dioses establecidos y la Peste Bubónica para el clérigo, quienes ambos; huyen en pánico de esta arma infernal: "El Origen de las Especies". Otro enemigo público de la religión es Friedrich Nietzsche porque le quitó sin misticismos los tapujos a dios. Un simple aparato que destronó a los dioses fué la luz eléctrica, la cual le quitó sin suntuosidad el monopolio de la luz a dios. Se establece entonces de que la religión necesita a gente crédula para poder vender lo absurdo, y que la ciencia requiere de gente escéptica que lo cuestione todo.

En Psiquiatría y como se le define claramente y sin evasividad en el manual "Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM)", la biblia de la Psiquiatría; a la apócrifa e ilusoria creencia de "algo" que no se basa en la realidad o que no existe, se le denomina Desorden Delusional, un gravámen considerado una severa y perniciosa "enfermedad mental". De acuerdo a esto, la mayoría de la sociedad entonces sufre de esta enfermedad basada en que creen en lo "divino". ¿Qué hace que ésta pestífera enfermedad mental sea aceptable y la inconexa excepción aceptada por los inarticulados e incongruentes preceptos propugnados por los súbditos de las religiones? Confórmese usted mismo con su respuesta.

Pero, ¿qué sé yo acerca de la vida? Antes de contestarme esta filosófica e intoxicante pregunta, quiero repasar y repetirme algunos de los gélidos conceptos nacidos y vociferados en las vastas estepas de las locuras de mis cortos pensamientos gnoseológicos. Estos intermitentes pensamientos que afloran del fondo de mi vida en estentóreas y desordenadas erupciones, como una manada de caballos maniáticos queriendo escaparse del nuclearmente glacial e impávido invierno que les apresa en las descuidadas garras mi alma.

Siempre he pensado y sentido de que cuando estoy muy ocupado, la vida se me escapa más aprisa y en formidables y ruidosos hervores; pero si no lo estoy, siento que estoy desperdiciando miserablemente importantes pedazos mi vida. Es un problema de dos caras, pero que ninguna de ellas se dá abiertamente. Si la vida es corta, mi vida, creo que la verdadera ciencia del vivir es una materia difusa, y el arte de vivir es largo, pesado, y se hace más impreciso cada mañana. Una moneda no sabe si tiene dos caras, porque ninguna de las dos puede ver la otra. Hay que tomar cada cosa en la vida como que es simple y únicamente para nosotros, por más común que éstas sean. Las mismas cosas les pasan a todos, pero con diferentes y variados resultados. ¿Un ejemplo? Adán, Guillermo Tell, e Isaac Newton tuvieron un encuentro personal con la famosa manzana, pero los resultados de estos encuentros todavía no pueden encontrar un parecido entre ellos.

Pienso que mi vida será larga solamente si la sé aprovechar; el tiempo que tengo disponible no es nada de corto; lo que sucede es que pierdo mucho de él en fatuas diligencias sin valor, en luengos rasgones de tiempo sin cronómetro, en improductivas actividades que no puedo reciclar. Creo que el tiempo que actualmente logro vivir apropiadamente es solo una porción pequeña del pañol de años que mi vida lleva de reserva en su estanque, porque el resto de lo que hago no es vida, sino espacio vacío y tiempo traspapelado.

¿Cuántas veces un efímero instante de licenciosa libertad me ha dejado pagando el alto importe de una eternidad frecuente y perpetua? Esto fué como querer medir mi vida con la Cadena de Gunter. Aprendí apurado y quizá a tiempo, de que es siempre una mala idea y una muy tardía e ineficiente acción el querer comenzar la vida cuando ésta se nos quiere acabar, y trata de escapársenos porfiadamente despidiéndose entre súbitos y carnavalescos ataques al corazón y otros atropellos propios y adecuados de la edad. La vida es muy peligrosa ya que muy pocos la sobreviven, pero hay que construírla con fogosidad y exaltación en cada minuto, porque nada sublime y bello se construye sin pasión y constancia.

Cada cual empuja atropelladamente su vida trabajando febrilmente con el anhelante deseo de lo venidero, y con la vaga e indefinida visión de lo futuro; pero con la gabela del hastío de sus presentes. Yo también hago eso. Muy a menudo. Me ayuda a que el hastío y la saturación del presente sepan un poco menos amargos. Pero tengo que olvidarme de esto, porque los hastíos de hoy, serán los malos recuerdos de mi mañana que pasará muy presuroso porque el presente es infinitamente efímero ya que el presente está contenido solo una vez, y en un solo instante de tiempo.

Si no se puede evitar el fenecer; entonces nunca jamás hay que morir, sino que hay dejar la vida rezagada lejos allá atrás para poder irnos inquietos y presurosos en busca de nuestro próximo destino, uno pintado con más vivos colores. Esto es ejercer control. Nadie conscientemente fija sus ojos en la muerte ni intencionalmente asienta la mira en la fatalidad; todos alargamos nuestras esperanzas más allá de la inevitable eutanasia que algún día nos alcanzará a mansalva, y por eso ansiosamente visualizamos nuestras vidas en la posterioridad infinita.

Algún día moriremos definitivamente y esto no es un milagro, porque aquel que cree en milagros es un estulto enemigo de la ciencia, y esto; porque la verdad reside en la prueba y en los hechos, y no en la imaginación. No debemos simplemente morir, sino que debemos enseñarnos a morir, debemos enseñarnos a traspasar la muerte. Después de todo, ninguna etapa de la vida es tan difícil cuando finalmente la aceptamos.

A veces mi alma vive inviernos nuclearmente fríos durante los cuales yo no sé si me compadezco de mí mismo, de mi frágil e ignorante naturaleza, o me compadezco más de lo que mi vida se empecina en ignorar. Quizá me compadezca más profundamente de lo que finjo ignorar en mi ignaro oscurantismo de la vívida vida. Pero esto siempre es de corta vida porque el dinámico fogón que llevo dentro se encarga rápidamente de incinerar estos vagos y reluctantes pensamientos, que no son nada más que desechos olvidados de aquellos inviernos indivisiblemente fríos que someten mi alma elemental.

Muchas son las cosas que ignoro, muchas son aquellas que remedan mi básica ignorancia, pero mucho más abundantes aún son aquellas que escojo ignorar. Esto siempre será un lastre inevitable y un costoso gravámen que no me dejará elevarme más allá de los límites del vuelo de Ícaro; alas o no. Trabajo duro cada día en este asunto tratando de deshacerme de este odioso contrapeso de mi felicidad. Recomiendo que usted haga lo mismo.

No me deleito en los vicios y las malas costumbres, y nunca los uso como excusa y argumento para alcanzar mi felicidad. Tampoco me abandono al ocio, porque ocioso es el que conoce y practica el ocio. La única forma de acariciar el ocio en forma responsable se llama: vacación; pero la vacación es fugaz y breve como la idea de dios, y pasa por nuestras vidas; vertiginosa, antes de que la notemos. El ocio es venenoso porque me quita el dominio del tiempo. El ocio disfrazado es letal. Hay muchos que se enredan en el ocio disfrazado, ese que se ocupa fatigosamente en el estudio de símbolos y ficciones inútiles, y que no forja nada. No pierdo mi tiempo pensando si fué primero la gallina, o el huevo; si fué primero el simio, o el hombre pues ya estoy aquí; y eso es lo que cuenta. Las otras cosas no ayudan a la consciencia. Nunca me olvido de que el ocio más letal, es el ocio del alma.

La risa es otro importante factor al cual se le debe administrar con mucha prudencia. La risa -en esencia- es una respuesta involuntaria biológica causada por nuestra naturaleza como respuesta inmediata a un determinado y específico estímulo. Se le ha catalogado como una reacción inconsciente, como un balbuceo lúdico, como un instinto incontrolado, contagioso y exuberante que raramente se produce en soledad. Esto es importante porque si usted se está riendo solo, ya sabe lo que pensarán los demás de usted, y probablemente estén en lo correcto. ¿Sabía usted de que nosotros no podemos reírnos antes de los cuatro meses de vida? Sonreímos sí, pero no nos reímos. La risa también es considerada por los neurobiólogos expertos en la materia como una forma de comunicación social innata entre los simios. En otras palabras, la risa puede ser peligrosa si no es administrada con recato. Yo tengo mucho cuidado con la risa, especialmente por el hecho de que la risa abunda en la boca de los tontos. La sonrisa me gusta también porque es el representante diplomático de la risa.

Pero hay cosas tan incongruentes e inconexas de la existencia y objetividad humanas que no acabo cabalmente de comprender por más que trato de racionalizarlas. Éstas son incongruencias de la falsa lógica y del vendido existencialismo del ser humano. Por ejemplo, la bancarrota es como la catarsis de la confesión: no importa cuán malamente usted se haya comportado y manejado económicamente, o cuán profundamente usted se haya hundido en el pecado. La solución es muy simple, declara bancarrota o se confiesa; ¡y ya!, terminado y remediado el problema. Ahora, feliz puede comenzar otra vez a hacer lo mismo. Quizá usted no pueda declarar bancarrota otra vez, pero le aseguro de que encontrará prontamente un cura dispuesto a absolver todos sus yerros y excesos humanos; sin importar ni la cuantía ni la profundidad de éstos, sin ningún costo real para usted.

La felicidad extrema es también nociva porque ella me hace correr el peligro de investirme de una gran ceguera humana con respecto al entendimiento de mi propia felicidad. Saber esto es de más provecho que averiguar cuántos de los inmateriales ángeles caben sentados en la cabeza de un alfiler hecho en China. Me desocupo ágilmente de mis mundanas actividades para gozar de una quietud que me permita admitir y adquirir la sabiduría que es válida, aunque ésta sea inmaterial y no ocupe lugar. Esto me permite vivir porque aprovecha mi tiempo y me adueña de mis edades pasadas que no fueron construídas con esfuerzos ajenos, ni erigidas en dominios forasteros. Desde este lejano y solitario punto, puedo vislumbrar claramente los angostos y mezquinos límites de la imbecilidad humana.

No cruzo todos los umbrales de las puertas que se me abren, no franqueo todas las aduanas que me invitan a entrar, ni me detengo a descansar en los abundantes zaguanes que ofrecen un postizo descanso. Tampoco huyo por puertas falsas secretas ni me cubro disimulado con las sombras de la artera noche, porque no es más decente ni moral el engañar que el despedirse. No hay ganancia en disfrazar un bostezo con la boca cerrada.

Soy lo que soy, y no seré de ninguna otra manera. No pude elegir ni a mi madre ni a mi padre, ni a mis hermanos ni al resto de la familia; no porque hubiese querido hacerlo, sino porque; como usted, no tuve la opción. Lo que puedo escoger libremente es la ruta por la que caminaré hasta la meta más ulterior de todas, porque me es lícito vivir a mi albedrío; con o sin responsabilidad. Estas decisiones, arbitrajes y trayectorias que tome me abrirán el camino a la eternidad -si acaso ésta existe- depositándome en una altura desde la cual, no mortal podrá derribarme. Éste es el único medio que conozco para alejar de mí esa mortalidad que me alcanzará el día de una noche en la cúspide de una clara montaña… o en el oscuro fondo del negro abismo de mi alma. Y si a la postre debo morir, no lo haré en el lecho del oscurantismo humano.

Peleo a diario con mi envidia porque sé que mi envidia siempre establece su irreverente morada en lo ajeno, camina en círculos y no me lleva a ninguna parte. Mi envidia envenena y mata mi tiempo presente, y quiere disponer egoísta y dictatoriamente de mi enclenque futuro. Esto irremediablemente me llenaría de congojo, contristaría mi ser, y me acortaría grandemente la vida, y casi inmediatamente después, me acercaría peligrosamente a las filudas garras de mi propia muerte espiritual inducida. Mi envidia me obligaría a olvidarme del buen pasado y descuidaría irresponsablemente mi presente; por eso es que peleo a diario y sin descanso con mi envidia. Pero si no la combato a la envidia, yo sería más imprudente que la imprudencia misma, además, Júpiter no estará a mi disposición para duplicar las horas de mis días cuando lo necesite. Siempre reconozco mis errores antes de que otros los exageren sin justicia.

Debo aprender a vivir honestamente conmigo mismo y recibir con indiferencia los honores y las afrentas del vulgo; porque de otra manera, no podré apreciar nunca lo que es el afecto -bueno o malo- sin desentonada desenvoltura. Las afrentas son como las sombras, apenas una tenue luz las ilumina, desaparecen; y los honores son como la oración, tiene validez sólo para aquel que la recita; y las dos, afrentas y honores, no son más longevos que un eco sin eco. Dentro de cada uno nosotros viven dos bestias salvajes y opuestas, utilitarias y reales. Una es buena y dócil, la otra es cruel y mala; y ambas viven en constante y permanente lucha la una, para destruír a la otra. Al final, ¿qué bestia ganará esta lucha y destruirá a la otra? … la que nosotros decidamos alimentar.

Otro deporte social consuetudinario muy practicado y del que debo de cuidarme mucho, es el insulto. El insulto es un arma gratuita y barata para inferirle ultraje y humillación a otro ser humano. El insulto tiene varias categorías: vulgares, ramplonas, inciviles, desvergonzados, insensibles, y los hay de muchos otros abolengos surtidos que son usados consecuentemente con el nivel de civilidad del individuo que los profiere. Para mí, a pesar de que es una práctica rara en mi personalidad porque prefiero la honestidad en este mercado, sin duda el insulto civilizado es el más apropiado, y para ser conducente en esto, hay que obtener una maestría en el arte de insultar, porque el insulto apropiado, es sin duda un arte.

Dicen que el mejor insulto es el silencio -o ignorar la existencia de su interlocutor- en un magnífico, civilizado y sagaz esfuerzo de minimizar la estatura humana del blanco de su agravio. Pero si no usa el silencio, debe asegurarse de que sus palabras sobrepasen generosamente todo y cualquier valor que devenga un sólido y bien dirigido silencio.

Por ejemplo, si alguien me insultase diciendo -"Tú eres el peor escritor que existe"- no me sentiría insultado en lo más mínimo porque este epitafio común es sólo materia de opinión; y las personas son siempre más importantes y valiosas que las opiniones. Por lo demás, yo nunca me he considerado un "escritor". Pero si alguien me expone -"Usted nunca ha sido conocido por usar una palabra que pueda mandar al lector al diccionario"- eso sería un lamentable vilipendio que perforaría mi integridad moral, civil y sentimental. Después de esto, y si me siento obligado a responder con algo diferente al silencio, solo diría: "Veo que usted todavía está forcejeando con el concepto de caminar erecto, por lo tanto, su ludibrio no me afecta." - sea esto último cierto o nó. Considere el arma del silencio.

Vivo con valentía aunque muchas veces tengo que fingirla, la finjo a menudo porque me rehúso a perder mis días en espera de la seguridad de la quieta noche; y después, quemar mis largas noches con el palpitante temor de vivir el próximo día. La valentía se adquiere y se utiliza a discreción. Para crecer como un ser humano cabal y justo, debo renunciar temporalmente a la seguridad, y desplegar mi valentía como un escudo en frente de las odiosas circunstancias que me invaden, porque el arte de vencer lo he destilado gota a gota del amargo bilis de mis derrotas, y todas mis victorias las he fecundado cuando por fin me atreví a iniciar la batalla, aunque mi lucha haya sido sostenida por mis temores y alimentada por mis dilatados pánicos. Por eso es que vivo con valentía aunque muchas veces tenga que fingirla y así no dejarle espacio al miedo, porque en las horas de desesperanza es cuando puedo medir con exactitud el calibre de mi humanidad y de mi ser.

Para mí nunca ha sido una pequeña ni una rápida proeza evitar el odio. El odio es como el estómago de un cerdo que no admite razón, no discrimina, ni se mitiga con poco, y siempre busca más; y a veces, sin hambre. El odio es una pintoresca y conveniente invención de las religiones que condenan que yo odie a mi prójimo, pero me azuzan incansablemente a odiar a lo demoníaco. Si esto no es doble estándar, debe ser triple.

Creo que la receta de la poción del odio que me tiñó la vida, se cocinó de las podridas estirpes hechas de los empobrecidos escrotos espirituales de abogados deshonestos, políticos falsarios, frailes desorientados, y su insaciable canibalismo ético y moral. Difícil es subyugar mi odio. Es como tratar de calmar al pueblo hambriento con ruegos de paciencia y condescendientes sonrisas sin mostrar los dientes. Por eso es que vivo con valentía, aunque muchas veces tenga que fingirla.

Mientras que por mis venas la sangre caliente se empecine en correr libre, caminaré vigorosamente las veredas de la vida, trataré de ejercer la virtud evitando los baches, voy a trajinar curioso el cultivo del amor, intentaré olvidarme despierto de los insanos deleites, también procuraré perfeccionar hasta los límites en que humanamente yo pueda empujar las artes de vivir muriendo y morir viviendo; y así, quizá logre conquistar un espléndido y emancipado descanso.

Si no hago esto concienzudamente y con un ánimo desmedido, entonces no podré nunca ocuparme de lo mío; dormitaré sueños ajenos, caminaré con pasos intrusos, comeré con el hambre y las ganas de otros; y hasta el amar y el odiar que son acciones tan libres y propias mías, serán irremediablemente ajenas, y habré entonces trabajado arduamente toda mi vida, solo por la insignificante recompensa de un escueto epitafio en mi tumba. Un lánguido epitafio que nunca podrá aferrarse a las memorias de los hombres porque no seré famoso, sino que con suerte; meramente notorio.

Entonces, ¿qué es la vida? Esta ha sido siempre una pregunta difícil para mí, pero más difícil y elusiva ha sido su desconocida respuesta. La vida, contrario a la muerte, no es ajena. La vida me vapulea y me obliga, me destila los días y me acumula las sensaciones, me agota la paciencia y me despierta los sentidos, me disturba los sueños y me riega abundantemente las esperanzas solo para fustigármelas más tarde con una sequía emocional que me recuerde la fragilidad de mi vida. Esto es la vida. ¿Ésto es la vida? ¿Cómo saberlo? Tiene que serlo, y mucho más aún, porque si nó lo es, entonces, ¿qué valor tendría la vida si no es por el irreversible valor de la muerte? La muerte es la supresión de la vida y de la consciencia, pero esto no lo sé a ciencia cierta porque todavía no he experimentado mi propia muerte, a pesar de que la muerte me ha seguido de cerca muy empecinada, y colgada de mi nuca desde que nací.

Algunos por ahí dicen que La Vida es Sueño… pero quizá se refieran solamente a concepto de la libertad con respecto al destino… al final, creo que la vida es simplemente el vivir porque este es el único modo de descubrir y aprender la vida. La vida no es una cosa, sino que un complicado proceso, y tampoco es una filosofía absoluta ni una teología difusa. La vida, mi vida; soy yo, y lo que yo hago y anhelo, es lo que soy para los demás, es lo que los demás son para mí, son mis metas alcanzadas, las fallidas, y aquellas que aún sueño con alcanzar. La educación que obtenemos en la vida; por alta que ésta sea, es meramente preparatoria ya que el examen final lo imparte la vida y no la Universidad. Un diploma Universitario, aunque muchas veces necesario, nunca ha sido prueba de excelencia de carácter.

Nada parece estar mejor adaptada en contra de la verdad, que esta perspectiva monística de nuestras religiones que nos dan una arbitraria representación estándar e inapropiada acerca de nuestra naturaleza, y que ciertamente no necesitamos para encontrar la solución de los extensos misterios que nos rodean.

No sólo oscurece y disimula públicamente el lugar verdadero del hombre en la naturaleza, pero además predica frecuentemente de una enmarañada ilusión sobre la importancia suprema del hombre; y la arrogancia privilegiada y absurda con la cual él se establece por sobre el universo ilimitable, y se auto-exalta a la posición de su elemento más valioso.

Lo más cómico de todo es que esta ridícula presunción ilimitada del hombre vanidoso y falso, lo ha engatusado neciamente en el proceso de la fabricación de su retrato como "la imagen de Dios". Si esto es cierto; este "dios" no posee mucha imaginación y el parecerse tanto a nosotros, no puede ser una adulación para él. En un desesperado atentado tratando de reivindicar su frágil y efímera personalidad, el hombre vanidoso manipula egoístamente el irreflexivo y ligero concepto de "Vida Eterna"; y se imagina ilusamente que él posee el bajo su potestad, un ilimitado "Poder de Voluntad".

La locura imperial ridícula de Calígula es un ejemplo de la forma característica de la presunción del hombre arrogante de creerse algo que merece "divinidad". Calígula ahora estará muerto; pero el Papa y su pandilla teológica siguen haciendo lo mismo. Organizan una complicada sátira, eligen a uno de su equipo, y con gran fanfarria, publicidad y humo blanco vociferan a los cuatro vientos con esa esgrimida "humildad" que dicen tener, y le anuncian como el "Representante de Dios". ¿Desde cuando Divinidad y Vanidad son sinónimas? A mí me parece más bien una estratagema de "Catch-As-Catch-Can Divino". El primero, Calígula; sigue estando muerto.

Solamente cuando hayamos abandonado esta ilusión insostenible y hayamos tomado una perspectiva cosmológica correcta, honesta, sin envidia, sin tapujos y con lógica; podremos esperar alcanzar las soluciones del Enigma de la Vida.

Mi vida la hacen los pedazos de las vidas de los demás, la construyen mis sueños y los desperdicios de los sueños de mis prójimos, el valor de mi vida viene de aquellas cosas que no tienen valor, porque a pesar de que esas cosas sean derogadas de algún valor, le prodigan un valioso contexto residente a mi vida, le dan una perspectiva nueva, le dan un valor comparativo y único; y ese valor lo tengo que construír yo mismo, yo solo, a punta de vivir, porque es mi vida y su valor será acrecentado eternamente solo cuando se contraponga con la muerte en su duelo final; en un fugaz y perecedero duelo sin contienda.

Quizá el propósito de la vida sea tener una vida llena de propósitos, quizá las respuestas de la vida sean sus preguntas, quizá la vida sea una improvisación perpetua, quizá la explicación de la vida seamos nosotros mismos, quizá el milagro no es caminar sobre el agua ni volar, sino que caminar la vida y sus duros pasos, quizá la cosecha de la vida debiera ser intangible, quizá después de todo no somos una pieza extra en el Universo, quizá es porque nunca podremos zambullirnos dos veces en el mismo río, o la vida es quizá porque hay reyes coronados con laureles y reyes coronados con espinas… quizá. Lo cierto es que para poder vivir plenamente, hay que tener una estrategia existencial.

Una estrategia existencial -según yo pienso (si, a veces yo pienso)- sería una mejor opción y también un camino más indicado que el de una filosofía de vida. Esto, porque creo que una estrategia existencial es un plan más apropiado para vivir en una forma más ordenada, fructífera, y con menos dolores de cabeza. Para poder lograr estos objetivos, parte de mi táctica primordial es el mantenerme lozano y sereno cuando otros se tornen furiosos y pierdan la calma.

Es importante para mí el mantener un control autoritario, casi en el borde de lo dictatorial sobre mis emociones, y no perder el control ni el dominio de ellas bajo ninguna circunstancia, por más impeledora y dura que ésta sea. No es materia de no manifestar mi molestia o descontento, sino que es una civilizada forma de hacerlo con consciente mesura, para así después no tener que lamentar y arrepentirte de una acción cometida en un momento de descontrol por falta de disciplina.

Nunca me olvido ni ignoro conscientemente de que una disputa tiene siempre y por lo menos tres puntos de vista: el de mi interlocutor, el mío, y el de un tercero, el cual dablemente será más objetivo porque no forma parte del problema. Creo que el acceder consciente y voluntariamente a ser más tolerante procurando razonar honestamente los argumentos de los demás teniendo en cuenta su perspectiva, acrecentaré ante éstos el valor de mi propio punto de vista, y elevaré mi veracidad sin crear enemigos; porque una relación es más importante que un argumento.

Siempre procuro buscar con un denuedo inusitado el lado positivo y agradable de las cosas y de las situaciones; por complicadas, injustas, o dolorosas que éstas puedan ser. Esto me engendra una disciplina lógica, útil y provechosa que siempre me ha ayudado a resolver y franquear con menos dificultades, arduos -y a veces aparentemente imposibles- momentos y situaciones, y con esto; trocar estas agobiantes contrariedades en positivas oportunidades. Un líder legítimo y efectivo es capaz de reconocer errores, hacer enmiendas, y aceptar responsabilidad.

Y así, solamente porque lo cierto en la vida apenas son instantes, yo sigo viviendo frenéticamente mi vida enmarañado en sueños verdaderos, porque la vida es un carnaval, porque la vida es una cosa muy rara, y porque la mayoría de las personas simplemente no viven, sino que solo existen.

Hago esto porque ninguna de las cuatro estaciones es eterna, porque ningún elemento domina a los otros permanentemente, porque hay días cortos y asoleados y hay días largos y sumidos en las sombras, porque hay situaciones fáciles y otras imposibles, porque hay que vivir y no sobrevivir, porque la vida es un torrente de sensaciones transparentes, porque hay momentos dulces como aquel beso que me diste y porque hay momentos amargos como la bilis con que saturaste mi herida, porque la vida no tiene paciencia para largas esperas, porque la luz y la obscuridad corren a la misma velocidad; pero más que nada y más que todo, porque la vida está ahí, esperando sumisa a que yo la tome y la abrace ceñidamente en un coito celestial y eterno; porque yo y solo yo, es la única e insólita posibilidad que mi vida tiene.

Pero para yo poder ser una viable y cierta posibilidad para mi vida, yo tengo que poseer Imaginación y Lealtad; porque un Hombre sin Imaginación es un mueble, y un hombre sin Lealtad es nada. Los grandes Hombres no son aquellos que saben más, sino que aquellos que obtienen resultados hirsutos y efectivos. Los grandes Hombres creen que la Iniciativa, son la Imaginación y la Originalidad en movimiento.

Entonces, ¿qué es la vida? me preguntas niña… A veces; sólo a veces, pienso que mi vida fuíste tú mujer milenaria, que me robaste el alma y me linchaste el espíritu, el cual aún se aferra espantosamente asustado a mi trémula vida firmemente asido a la ponzoñosa y traidora bayoneta de tu desdén con el que le abriste un costado, abierta herida por la cual se escapa mi existencia a borbotones en tumultuosos ríos pintados con los pálidos matices de un dulce y desesperado escarlata.

Y así como lo hizo Violeta del Carmen Parra Sandoval; aquella etnomusicóloga que parió con tanto dolor la Nueva Canción Chilena en un turbulento día de violentas, ciegas y rojas semanas. En el día de la noche que precederá mi muerte quisiera darle gracias a la vida por lo que ella me habrá regalado hasta ese efímero y concluyente momento.

Para aquellas simplísimas y moldeables mentes de escaso raciocinio y pobrísimas en intelecto, las que siempre leen más allá de lo que está escrito y que viven imaginándose inconsecuentes y absurdos argumentos donde no los existen; debo decir en forma patronizante (porque es a lo único que sus débiles clarividencias reaccionan y obedecen) que la alusión a esta Mujer Poeta no contiene ni intenta contener ningún mensaje político de ninguna especie ni color, ni pretende proveer forraje para las enfermas imaginaciones huecas de los clarividentes de la nada, y está infinitamente lejos de insinuar una corriente de pensamiento manchado, propio de esta calaña de juramentados de la ignorancia y la envidia, que no representan más que un severo lastre social e intelectual.

Si usted me conoce mejor, sabrá que odio la política y su enjambre de títeres demenciales y francmasones de la inmoralidad; más de lo que odio a la ignorancia y la incivilización de sus centinelas, porque yo soy culpable de ambas; y esto, con absolutamente todo el sentimiento y mortal poder de mi humana existencia.

Llegado el momento oportuno, le agradeceré a mi vida por varias cosas, por cosas buenas y por aquellas pocas cosas no tan buenas, por haber tenido tantos recuerdos y también agradeceré por aquellas ansiedades que me desvelaron tantas noches en los vacíos ecos de mi alma. Agradeceré por ejemplo por saberte cerca de mi corazón, agradeceré porque hubo momentos en que me sentí desfallecer, agradeceré porque en ocasiones envidié la prístina alegría de los niños, agradeceré porque a veces pensé que yo era necesario…

Agradeceré por los hermosos amaneceres que regalaron mis ojos tan humanos, y también por aquellos sombríos atardeceres que me entristecieron; agradeceré porque siempre hay un inquieto lucero perdido en el generoso rebozo de las titilantes estrellas; agradeceré por el inmenso e infinito amor imperecedero de mi joven y dulce madre porque el amor de una madre no es vicario, sino que es el más poderoso y resistente que existe, y agradeceré por estar tan cerca del ser humano, en especial de tí. Le agradeceré porque cada mañana en que despierto tengo la opción de elegir el estar de buen humor o de mal humor; y porque siempre elijo el buen humor.

Agradeceré porque una virgen mariposa un día agonizó de amor en los marchitos pétalos de una rosa triste, agradeceré por la alegría de mis triunfos, agradeceré por mis inmortales e indestructibles sueños sin talón. Agradeceré por mis amantes amigos que me hicieron una mejor persona, y por mis escasos y rábidos enemigos que pusieron una sincera perspectiva en los muchos días de mi díscola vida; porque nuestros enemigos a veces son tan necesarios en nuestras vidas como nuestros amigos lo son, pero sin olvidarme de quiénes son el verdadero tesoro; agradeceré porque nunca perdí la fé en el ser humano, y agradeceré por todas aquellas ocasiones en que dudé y tropecé tan estrepitosamente.

Agradeceré por aquellos que a veces se acordaron de mí; agradeceré por el fruto que tu regazo acunó un día para mí, agradeceré por tu eterna sonrisa, agradeceré por los ricos pobres que nunca serán unos pobres ricos, agradeceré porque un día pude abrazar a mi abuelo infinito, y porque pude hablarle a mi hermano con una sonrisa sincera y permanente, y también agradeceré por muchas cosas más, y agradeceré por mi agradecimiento, y por un poquito más.

Un día, como aquella flor de un pálido Violeta, quisiera poder darle gracias a la vida por lo que me dió hasta ese efímero pero letal momento en que exhalaré contra mi voluntad ese último y desesperado suspiro mío, suspiro que quemará raudo la última brizna legible de la energía de mi ser, y que se marchará para siempre desde mi pecho henchido de los sueños que se han quedado irremediablemente atrapados en mi espíritu solo porque no tuve el suficiente tiempo para dejarles escapar. …Pero, ¿qué sé yo acerca de la vida? ¿Qué sé yo?

Carta a mi Hijo Lucas

Septiembre 11, 2016

Querido Lucas Martino,

Este día, es el primer aniversario de tu muerte.  Simplemente, no puedo describir lo mucho que te extraño y lo mucho que lloro por tí.  Mi corazón está helado debido a tu ausencia, pero también está tibio gracias a los recuerdos que tengo de tí.

Siempre miro a las estrellas porque una vez me dijiste que la sustancia con la que están hechos nuestros espíritus, procede únicamente de una lejana galaxia, desde el centro de la explosión del corazón de una mega-estrella moribunda; y lo que nos mantiene vivos, son las partículas de las cenizas de esta estrella.

Te he escrito esta "carta" pensando que quizá los cometas podrían llevártela y entregártela en ese lugar infinito donde estás morando ahora.  No he escrito todas las cosas que quería decirle, o todo lo que siento, o acerca de las cosas que abruman mi corazón sangrante.  Tengo tanto que decirte Lucas Martino, pero me temo que el Universo podría abrir mi carta para leer lo que hay dentro, y descubrir la intolerable profundidad de mi herida.


No puedo comenzar a articular lo mucho que significas para mí, y lo mucho que aún significas para mí en cada día de mi vida.  Nunca voy a llegar a abrazarte de nuevo, o besar tu frente como lo hacía a menudo, o decirte hola o adiós; y nunca sabré cuál fué tu último pensamiento.  Es una pérdida imposible.  Yo vivo sólo con la contemplación de las muchas cosas que me hubiese gustado haber hecho contigo, y ahora que estás tan lejos, nada de esto es posible.

Te escribo porque debes de saber cuánto enriqueciste mi vida y la vida de tantos otros.  Te amo tanto hijo, te extraño mucho, y espero que seas feliz donde quiera que estés Lucas Martino.  Estoy triste porque la cornucopia de donde las cosas bellas con que rociabas mi vida, se ha secado para siempre.

Con frecuencia visitas mis sueños con tu música, con la "Música de Lucas", y esos sueños tuyos le inyectan temporalmente vida a mi alma muerta, y me recuerdan que una vez tuve una viva.  Tu música es un reflejo de tus sentimientos profundos, y cuando sueño al compás de sus ritmos, es como si me estuvieses contando la historia de tus pensamientos.  Tengo una gran empatía con lo que debe haber sido el haber cargado con los sentimientos de tristeza que tenías.  Gracias a tí, ahora puedo entender lo que es la verdadera angustia.  Tu agradable música contiene apretadamente el dolor y la belleza, la felicidad y la tristeza; juntos como un poderoso mensaje de gran alcance, y con todo el poder de tu existencia.  Te amo tanto hijo, y te extraño tanto Lucas Martino.

Sé que voy a verte otra vez, allí donde las estrellas le hacen el amor al universo detrás de soles oscuros, donde no hay dolor ni tristeza, donde la unión es la sencillez intangible.  Sé que voy a verte de nuevo Lucas y volveré a disfrutar de la cercanía de tu increíble sonrisa, y mi espíritu estará libre de los corrosivos sentimientos que oprimen mi lastimosa y frágil naturaleza humana.  Ya estoy listo para ese viaje.  Yo sé que va a ocurrir durante el segundo de un día que se esconde lejos, allá dentro de muchos años, en ese oculto segundo en que tomaré mi último aliento, para luego exhalarlo y así dejarlo todo atrás para siempre.  Como tú lo hiciste.  Y estaré feliz.  Te lo prometo, Lucas, estaré feliz.  Es fácil esperar por ese lejano  e inevitable momento, porque nunca jamás he dejado de amarte.

Sé que nuestras vidas, aquellas que poseemos nosotros los seres vivientes, serán despedazadas una y otra vez más por los acontecimientos de la vida.  Es la naturaleza de la vida.  Después, tendremos algunos momentos felices para remendar las heridas, para aminorar el dolor, y para rellenar las vacías cuencas de nuestras lágrimas.  Pero no te preocupes de esto Lucas, porque tú ya sabes bien cómo funciona este negocio de la "vida". Tú lo sabes bien.  Es como si hubieses vivido cien años en dieciséis espléndidos años.  Mi corazón nunca se romperá de nuevo porque no hay un solo pedazo de él que pueda romperse una vez más.  Los trozos de mi corazón son tan infinitamente pequeños ahora, que no es posible que se rompan ni siquiera una vez más.

Ha pasado un año muy largo y también muy corto, y mi dolor y mi tristeza están todavía tan frescos y crudos como aquel terrible día en que te fuíste de mi vida.  Yo no sabía esto, pero el día que partiste, la cuenta regresiva para tu “Aniversario de Muerte”, ya había comenzado, y aquí estamos ahora.  Por favor, no dejes que las estrellas sepan de esto.  Estos pesados sentimientos van a durar por mucho tiempo Lucas, hasta que yo esté lo suficientemente viejo y gris, y cuando mi espíritu y mi corazón ya no me duelan más.  Esa será mi señal para iniciar mi viaje a verte de nuevo, Lucas Martino, a unirme a tí y regocijar una vez más mi espíritu con la cercanía de su sonrisa.

Ayer me recliné en silencio sobre el crujiente dintel de la puerta de la casa, un minuto antes de la medianoche.  Estaba rastreando el cielo a ver si podía ver la llegada de la fecha de tu “Aniversario de Muerte”, los que a veces nos traen los calendarios del tiempo.  Ví la brillante pero pálida luz de la frágil cola de un veloz cometa que cruzaba los misteriosos cielos oscuros; y por un segundo pensé que eras tú haciéndome señas.  Lo sé... es sólo mi distendida imaginación saturada de un millón de tus recuerdos, explotando en melancólica nostalgia.  Después de todo Lucas, tu “Aniversario de Muerte” se acerca imperecedero, y en este día estaré pensando en tí más intensamente.  Tu vida, tu sonrisa y tu espíritu tan libre me han  inspirado a ser un hombre mejor, mejor de lo que era ayer.  Gracias por eso Lucas.

Fuíste una persona tan increíble y un ser humano tan extraordinario, que me hubiese gustado poder haber pasado más tiempo contigo, aunque hubiese sido solo un día más...  Estuviste entre nosotros por tan corto tiempo, porque dieciséis años no son nada; nada en términos de tiempo, pero lo son un tesoro infinito de tu riqueza humana.  Pienso en tí todos los días y espero que seas feliz en el cielo.  Sí, dieciséis años es muy poco tiempo Lucas, un abrir y cerrar de ojos, un parpadeo de la existencia; y tienes que perdonarme otra vez Lucas, porque todavía no puedo comprender por qué nos dejaste.  Yo sé que tuviste una razón para alejarte de nosotros tan tempranamente, pero simplemente no puedo entenderlo; pero al mismo tiempo, no puedo agradecerte lo suficiente por quién eras como persona y como hijo.  Tu invencible espíritu ha realmente inspirado a muchas personas, incluyendo a tu familia que te ama tanto.  Tu gran corazón y tu sorprendente sonrisa jamás serán olvidados.  Te amaré hasta la muerte hijo, siempre lo haré.  Muchas gracias por todo lo que hiciste por mí.

Brevem vita tuam, sed sunt perpetuo memoria.  Tu vida fué corta, pero los recuerdos de tí son para siempre.  ¡Oh! ¡Eras tan joven, demasiado joven Lucas!  Sin embargo, nuestros recuerdos de tí no se desvanecerán jamás.  No te he visto ya por un año, pero todavía oigo tu estridente risa en mi corazón, y tengo tus sonrisas estampadas en mi espíritu.  No tienes idea de lo mucho que te extraño.

Muchas veces me siento solo y con la necesidad de tu ausente compañía Lucas, al igual que las olas del océano necesitan la playa para existir, al igual que las flores necesitan el sol para florecer, al igual que el valle necesita de las montañas para poder ser; pero tú no estás aquí...  Eso me pone tan triste.  Pero voy a esperar para verte de nuevo Lucas, al igual como la cigarra espera la mayor parte de su vida bajo tierra, para un día emerger y cantarle toda su vida al éter, al igual que un depredador con paciencia y en silencio acecha su presa, al igual que el oso que duerme un largo tiempo esperando que la primavera lo despierte; y luego, cuando mi tiempo llegue; iré a verte de nuevo Lucas.

Sé que tu madre, tu hermana y tu hermano se sienten de la misma manera que me siento yo, pero tal vez de una manera más profunda porque ellos tienen espíritus más fuertes, corazones más grandes, y almas más profundas que la mía.  Son mucho más valientes y más bellos seres humanos de lo que yo pudiese nunca llegar a ser.  Su fuerza no proviene de las cosas que pueden hacer, sino que de las colosales cosas que pueden superar.  Se trata de una fuerza extraordinaria que sólo puedo soñar con poseer.  La gente que no cree en súper héroes, es porque no conoce a mi familia.

Y cuando te vea de nuevo Lucas, las violetas marchitas recuperarán su color, la lluvia va a cantar otra vez en el suelo, el pabilo apagado volverá a alumbrar una vez más, el caldero al final del arcoíris se llenará por segunda vez; y el profundo dolor y la devastadora tristeza se disiparán de mi corazón hasta llegar a ser solo una mala y muy lejana memoria.

Hasta que llegue ese momento Lucas, estaré soñando con antiguos dragones mágicos y siderales, con fantásticas estrellas salvajes y primordiales, y con la gracia infinita de tu hermosa y sincera sonrisa, porque todo esto vive en mi imaginación, y porque mi imaginación es el pensamiento más alto que poseo.

Te amo
Tu imperfecto padre.

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El Loco